El mercado del petróleo puede absorber el impacto tras la captura de Maduro
Los precios del petróleo apenas se mueven al alza tras la captura de Nicolás Maduro, una señal de que el exceso de oferta amortiguará el impacto
La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro tras los ataques aéreos de Estados Unidos ha sacudido el tablero geopolítico, pero el mercado del petróleo ha reaccionado con sorprendente sangre fría.
Lejos de un rally alcista del crudo, los precios apenas han mostrado tensión, una señal clara de que el exceso de oferta global y la pérdida de peso de Venezuela como productor amortiguan el impacto de uno de los episodios políticos más relevantes del arranque de año.
En las primeras horas tras conocerse la noticia, el Brent se movió con alzas muy contenidas, en torno a uno o dos dólares por barril en los escenarios más optimistas, y el crudo estadounidense llegó a repuntar cerca de dos dólares en algunos productos de trading de fin de semana.
Un comportamiento moderado que contrasta con otros episodios de riesgo geopolítico en zonas clave para la energía y que refuerza la idea de que el mercado mira hoy más a los fundamentales que a los titulares.
La captura de Maduro no daña la infraestructura petrolera venezolana
Uno de los factores clave para esta calma relativa es que la infraestructura petrolera venezolana no se ha visto dañada. Instalaciones estratégicas como el puerto de José, la refinería de Amuay y las áreas de producción de la Faja del Orinoco continúan operativas, según fuentes del sector.
La ausencia de interrupciones físicas en el suministro ha sido determinante para evitar un movimiento brusco de precios en un mercado que, además, llega bien abastecido.
Venezuela, que durante décadas fue una potencia petrolera, representa hoy menos del 1% de la oferta mundial de crudo.
La caída estructural de su producción, acelerada por años de desinversión, sanciones y problemas operativos, ha reducido de forma drástica su capacidad de influir en el equilibrio global del mercado. Incluso antes de este último episodio, la presión de Estados Unidos sobre el régimen de Maduro —incluida la incautación de petroleros con crudo venezolano— ya había forzado el cierre de algunos pozos.
Exceso de oferta
A este contexto se suma un escenario de claro exceso de oferta. La Agencia Internacional de la Energía estima que en 2026 la oferta mundial de petróleo superará a la demanda en cerca de 3,8 millones de barriles diarios, un récord histórico. Con una demanda estacionalmente débil en el primer trimestre y una producción que sigue creciendo, el mercado tiene margen para absorber sobresaltos geopolíticos sin entrar en pánico.
“Incluso en condiciones normales, una disrupción de esta magnitud es manejable para el mercado”, apuntan varios analistas.
Las previsiones coinciden en que el exceso de oferta, unido a los planes de aumento de producción de la OPEP+, limita el potencial alcista del crudo a corto plazo. En este contexto, el riesgo geopolítico actúa más como un suelo para los precios que como un catalizador de fuertes subidas.
La mirada del mercado está también puesta en la OPEP, que celebra reunión junto a sus aliados, entre ellos Rusia. Todo apunta a que el cártel mantendrá la pausa en las subidas de producción, una decisión que refuerza la estabilidad del mercado pero que no elimina el problema de fondo: la abundancia de barriles frente a una demanda que crece con dificultad.
Transporte marítimo
Donde sí se percibe tensión es en el transporte marítimo. Las recientes incautaciones de petroleros en el Caribe han llevado a varios buques a cambiar de rumbo o detenerse en alta mar, lo que introduce ruido en las rutas de exportación venezolanas. Sin embargo, el impacto práctico de estos movimientos sigue siendo limitado en términos de suministro global.
En paralelo, algunas grandes compañías mantienen su presencia en el país. Chevron continúa operando en Venezuela bajo una exención de sanciones, mientras que grupos europeos como Repsol, Eni o Maurel et Prom siguen asociados a proyectos con la estatal PDVSA. Esta continuidad operativa refuerza la idea de que, al menos por ahora, no se espera un colapso inmediato del sector.
A más largo plazo, la captura de Maduro abre interrogantes sobre el futuro de la industria petrolera venezolana. El país cuenta con unas de las mayores reservas de crudo del mundo, incluso por encima de Arabia Saudí, pero el historial de nacionalizaciones y conflictos legales ha dejado cicatrices profundas entre los grandes operadores internacionales. Cualquier intento de relanzar el sector exigirá estabilidad política, seguridad jurídica y fuertes inversiones.
Por ahora, mientras la oferta siga desbordando a la demanda, no es previsible que shock geopolítico en Venezuela tenga implicaciones paa ver un rally sostenido del crudo.
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