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Tecnología

2045: Llega la superinteligencia

Por Julián Díez

La humanidad pronto será un modelo obsoleto. Parte de la comunidad científica defiende que la tecnología se disparará a cotas inimaginables, fusionándose incluso con nosotros mismos, y traerá la superinteligencia y hasta la inmortalidad.

La era de la humanidad terminará poco después de 2030. Lo que ocurra después será tan comprensible para nosotros como la ópera para un gusano».

Así describe Vernor Vinge, matemático y escritor, la llegada de la singularidad (llamada así por analogía con la singularidad de los agujeros negros, donde existe un punto en el que las reglas de la física dejan de ser válidas), una nueva etapa en la evolución de la humanidad que él ha popularizado tanto como Raymond Kurzweil, inventor y principal apóstol singularista, quien sitúa su llegada en 2045.

Si esas predicciones se cumplen, deje de preocuparse por la crisis económica, porque para entonces usted estará obsoleto. Llegará la época poshumana: la tecnología dará tales saltos a tanta velocidad que incluso la inmortalidad estará a la vuelta de la esquina, aunque será para personas que poco tendrán que ver, en lo fisiológico o lo mental, con usted y conmigo.

La idea de la singularidad, de una próxima expansión repentina del conocimiento que llegue a cotas no imaginables, no genera una respuesta unánime en la comunidad científica, pero tiene un papel cada vez más destacado. Por ejemplo, en la Singularity University, creada por Kurzweil, colaboran la NASA y Google.

No es ciencia ficción, advertía la revista Time al dedicarle la portada al tema. «Es una hipótesis seria que, si fuese real, sería lo más importante que le ha ocurrido a los seres humanos desde la invención del lenguaje».

¿Cómo puede llegarse a ese punto? Según Vinge, la singularidad se puede alcanzar por tres vías: el desarrollo de un computador que supere el nivel de inteligencia humana; la creación de redes de computadoras que se comporten como un cerebro inteligente y autónomo; o la aparición de elementos de interacción del hombre con computadoras que permitan a un humano comportarse como un ser superinteligente.

La aparición de ordenadores más inteligentes que el ser humano, la llamada inteligencia artificial (IA) fuerte, es la teoría defendida por más científicos. Podrían conducir a lo que el matemático inglés I. J. Good llamó en los años sesenta una «explosión de inteligencia». Porque ese ordenador sería capaz a su vez de crear otros más inteligentes que él, iniciando una espiral incalculable.

La ley de Moore, que viene cumpliéndose rigurosamente desde hace 50 años, es el principal argumento al respecto. Afirma que la capacidad de los microchips se duplica cada 18 meses. Se anuncia, además, que IBM ha conseguido el primer chip cuántico, que se comercializaría dentro de diez años. En resumen, si un ordenador actual puede realizar ocho operaciones distintas con tres bits, un ordenador cuántico puede realizar ocho operaciones simultáneas con ellos.

Por supuesto, hay una gran diferencia entre desempeñar tareas predefinidas y resolver problemas, entre hacer cálculos deprisa y crear, lo que se mantiene como una capacidad humana. El profesor de la Universidad de Málaga Juan Antonio Fernández Madrigal, especialista en robótica, insiste en que el desarrollo de inteligencia artificial «está estancado desde hace décadas, sin que el incremento de potencial computacional le haya afectado».

Hasta la fecha, lo más parecido a una IA semifuerte se ha conseguido en robots militares, que deciden de forma autónoma los objetivos que atacar y buscan fuentes para repostar energía.

Raymond Kurzweil, por su parte, ha situado en 2029 el momento en que un ordenador podrá superar el test de Turing: simular hasta no dejar dudas que se trata de un humano. Kurzweil cree con firmeza en la singularidad por este camino. Kurzweil lo basa en un hecho demostrable: el progreso tecnológico no avanza linealmente, sino exponencialmente. En 2045, según él, la inteligencia creada artificialmente será un billón de veces superior a la inteligencia humana que conocemos hoy.

