Perú pasa factura a la deuda de Enagás

Los litigios de Enagás en Perú han impactado en la valoración crediticia de la empresa

Los litigios judiciales de Enagás en Perú son un factor negativo para las perspectivas de la compañía que lleva acompañándola durante años. Esta vez, no obstante, y mientras la gasista intenta sacar hasta 160 millones de euros en dividendo del país andino, los pleitos de la empresa han impactado directamente en la confianza puesta sobre su capacidad de hacer frente a su deuda.

La compañía informó ayer a la Comisión Nacional del Mercado de Valores de que Standard & Poor's había llevado a cabo una revisión de su nota de calificación crediticia, que baja de BBB+ con perspectiva negativa a BBB con perspectiva estable.

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Un vistazo rápido al informe de S&P da con la tecla de esta rebaja: "En nuestra opinión, la estrategia de expansión internacional de Enagás ha mermado la solvencia de la empresa", asegura la agencia.

El problema para Enagás, además, es que a ojos de S&P, es probable que estos riesgos persistan durante los próximos dos años.

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Enagás y Perú, una historia interminable

De acuerdo al informe realizado por S&P, las métricas crediticias de Enagás difícilmente recuperarán fuerza en los próximos dos años porque la empresa no saldrá victoriosa de ninguna de las contiendas que mantiene con el gobierno peruano.

Enagás comenzó un proceso de arbitraje internacional en julio de 2018 en el que intenta recuperar la inversión realizada en la construcción del Gasoducto Sur Perú (GSP), que el Gobierno de Perú resolvió terminar alegando que el consorcio encargado, que incluía a la cotizada española, no demostró tener la financiación necesaria para concluir la obra.

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Desde entonces, señala S&P, la resolución de este proceso se ha pospuesto en repetidas ocasiones, una señal que la agencia considera que pone de manifiesto los interrogantes que rodean a su resolución.

El informe de la agencia de calificación también pone el foco sobre el segundo arbitraje que Enagás inició contra el gobierno peruano en 2021, después de que este reclasificara a la filial peruana de la empresa y le impidiera repatriar los dividendos obtenidos durante el año.

En este contexto, S&P valora que "las tensas relaciones entre Enagas y el gobierno" influyen en su suposición de que Perú podría impugnar cualquier laudo final favorable para la empresa.

Bajo esta premisa, la agencia excluye de su hipótesis de base la recuperación de 426 millones de euros relacionados con las inversiones y garantías activadas contra Enagas tras la cancelación de la concesión del GSP, a la vez que avisa de que esta incapacidad de la compañía para repatriar efectivo desde Perú se traduce en un mayor apalancamiento.

Una oportunidad para los bonos gracias a la política de dividendos

A pesar de las malas perspectivas sobre la situación en Perú, el informe de S&P concede que Enagás seguirá generando un flujo de caja operativo saludable hasta 2023, apoyada principalmente en sus actividades principales.

Un factor que influye en la mala revisión otorgada a la deuda de la empresa, de hecho, es la agresiva política financiera de la empresa, que obliga a S&P a calcular un escenario en el que reparto de dividendos seguirá aumentando un 1 por ciento anual hasta 2023, "a pesar de la resolución pendiente del arbitraje y de la caja atrapada en Perú".

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Este compromiso con la política de dividendos de Enagás, por tanto, se interpreta desde la agencia como una falta del mismo con la calificación 'BBB+' otorgado anteriormente a la gasista.

Este escenario, sin embargo, puede provocar que exista un mayor apetito por unos bonos de la empresa que ahora se pueden percibir como un activo con un riesgo ligeramente superior; elevando el precio de los mismos desde cifras que, en casos como el del instrumento de deuda XS1177459531, ha tocado mínimos durante enero de 2022.

Se espera que la cotización de la empresa se mantenga estable

Una perspectiva que tampoco ha logrado cambiar el compromiso de Enagás con su dividendo es la del recorrido de sus acciones en los próximos 12 meses, que el consenso de analistas sitúa en los 19,89 euros.

La compañía superó el año pasado el precio objetivo promedio a 12 meses que el consenso había fijado anteriormente en los 19,13 euros, gracias sobre todo a su valor como refugio, estable hasta 2026, y su rentabilidad en esta parcela, del 8,5 por ciento hasta el mismo año.

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Tras alcanzar esta cota, no obstante, Enagás lleva un año cotizando alrededor de este margen, y los analistas no parecen estimar que pueda dar un vuelco a esta situación.

En las últimas semanas, de hecho, tanto Caixabank como Société Générale han rebajado sus recomendaciones respecto a la empresa, dejándolas respectivamente en una recomendación de venta y otra de retención que auguran un movimiento lateral de los títulos en el próximo año.

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