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El capitalismo sostenible ya forma parte de la nueva normalidad

Si bien la tendencia hacia la sostenibilidad ya estaba en marcha, ahora la crisis de la COVID-19 la ha acelerado. Junto al gobierno corporativo, se convertirá en un concepto ampliamente aceptado después de demostrar su vigencia durante la crisis

Jenn-Hui Tan (responsable de inversión sostenible en Fidelity International).

En el verano de 2019, Business Roundtable, la influyente asociación de altos directivos estadounidenses, rechazó la vieja idea de la primacía del accionista y, en su lugar, abogó por dar cabida a los intereses de un conjunto más amplio de actores. Hasta ahora, eso ha resultado ser poco más que una declaración de intenciones, pero pensamos que la situación va a cambiar. Las multinacionales no pueden esperar desarrollar su negocio como siempre ante la mayor atención de las autoridades hacia sus actividades (y beneficios) mientras el conjunto de la economía languidece.

Esperamos que no solo los inversores, sino la sociedad en general, empujen a las empresas a tener en cuenta el bienestar de sus empleados, de las poblaciones que las acogen y de sus proveedores por encima de los beneficios a corto plazo, en un esfuerzo general por garantizar la sostenibilidad y capacidad de adaptación a largo plazo de sus negocios.

Los modelos de negocio sostenibles dan muestras de resistencia

El mejor comportamiento relativo de las empresas más sostenibles durante el pico de la pandemia -entre el pasado 19 de febrero y 26 de marzo- ha logrado que se redoble el interés en estos negocios. En un estudio realizado entre esas dos fechas descubrimos que las empresas con diferentes características medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés) a las que habíamos otorgado las calificaciones de sostenibilidad más altas superaron a sus índices en un 3,8% durante esas semanas, mientras que aquellas con la calificación más baja se situaron un 7,8% por detrás. Un patrón que también se repitió a escala sectorial.

Entre las 2.689 empresas evaluadas, cada nivel de calificación ESG equivalía en promedio a 2,8 puntos porcentuales más de comportamiento bursátil frente al índice. Las conclusiones en la renta fija son similares a las que se obtienen en la renta variable. Los títulos de empresas con calificaciones ESG más altas perdieron un 9,2% desde comienzos de año hasta el 23 de marzo, mientras que el grupo con peor calificación se dejó un 20% de media. Esta relación se mantiene incluso cuando se ajustan las observaciones por un posible sesgo hacia la deuda de alta calidad en las calificaciones ESG.

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El análisis sugiere que lo que inicialmente parecía una presión vendedora indiscriminada y motivada por el pánico realmente sí que discriminó entre empresas en función de la atención que prestaban a las cuestiones de sostenibilidad. Lo anterior refrenda la opinión de que un equipo directivo que se centre en la sostenibilidad es más probable que sea un grupo de excelentes gestores y tiene más posibilidades de crear un negocio que resista mejor ante una contracción. La idea de que la sostenibilidad es un lujo al que se recurre en mercados alcistas pero se deshecha en mercados bajistas sigue perdiendo credibilidad.

Colaboración pública y privada en materia de sostenibilidad

La crisis también ha puesto claramente de relieve el vínculo entre salud pública, migración y cambio climático. Las migraciones inducidas por el cambio climático tendrán implicaciones mucho más amplias para el control de las enfermedades y las entidades públicas y privadas habrán de cooperar para entender y gestionar estas dinámicas.

Una novedad que podría allanar el camino para la colaboración entre el sector público y el privado en torno a la sostenibilidad es el New Green Deal de la UE. La UE se ha comprometido a desarrollar este plan valorado en 1 billón de euros durante la próxima década y a alcanzar la neutralidad en carbono en 2050. La UE pretende financiar el programa recurriendo al Banco Europeo de Inversiones (BEI) y a iniciativas de coinversión entre el sector público y el privado.

Aunque existe un consenso amplio entre los estados miembros sobre el conjunto del programa, para acordar el reparto de fondos será necesario tejer acuerdos. Las regiones que se verán más castigadas -económica y socialmente- por la necesidad de abordar el cambio climático recibirán previsiblemente un mayor porcentaje de fondos. Por ejemplo, los países dependientes del carbón en Europa oriental necesitarán más fondos para hacer la transición hacia una economía verde y reciclar a sus trabajadores. El destino final de la inversión estará más matizado, pero algunos sectores tienen más probabilidades de erigirse en ganadores.

Las energías renovables, las tecnologías para descarbonizar sectores con grandes necesidades de energía como el acero, los productos químicos y el cemento, y las empresas pertenecientes a la cadena de suministro del coche eléctrico probablemente reciban inversiones. La producción sostenible de alimentos también podría salir beneficiada mientras la UE trata de garantizar la seguridad alimentaria e incentivar las nuevas técnicas agrícolas y pesqueras al tiempo que reduce la dependencia de los pesticidas, los fertilizantes y los antibióticos en la producción de animales y plantas.

Más información de Fidelity International en la guía de gestoras de Inversión y Finanzas.

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