Fondos de reparto: los reyes del dividendo

El fuerte incremento de la remuneración a los accionistas relanza los fondos de reparto

Los fondos de reparto despertaron el interés de los inversores más conservadores que vieron en ellos una alternativa a las exiguas rentabilidades que ofrecían depósitos y bonos. Hasta la llegada del coronavirus y la suspensión del dividendo por parte de las empresas. 

Ahora no sólo han vuelto, sino que lo hacen con más fuerza, convirtiéndose en una alternativa real a la compra de acciones ante la perspectiva de que el próximo año el potencial de la renta variable será menor que en 2021. «Por ello, los dividendos deberían volver a ser más importantes como fuente de ingresos», explica Thomas Schuessler, portfolio manager del DWS Top Dividende. 

Precisamente, el fondo ha aumentado su distribución por novena vez consecutiva y pagó 4 euros por acción a sus inversores en noviembre–35 céntimos más que en el año anterior–, lo que supone un nuevo récord.  

Los dividendos seguirán creciendo 

De cara a los próximos meses todo indica que el pago al accionista seguirá creciendo. «Alrededor del 80 por ciento de los valores del fondo han elevado su distribución en comparación con el año anterior, lo que se refleja en un crecimiento medio de los dividendos del 10 por ciento en la cartera del fondo DWS Top Dividende», recuerda Schuessler. 

De hecho, Janus Henderson ha mejorado sus previsiones para el año completo. La gestora calcula un crecimiento del 15,6 por ciento en tasa general, lo que situará las distribuciones de 2021 en un nuevo récord de 1,46 billones de dólares.  

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A ello hay que añadir que Janus Henderson anticipa que los dividendos mundiales se habrán recuperado en solo nueve meses desde su mínimo en plena pandemia, registrado a finales de marzo de 2020. El crecimiento subyacente de los repartos finalizará el año en el 13,6 por ciento.  

Pero es más, para 2022 se espera que los dividendos mundiales se recuperarán completamente y restablecerán su tendencia histórica de incremento.

Un importante motor para el crecimiento el próximo año será el sector bancario, «donde esperamos observar una continuidad en el restablecimiento de dividendos iniciada este año gracias a las menores exigencias de capital de los reguladores», señala Jane Shoemake, gestora de carteras de clientes del equipo de Global Equity Income de Janus Henderson

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Y es que no se puede olvidar que «los bancos aprovecharon rápidamente la relajación de las restricciones a los repartos y restablecieron sus pagos en niveles más elevados de lo que parecía posible hace incluso unos meses».  

 También juega a favor de estos productos que «las primeras empresas de los Estados Unidos que iniciaron el reajuste anual de los dividendos demostraron que las compañías de ese país están dispuestas a remunerar adecuadamente a sus accionistas», añade. 

La rentabilidad acompaña  

Varios son los argumentos a favor de estos productos. Además del pago del cupón, un gran número de ellos cotizan con rentabilidades más que atractivas. El citado DWS Top Dividende avanza en lo que va de año por encima del 15 por ciento. 

A ello hay que añadir que las opciones que hay a disposición del inversor son cada vez más variadas: junto a los fondos de dividendos específicos fácilmente se pueden encontrar versiones de distribución de rentas de fondos de inversión pertenecientes a las categorías más rentables de este año, como pueden ser la tecnológica, la de renta variable americana o la de energía.  

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Al respecto, José María Luna, socio y fundador de Luna y Sevilla Asesores Patrimoniales, menciona  el Fidelity Global Technology Y-Dis-EUR, que invierten en semiconductores y compañías como Microsoft y Apple.

Pero también destaca el Schroder ISF Global Energy A Dis AV Eur (con participaciones en Royal Dutch Shell, BP o Repsol entre otros), que roza rentabilidades del 60 por ciento en lo que va de año y que pertenece al sector energía. 

Y esta gran variedad también ha llegado a la inversión indexada. La gestora Vanguard tiene un fondo cotizado que replica el FTSE All-World High Dividend Yield, un índice compuesto por acciones de empresas de gran y mediana capitalización que generalmente destacan por su elevada rentabilidad por dividendo (como JP Morgan o Nestlé).

