Fondos y ETF

¿Sabe cómo se llaman los fondos que tiene en cartera?

Carteras sin rumbo, sin objetivo y llenas de fondos ‘malos’ o beneficiosos para la entidad merman la rentabilidad potencial a los partícipes de fondos

Los activos bajo gestión del Bridgewater Associates de Ray Dalio sufrieron una caída del 15% durante marzo y abril
Los activos bajo gestión del Bridgewater Associates de Ray Dalio sufrieron una caída del 15% durante marzo y abril

Si Ray Dalio, un gestor con más de 20 años de ganancias consecutivas, fracasó en su estrategia de inversión durante 2019 usted, como participe de fondos, tiene muchas papeletas para cometer errores. Algunos de ellos resultan más sorprendentes que otros pero, en conjunto, son tan variados que es muy difícil no caer en alguno de ellos si no se presta la suficiente atención.

Por ejemplo, ¿está seguro de que si alguien le pregunta por los fondos que tiene en cartera será capaz de recordar el nombre de todos ellos (o, al menos, el de la gestora)? Probablemente no. 

Pero usted no es el único en esta situación: desconocer los fondos que componen el portafolio constituye una de las equivocaciones más frecuentes que cometen los partícipes. Ahora bien, si quiere enmendar este error, no solo deberá ser capaz de identificar los nombres de los productos.

También resulta preciso que se familiarice con el proceso de inversión, la trayectoria y el gestor, pues estas son las variables que determinarán en gran parte el futuro desempeño del producto. Y, una vez hechos los deberes en este sentido, no se descuide, pues también hay que permanecer atento a los cambios que puedan producirse en el equipo, sobre todo cuando al frente del mismo se encuentre un profesional de relevancia dentro del sector.

¿O ya no se acuerda del revuelo causado por las salidas de Firmino Morgado, de Fidelity; o Francisco García Paramés, de Bestinver? En ambos casos, la crisis pudo ser reconducida y los productos que dirigían siguieron cosechando éxitos. Pero no siempre sucede así.

Asimismo, el inversor deberá ser siempre consciente de la función que cada fondo cumple en la cartera (proteger contra una subida de tipos o aprovechar la buena salud del consumo, por ejemplo).

De este modo, podrá comprobar si las tesis que se utilizaron en su momento para su inclusión siguen siendo válidas cuando toque examinar la rentabilidad de la cartera y replantearse la composición de la misma. De no hacerlo así, nos encontraremos con que nuestra cartera navega sin rumbo y estrategia clara.

Sin embargo, desconocer el nombre del producto o tener una cartera desenfocada no son las únicas equivocaciones que cometen los partícipes. Otro error en el que usted podría haber incurrido sin darse cuenta es el de contar con una insuficiente diversificación.

Porque diversificar no es contar con cinco fondos de bolsa española en cartera: un Magallanes, un Bestinver, un Metavalor, un Cobas y un CaixaBank, por poner un ejemplo.

Los cinco son productos correlacionados que podrían desplomarse al mismo tiempo de concurrir una serie de noticias negativas sobre la economía nacional.

Por el contrario, una buena diversificación implica invertir en productos de varias gestoras, centrados en activos de distintos sectores y regiones geográficas del mundo para que actúen de forma descorrelacionada. Es decir, para que no suban y bajen a la vez.

Ojo con los fondos de bancos

Y nada de limitarse a comprar el fondo de turno que esté comercializando la entidad que haya debajo de su casa o el que le haya aconsejado por teléfono una amable comercial (¿puede que también sea su caso?).

Los bancos no son asesores independientes sino entidades comercializadoras y, en consecuencia, tratarán de venderle el producto que mayor rentabilidad les genere (no el mejor o el más adecuado para usted). En este sentido, hay que perder el miedo a recurrir a un asesor y a optar por gestoras independientes.

Además, conviene recurrir a las casas internacionales para cubrir la parte de la cartera de activos extranjeros.

El motivo es que suelen contar con equipos más numerosos y especializados que las locales, con representación en las principales plazas financieras del planeta, ¿o es que compraríamos caviar ruso a un productor local extremeño?

Y es que, entre los defectos de los inversores españoles se encuentra una marcada tendencia al localismo, que consiste en centrarse en los mercados y productos que nos rodean, sin tener en cuenta que es fuera de España donde se han generado las mayores rentabilidades en los últimos años.

(¿También se reconoce en este defecto?) Pero la cosa no queda aquí. Aunque los mercados de fondos carezcan de pasarelas, eso no significa que no se vean afectados por las modas. Así, muchos inversores caen en la trampa de comprar el producto del momento, sin pensar antes en si se ajusta a sus necesidades y perfil de inversor.

«A largo plazo, estos activos de moda suelen normalizarse corrigiendo los excesos del pasado. Un ejemplo fueron los fondos tecnológicos en el estallido de la burbuja puntocom», explica Carlos Farrás, de DPM Finanzas.