Ahora bien, hay quien considera que para llegar a la superinteligencia hay que superar el silicio. Es decir, nuestro cerebro es demasiado complejo para reducirlo al silicio digital. Habría que crear unas superneuronas con elementos biológicos. El biólogo Dennis Bray lo explicó en una ponencia, precisamente en la Universidad de la Singularidad, titulada Lo que las células pueden hacer y los robots, no. Argumentó cómo los procesos químicos propios de las moléculas y proteínas que integran la célula crean una capacidad infinita de almacenar información y una capacidad única de predecir hechos futuros, muy superior a cualquier combinación de ceros y unos. Pero es que esa fusión con la biología tampoco se descarta en el camino a la singularidad.

La tercera vía. La otra vía hacia la singularidad está precisamente en el cuerpo humano. Ya existe un ciudadano que tiene el estatus oficial de cíborg, el inglés Neil Harbison, que es capaz de ver colores pese a un defecto de nacimiento gracias un dispositivo electrónico. Harbison lidera la Cyborg Foundation, con sede en Mataró, para la creación de otros mecanismos cibernéticos. En último extremo, el objetivo de este tipo de desarrollos es la expansión de las capacidades humanas, tanto en términos físicos como mentales.

José Ramón Vázquez, físico investigador en altas energías en la Universidad Complutense y también escritor de ciencia ficción, ve la biotecnología como un camino más probable a la singularidad. Sin embargo, tanto Fernández Madrigal como Vázquez mantienen el mismo escepticismo que la mayor parte de la comunidad científica hacia la idea de la singularidad, citando no solo motivos de desarrollo tecnológico, sino también las dificultades para implantar algunas innovaciones por motivos éticos o morales. «En la idea de la singularidad hay un punto religioso, algo de lo que el escritor inglés Ken McLeod bautizó como el éxtasis de los nerds. En una época en que lo apocalíptico triunfa, la singularidad es el sueño definitivo de los tecnoadictos», explica Vázquez.

Y está el miedo a las máquinasdispuestas a terminar con sus creadores, idea popularizada por la película Terminator (1984) y que tiene defensores tan acreditados como Stephen Hawking, que habló hace más de una década de su temor ante la posibilidad de que la inteligencia artificial supere a la humana: «Existe un peligro real de que las máquinas llegaran a controlar el mundo», afirmó en una entrevista.

Entre otras cosas, Hawking señalaba que resulta mucho más fácil crear una inteligencia artificial que pueda resultar agresiva -que simularía en sus comportamientos a un anima-l que cooperativa -que simularía el comportamiento humano-. Otros pensadores aseguran que los objetivos de una inteligencia artificial no tendrían por qué coincidir con los humanos, y que de hecho, si la primera desarrollara instinto de supervivencia o de reproducción podría considerar a la humanidad como un obstáculo para la obtención de recursos. En su breve relato Respuesta, de 1954, el escritor Fredric Brown da cuenta de la creación por parte de una civilización extraterrestre de un supercomputador. A la primera pregunta que se le hace «¿Dios existe?» da una lacónica respuesta: «Ahora, sí», seguida de un rayo destructor.

¿EL TERCER SALTO EVOLUTIVO?

La evolución socioeconómica de la humanidad está ligada a hallazgos técnicos o tecnológicos que la cambiaron para siempre. En la Historia hay dos saltos clave. Ahora podríamos estar asistiendo al comienzo del tercero.

Primer salto: la agricultura. Su aparición en el Neolítico es el primer cambio radical en la Historia. Supuso duplicar la economía mundial cada 900 años. Implicó un aumento de población al haber alimento para más individuos y el desarrollo de una sociedad más compleja

Segundo salto: la industrialización.La industralizacion iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII supuso la mayor transformación socioeconómica desde las transformaciones el Neolítico. La economía mundial comenzó a duplicarse cada 15 años

Tercer salto: la singularidad tecnológica. Esta expresión hace referencia a un crecimiento exponencial de la inteligencia artificial que alcanzará cotas inimaginableS y que permitirá que la economía mundial se duplique cada trimestre, como mucho.

