El lujo de prescindir del ahorro para la jubilación

Las últimas decisiones del ministro Escrivá sobre la jubilación confirman el error de marginar los planes de pensiones

Derribar el tercer pilar del sistema de pensiones (los planes de pensiones individuales) se perfila como uno de los grandes errores del ministro Escrivá en plena negociación de la reforma de las pensiones. 

En este punto, acabar con todos los incentivos fiscales de este producto de ahorro para la jubilación, es en lo único en lo que el ministro de la Seguridad Social se ha mantenido firme en todo este proceso. 

El resto han sido ideas que ha ido lanzando como globos sonda y, dependiendo de la acogida que han tenido, siguen adelante o dan marcha atrás.  

Es poco serio que una reforma del sistema público de pensiones dependa de si Escrivá “tiene o no su mejor día”, como él mismo reconoció cuando dijo que los baby boomers tendrían que elegir entre un pequeño ajuste en su pensión o trabajar más años. 

Sin tiempo para negociar 

Cuatro años de reuniones del Pacto de Toledo no han servido para casi nada. No hay un diagnóstico claro sobre el sistema público de pensiones, todo es opaco, a brochazos, a llegar con la lengua fuera a la fecha límite, sin tiempo para el análisis, para la negociación, para la reflexión en una reforma tan trascendental. 

A diez días de que venza el plazo para sustituir el factor de sostenibilidad del Gobierno del PP por el nuevo mecanismo de ajuste de equidad intergeneracional, la solución que propone Escrivá es subir  0,5 puntos las cotizaciones durante 10 años.  

Otro impuestazo, otra patada adelante, otro parche. Con esta subida, la recaudación anual crecería en unos 1.000 millones de euros.  

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En diez años, la conocida como hucha de las pensiones, que ahora tiene unos 2.000 millones de euros, contaría con 10.000 millones de euros más, una cantidad que no cubre ni el pago de la mitad de las nóminas de las pensiones del mes de diciembre. 

Una reforma sin imaginación 

Una reforma del calado de las pensiones no se puede improvisar, su contenido no se puede dar a conocer a tan pocos días de su culminación. Y todo para proponer finalmente una medida tan poco imaginativa, sin ningún tipo de creatividad.  

Todo el esfuerzo se deriva, una vez más, a las empresas y a los profesionales. 

En este escenario, reforzar el tercer pilar del sistema de pensiones, el ahorro individual, como recomienda Bruselas, es clave. Pero Escrivá ha optado por todo lo contrario. 

Quiere jugárselo todo a la carta del segundo pilar (los planes de pensiones de empleo). Pero, ¿no pueden convivir los dos pilares basados en el ahorro? ¿No es lo mejor para el sistema y para el incierto futuro que le espera contar con tres pilares fuertes? ¿Qué gana Escrivá con aniquilar los planes de pensiones individuales? 

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