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Hablamos del Vanguard FTSE All-World High Dividend Yield, que se anota una rentabilidad de algo más del 12 por ciento.  

En el caso de los fondos patrios, también registran un comportamiento muy positivo en este 2021, destacando el Caixabank Bankia Dividendo Europa, que gana algo más del 20 por ciento.  

La filosofía de este fondo no es la de distribuir rentas periódicas entre los inversores, sino que se trata de un fondo de acumulación, es decir, que los dividendos cobrados los invierten en el propio fondo.  

En este caso, el partícipe tendría la opción de reembolsar participaciones periódicas, lo que supondría una ventaja fiscal adicional puesto que sólo tendría que tributar por las plusvalías obtenidas. El fondo invierte en empresas con alta rentabilidad por dividendo como  Nestlé, Roche o Novartis.  

Otra opción interesante perteneciente a este grupo sería el Bankinter Dividendo Europa, con una rentabilidad en el año por encima del 15 por ciento, y con inversiones en Sanofi, Allianz o Axa.  

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Diversificación y protección contra la inflación 

Adicionalmente permiten la diversificación de la inversión. Como recuerdan los expertos, estos fondos facilitan tener una cartera compuesta por empresas que ofrecen una retribución al accionista, pero sin tener que hacer una selección activa de esas compañías.  

«Al invertir en un fondo estamos invirtiendo en una cesta de acciones diferentes que pueden comportarse de forma distinta, lo que reduce el riesgo de invertir en una única compañía y que nuestra inversión dependa de la evolución de un único valor», explica Mariano Arenillas, responsable de DWS en Iberia.

Además, si consideramos los fondos de acciones de alta rentabilidad por dividendo, reducimos el riesgo de que sea una única empresa la que reduzca o elimine el dividendo en ese año. Esta estrategia permitió que los fondos de reparto siguieran abonando rentas en 2020. 

Desde Pictet añaden la liquidez como ventaja frente al depósito, algo que puede ser muy interesante para el inversor conservador, ya que, a diferencia de las imposiciones a plazo fijo, sí que pueden ofrecer liquidez diaria.

Con todo, cumplen con el objetivo de recibir una renta anual, más o menos predecible, pero sin dejar de estar invertido en bolsa, única vía para obtener retornos atractivos en un momento donde los tipos de interés permanecen en mínimos históricos y sin reducir el capital invertido, ya que sólo se percibe en cuenta la suma de los dividendos que hayan generado las acciones en la cartera del fondo. 

Finalmente, pueden ofrecer una protección adicional frente a la inflación, ya que la cartera de valores que componen estos fondos puede beneficiarse de esta escalada de precios.  

Al respecto, Arenillas recuerda que «el incremento de los beneficios en 2021 viene influido por un fuerte repunte de la inflación, lo que de alguna forma obligaría a las empresas que reparten dividendo y también a incrementar lo que pagan a sus accionistas vía dividendo».  

Es más, la evidencia empírica señala que los dividendos suelen crecer a un ritmo similar a los incrementos de los precios, por lo que deberían estar protegidos frente a la inflación.  

Por lo que «si tenemos en cuenta estos argumentos, los dividendos que se paguen en 2022 con cargo al ejercicio 2021 deberían aumentar en sintonía con los resultados empresariales y la inflación», concluye el responsable de DWS para Iberia. 

¿Una única pega? 

Estos fondos gozan de las mismas ventajas que el resto de vehículos de inversión colectiva. Es decir, ofrecen la posibilidad de traspasar la inversión a otro fondo difiriendo las plusvalías.  

Sin embargo, desde Pictet recuerdan que el inversor minorista debe tener en cuenta que los dividendos tributan en IRPF a los tipos establecidos de los rendimientos de capital mobiliario, que van desde el 19 por ciento para los primeros 6.000 euros hasta el 26 por ciento a partir de 200.000 euros. Así como la posibilidad de una doble tributación para los dividendos de empresas extranjeras. 

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