LOS PASOS HACIA LA SINGULARIDAD

Los superordenadores. Desde noviembre, el Top500 (que señala al superordenador más potente del mundo) está encabezado por el Cray Titán del Oak Ridge National Laboratory de Tennessee. Cuenta con 18.688 procesadores AMD, una memoria de 710 teras y funciona con Linux, lo que le permite alcanzar casi los 20.000 billones de operaciones por segundo. Un argumento a favor de los defensores de la singularidad es que Cray ya ha presentado la serie Cascade: 6 ordenadores que quintuplicarán la potencia del Titán. El español mejor clasificado (puesto 36) es el Mare Nostrum del Centro de Supercomputación de Barcelona.

Microscópicos transportistas. Lo último en nanorrobots es el llamado 'origami de ADN', creado hace seis años en la Universidad de Cal-Tech y que ya empieza a emplearse. Mediante el plegado de moléculas de ADN, el biólogo computacional Ido Bachelet, de la Universidad israelí de Bar-Ilan, ha creado los 'mensajeros médicos' perfectos: carga a estos nanorrobots con drogas anticancerígenas para que las suelten en la zona enferma. La llamada robótica de enjambre también promete: nanorrobots no muy listos (aunque baratos), obtienen buenos resultados al trabajar en colmena.

Ratas con un cerebelo artificial. La creación de cerebros artificiales se estudia ya en ratones. Un grupo de la Universidad de Tel Aviv, liderado por Matti Minz, inhabilitó en 2011 el cerebelo de varios roedores, sustituyéndolo por un dispositivo artificial. Fue la primera vez que se logró un implante en ese órgano en un animal. Por su parte, Kevin Warwick, profesor de cibernética de la Universidad de Reading (Inglaterra), cultivó in vitro una corteza cerebral de ratón con neuronas de fetos, la cual dirige robots sencillos. A largo plazo también se busca introducir implantes que mejoren el cerebro humano.

Crear un cerebro, neurona a neurona. Desde 2005, el neurocientífico Henry Markram desarrolla una ambiciosa iniciativa en el Brain Mind Institute de la Escuela Politécnica de Lausana, en Suiza. Su proyecto Blue brain es un intento de crear una simulación del cerebro de un mamífero, neurona por neurona, con el supercomputador Blue Gene, de IBM. De momento, Markram ha logrado simular una columna neocortical del cerebro de una rata, con unas 10.000 neuronas. Markram espera hacer funcionar un cerebro humano virtual en diez años.

El impacto en las discapacidades. Un observador de comienzos del siglo XX consideraría cíborgs a muchas personas con discapacidad que hoy suplen sus carencias con la tecnología. El astrofísico Stephen Hawking, víctima de la esclerosis lateral amiotrófica, es un claro ejemplo. Desde hace casi 30 años se comunica a través de una máquina que vocaliza las palabras que él señala con movimientos de sus ojos. Y al artista británico Neil Harbisson, la primera persona con estatus legal de cíborg, se le permitió posar en la foto de pasaporte con un dispositivo que corrige su problema ocular, la acromatopsia, que limita sus ojos a las escalas de grises.

El inventor del concepto.

Raymond Kurzweil nació en 1948, pero quizá nunca muera. Eso al menos cree él, convencido de que la singularidad abrirá la puerta a la inmortalidad humana, mediante mejoras fisiológicas o con procesos para grabar la mente humana y reproducirla en entornos virtuales masivos: uno de los principales temas en las reuniones singularistas. Para llegar hasta la singularidad y convertirse en eterno, Kurzweil sigue incluso una dieta hipocalórica y consume cada día 250 pastillas que, dice, favorecen su longevidad. Músico, empresario, escritor y científico, preside la Kurzweil Technologies, empresa informática que elabora dispositivos electrónicos de conversación máquina-humano y aplicaciones para personas con discapacidad. Hijo de judíos que huyeron de Austria antes de la Segunda Guerra Mundial, fabricó con apenas 17 años el primer ordenador capaz de crear composiciones musicales. Cree que la humanidad es solo un ciclo de la evolución, iniciado en el universo inanimado, seguido por la vida no consciente y luego por la humanidad, a la que seguirán la transhumanidad y la poshumanidad.

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