Ahora mismo, podríamos encontrarnos con que algunos fondos temáticos o de gestión socialmente responsable podrían encontrarse en esta situación (¿los tiene en cartera?).

Conducir mirando el retrovisor

En relación con esto, suele ser muy frecuente asimismo el caso de los inversores que recurren a las listas de fondos más rentables del ejercicio para construir su cartera, sin recordar el popular dicho de que «rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras».

De hecho, solo hay que echar un vistazo a los activos más rentables de los últimos años para darse cuenta de que raramente coinciden con los del ejercicio anterior (ver tabla superior). Básicamente, es como conducir mirando únicamente el espejo retrovisor.

Pero, incluso cuando los inversores apuestan por el producto adecuado, a veces no lo hacen en el momento preciso. Suelen subirse al carro atraídos por un fondo que está disparado y saltan del barco cuando muestra síntomas de debilidad.

Con este comportamiento (tan habitual, fruto de dejarse llevar por las emociones), se pierden gran parte de la rentabilidad acumulada por los productos más exitosos.

Solo hay que echar un vistazo a los mayores fondos internacionales de renta variable disponibles en España para comprobar el desaguisado que este tipo de comportamiento provoca en la rentabilidad de los inversores. Estos productos arrojan importantes rentabilidades tanto a un año como a tres años (anualizada) pero sus partícipes solo se han beneficiado de la mitad de esos rendimientos, en la mayoría de los casos.

Por ejemplo, uno de los más rentables es el UBS (Lux) Equity Fund - China Opportunity, que escala un 44 por ciento en el último año, pero los partícipes solo se han embolsado un 22 por ciento de esta golosa rentabilidad; mientras que a tres años se revaloriza un 42 por ciento, frente al 18 por ciento que se han metido en sus bolsillos los clientes.

Un fallo similar se produce entre los inversores en lo que respecta al entorno económico y geopolítico: «Al inversor le gusta invertir cuando la situación geopolítica esta tranquila, la economía crece, el empleo y los salarios aumentan...

Sin embargo, cuando esto ocurre normalmente la mayoría del impacto de positivo ya está refl ejado en los precios, por lo que su potencial futuro es menor y, además, existe el riesgo de que algunas de las noticias empiecen a ser negativas y los fondos corrijan.

Sin embargo, las mejores oportunidades de inversión en fondos se producen en momentos de crisis, pánico e incertidumbre», asevera Farrás.

El error de no cumplir los objetivos

Precisamente para tratar de controlar este tipo de emociones, es importante determinar cuánto queremos ganar y cuánto estamos dispuestos a perder.

Esto implica aprender a ganar y a perder, dos cosas nada fáciles pero cuyo desconocimiento también acarrea riesgos para su patrimonio. De este modo, si nuestra estrategia dice que buscamos una rentabilidad del 7 por ciento, cumplámosla: vendamos cuando lleguemos a ese umbral.

A veces, nos mantenemos en una inversión esperando ganar un poco más y, cuando nos damos cuenta, el mercado se da la vuelta y tenemos que decirle adiós a las ganancias que habíamos conseguido. Lo mismo ocurre con las pérdidas.

Si no somos capaces de tolerar una pérdida superior al 5 por ciento y hemos llegado a ese umbral, vendamos en ese momento.

Esperar a que las acciones se recuperen a veces nos hace incurrir en pérdidas muy por encima de lo que podemos soportar, especialmente si tenemos un horizonte temporal corto.

«Tener éxito en la inversión no significa ganar siempre, eso es imposible; se trata más bien de ganar un número razonable de veces y, sobre todo, de no perder mucho cuando nos equivocamos», recuerda Victoria Torre, de Singular Bank, en ese sentido.

Equivocaciones propias del momento

Una vez desgranados algunos de los errores más frecuentes en cualquier inversor de fondos, toca esbozar algunas equivocaciones específicas que podrían darse en el momento actual, inducidas por las situación de mercado en la que nos encontramos.

En ese sentido, José María Luna, de Luna Sevilla Asesores, explica que uno de ellos sería seguir «a los profetas de apocalipsis económico», descontar una recesión económica y dejar todo el patrimonio en fondos de liquidez que, prácticamente, no ofrecen rentabilidad.

Si bien, caer en la tendencia contraria, dejándonos llevar por la buena marcha de la economía y los mercados, también podría llevarnos a errar si asumimos un riesgo mayor del que nos corresponda por nuestro perfil de inversor.

Por último, Luna avisa de la equivocación que supondría pensar que los fondos de renta fija van a arrojar los mismos resultados que en 2018, sin «entender que la rentabilidad no solo podría ser baja sino también negativa en determinados segmentos de deuda en 2020», debido a las políticas expansivas de los bancos centrales. 

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