El dólar, Powell, Trump, Dia, el oro... los protagonistas de la semana

La semana ha terminado en positivo para los mercados mundiales, pero no ha estado exenta de problemas, como los derivados de la guerra comercial, la política monetaria o la política pura y dura, de la mano de los escándalos de Donald Trump.

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Las Bolsas han terminado la semana al alza y uno de los elementos que ha podido ayudarlas ha sido el dólar, que ha ido perdiendo fuerza a lo largo de toda la semana. Si ello sentó bien en los mercados es porque se considera que la causa última de las turbulencias en el mundo emergente se encuentra en la apreciación del billete verde y la política monetaria más restrictiva que se está aplicando en Estados Unidos. 

Así, si el tipo de cambio del dólar con el euro arrancaba el lunes por debajo del nivel de 1,145 unidades, terminó la semana cerca de 1,163, lo que supone una depreciación para el dólar (y apreciación para el euro) importante de más del 1,5%. Una de las claves de este movimiento está en las declaraciones de Donald Trump contra las subidas de los tipos de interés de la Reserva Federal norteamericana. El mercado interpretó que el presidente deseaba interferir en las decisiones de la Fed y creía que quizás le fuera posible conseguirlo. Pero el viernes Jerome Powell, el presidente de la institución, hizo valer su independencia señalando que le parece apropiado el ritmo actual de endurecimiento de la política monetaria y que es consciente de los riesgos que implica tanto acelerarlo (enfriar demasiado la economía) como reducirlo (recalentamiento). De las actas de la última reunión de la Fed, que se conocieron también esta última semana, cabe deducir que el precio del dinero muy probablemente subirá en septiembre. Pero el mercado ha leído en clave "dovish" el mensaje de Powell del viernes, de ahí que la subida de Wall Street se fortaleciera después de que lo pronunciara y que el dólar registrara una caída más pronunciada. Esto fue así quizás porque Powell señaló que no veía signos de recalentamiento económico y ello puede hacer pensar al mercado que la Fed no va a acelerar el endurecimiento monetario, algo que quizás se temía.

Si el dólar sale perdiendo de un contexto así y los mercados emergentes ganan en esta situación, otro activo que también se ha visto favorecido ha sido el oro. A mediados de agosto caía por debajo de los 1.200 dólares la onza por primera vez en quince meses y llegó a bajar hasta los 1.175. Pero en la última semana ha vuelto a recuperar los 1.200 dólares al anotarse un 1,75%. Con la subida acumulada en estas cinco últimas sesiones, el metal precioso ponía fin a seis semanas consecutivas de descensos. La revalorización de la onza también se atribuye a la guerra comercial entre China y Estados Unidos, que esta semana se ha recrudecido con nuevos aranceles cruzados entre ambos países. Las negociaciones que arrancaban esta semana aún no han fructificado, no han dado buenos resultados.

Pero, desde el punto de vista político, lo más grave de la semana ha sido la crisis abierta en Estados Unidos: el ex abogado personal de Donald Trump, Michael Cohen, ha admitido que compró el silencio de dos mujeres que presuntamente habrían mantenido relaciones con el presidente. Cohen ha afirmado que Trump estaba implicado en la operación. Y, por otro lado, su ex jefe de campaña, Paul Manafort, ha sido condenado por ocho delitos financieros y de fraude. La posibilidad de un juicio político contra el presidente vuelve a ser una posibilidad. Los medios de comunicación están ejerciendo presión para que se inicie el proceso. Pero los mercados ni se han inmutado (Wall Street celebraba en máximos históricos vivir ya oficialmente en el ciclo alcista más largo de la historia). También es verdad que Wall Street no fue muy sensible a la dimisión de Nixon en 1974 ni al impeachment de Bill Clinton. Aunque es posible que sí cotice el modo en que los escándalos pueden llegar a influir en las elecciones de mitad de mandato que tendrán lugar en noviembre. 

Si hablamos de acciones, en el Ibex-35, las más rentables han sido las de Técnicas Reunidas y las de Siemens Gamesa, con subidas de más de un 7%. Pero la compañía que quizás ha dado la noticia más relevante esta semana ha sido Dia, cuyos títulos se han colocado terceros en el ránking de rentabilidad, con un avance del 6,5%. Ello, gracias a su reacción alcista el viernes, cuando se conoció que se va a relevar a su consejero delegado, Ricardo Currás, por Antonio Coto Gutiérrez. 

En una semana de avances generalizados, sorprende que en el Eurostoxx 50 el grupo cervecero AB Inbev haya sufrido un recorte de un 2,5%. Pero ello tiene su razón de ser: UBS, citando a Nielsen, ha mostrado que las ventas de la compañía se han ralentizado en Estados Unidos. 

Turquía, Italia, Brasil y Grecia

¿Qué continúa pasando en Turquía, el país que nos tuvo en vilo la semana pasada? En la última semana, la lira turca se ha mantenido plana. Pero ha habido otras emergentes que sí han sufrido mucho: el real brasileño ha caído un 4,72% y el peso argentino, un 3,29%. La política brasileña puede llegar a convertirse en el próximo quebradero de cabeza para los mercados. Tanto si Lula puede presentarse a las elecciones del próximo mes de septiembre y los inversores anticipan su victoria, como si no puede presentarse y se dispara la incertidumbre sobre quién puede convertirse en el próximo presidente brasileño. 

Otro país al que hay que continuar vigilando es Italia. La rentabilidad de su bono a diez años, que arrancaba la semana en el 3,11%, caía por debajo del 3% el martes y volvía a subir hasta el 3,15% el viernes, niveles equivalentes a los de la turbulenta formación de Gobierno. Algo parecido le sucedía a su prima de riesgo, que ronda los 280 puntos básicos (en el peor momento, a finales de mayo, rondaba los 287 puntos básicos).

Por último, hablando de la periferia europea, Grecia salía por fin esta semana del tercer rescate después de ocho años bajo el mandato de la troika. Alexis Tsipras seguramente utiliza ese mensaje y la celebración que escenificó en la mítica isla de Ítaca en clave electoral, porque al año que viene se celebran comicios en Grecia, pero lo cierto es que el país continúa amarrado por un ingente volumen de deuda y una reestructuración que deja las manos atadas a los próximos gobiernos en materia de política económica.

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