Revista Inversión

Stephanie Kelton: “Los impuestos no son para financiar a los gobiernos (por si había dudas)”

La revista INVERSIÓN entrevista a Stephanie Kelton. Es una de las economistas más influyentes en los EE.UU., donde da sentido económico al programa del demócrata Bernie Sanders

Stephanie Kelton inspira el “programa transformador” –asegura— de Bernie Sanders para los EE.UU. Es profesora de economía y políticas públicas de la Stony Brook University (EE.UU.).

En 1998 ya teorizó sobre las dificultades de los países adheridos al euro, pronósticos que acabaron cumpliéndose durante la gran crisis del 2008. En esta entrevista con la revista INVERSIÓN asegura que de la próxima depresión se saldrá gracias a la política fiscal, no a los bancos centrales. 

  • La teoría monetaria moderna (TMM) gana popularidad. Incluso Bank of America dice que marcará la década. ¿Comparte el optimismo?

Llegamos al punto en el que los bancos centrales no van a poder apoyar a las economías. Esta semana, Christine Lagarde avisó sobre ello. En los últimos 30 años, hemos confiado en los bancos centrales para que bajaran los tipos. En que se volvieran muy creativos y así rescataran a las economías.

Pero se está empezando a ver que no tendrán la fuerza suficiente para hacer lo mismo la próxima vez. Habrá que recurrir a la política fiscal. Y ahí entra en juego la teoría monetaria moderna.

Se llama «teoría monetaria», pero pone el foco en la política fiscal: siempre hemos creído que esa es la tecla adecuada para impulsar la economía, pero durante 30 años los políticos han estado en desacuerdo y han afirmado que la monetaria era la importante. 

  • ¿Significa esto que el mundo va a ir de la austeridad a la expansión fiscal?

Quizá cuando se han acabado todas las demás alternativas se haga lo correcto.

"Las prioridades de los gobiernos deben reflejar las de la gente. Pero podríamos decir que el recurso más importante que se tiene es el trabajo"

Stephanie Kelton durante la entrevista con la revista INVERSIÓN
Stephanie Kelton durante la entrevista con la revista INVERSIÓN.
  • La TMM implica que un gobierno no puede tener problemas financieros porque puede imprimir todo el dinero quiera. ¿Es así?

No del todo. Sólo es así para los Estados que emiten su moneda con un tipo de cambio flotante y no convertible y que no se endeudan en moneda extranjera. 

En Europa, los 19 países del euro abandonaron su soberanía monetaria y se endeudan en una divisa foránea. Sin embargo, los EE.UU., el Reino Unido y Japón tienen monedas soberanas. 

Tampoco diría que versa sobre la impresión de dinero, sino sobre la capacidad de autorizar el gasto sin necesidad de obtener el dinero de un tercero. 

En el caso de los EE.UU., el Gobierno puede gastar dólares y luego decidir qué cantidad retira de la economía vía impuestos, o si quiere tener déficit, es decir, gastar más dólares de los que ingresa vía fiscal, o puede cambiarlos por bonos del Tesoro, lo que implica pedir prestado, aunque no tiene por qué hacerlo. 

  • ¿El euro fue un error o tiene errores?

Escribí sobre el euro junto a otros economistas de la TMM antes de su introducción, en 1997 o 1998, y concluimos que sus miembros iban a tener que endeudarse en una moneda que usan, pero que no emiten, y que los mercados financieros iban a empezar a poner en precio el riesgo de impago. 

En 1995, Italia tenía una deuda del 120% sobre el PIB, el mismo nivel que en el 2010. 

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Que no hubiera una crisis de deuda en los noventa y sí en el 2010 se explica porque ahora toda la deuda italiana está denominada en euros. 

Los economistas de la TMM vimos que la posible consecuencia de abandonar la soberanía monetaria era que los países del euro no iban a ser capaces de sostener a sus economías con política fiscal permitiendo el necesario aumento de los déficits. 

Su único margen de maniobra sería subir los impuestos o pedir prestado, para lo cual tienen que pagar el interés que exige el mercado.

  • Entonces, para un país que emite su propia moneda, el déficit y la deuda no importan.

Importan, pero no de la manera de la que se habla: no pueden llevar a la insolvencia. Si la deuda de los EE.UU. pasa del 100 al 150% del PIB, no hay riesgo de quiebra o de que vaya al FMI a pedir un rescate; al igual que ocurre en Japón, con una deuda del 240% del PIB. 

Lo que decimos es que el déficit y la deuda no provocan riesgo de insolvencia ni llevan a una subida de los intereses. 

  • ¿En qué sentido importa el déficit?

El déficit importa porque si yo soy el Gobierno y tengo déficit, hago una contribución financiera a mi economía y eso es algo saludable. 

  • ¿En qué deberían gastar ahora los Estados?

Los gobiernos que tienen soberanía sobre su moneda tienen una gran capacidad de gastar. La cuestión está en cómo priorizar. 

Las prioridades del Gobierno deben reflejar las de la gente. Pero podríamos decir que el recurso más importante que se tiene que usar plenamente es el trabajo: todos los que quieren trabajar y no tienen acceso a un empleo deberían contar con uno, el llamado «trabajo garantizado». 

En los EE.UU. hay 15 millones de personas que desearían tener un trabajo a tiempo completo y no lo tienen. Hay que resolverlo. Serían 24.000 millones de horas más de trabajo todos los años. Imagine las cosas que se pueden hacer con esa energía humana cuidando a sus comunidades y del planeta... 

  • La TMM dice que los impuestos no son necesarios. Pero, ¿cómo enfrentar la desigualdad, un problema que no le es ajeno?

La TMM no dice «los impuestos no son necesarios». Lo que dice es que no son necesarios para financiar a los gobiernos. Pero son muy útiles para atajar la desigualdad y también para frenar la inflación. 

  • Asesora a Bernie Sanders. Elisabeth Warren ha emergido como competidora en su mismo nicho electoral en las primarias demócratas...

Entiendo que se haga una conexión entre ellos: ambos tienen plataformas similares y dan importancia a los mismos temas. Pero hay diferencias. Sanders dice «vivienda para todos», «empleo para todos», «sanidad para todos», esto es distintivo, así como sus 16 billones para combatir el cambio climático. 

Es una cuestión de grados, de cuán fuerte quieres empujar, de cuán lejos quieres llegar con tu programa transformador.

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