La inflación resucita el fantasma de los tipos altos: ganadores y perdedores en el IBEX 35

La subida de la inflación hasta el 4,3% no impacta por igual a los distintos sectores del IBEX 35. Los bancos son los más beneficiados, justo lo contrario que las eléctricas

Los inversores regresan de las vacaciones con la inflación haciendo ruido y colocándose en máximos de más de tres años, lo que obligará a afinar las decisiones de inversión sobre el IBEX 35.

El índice de precios al consumo (IPC) se disparó en agosto hasta el 4,3% interanual, siete décimas más que en julio, un repunte que devuelve a los inversores a un escenario que parecía quedar atrás, el de unos tipos de interés elevados durante más tiempo.

Lo advirtió esta misma semana Isabel Schnabel, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, tras señalar que “serán necesarias más subidas de tipos”, conocedora de primera mano del daño que está haciendo la guerra de Irán y la subida de los precios del petróleo.

De esta forma, el BCE ya se encamina hacia su reunión de septiembre con el mercado pendiente de una posible subida del tipo de depósito desde el 2,25% hasta el 2,50%.

Dada la evolución de los precios, endurecer nuevamente la política monetaria parece la mejor alternativa para el organismo que preside Christine Lagarde, lo que inevitablemente no afectará por igual a las distintas cotizadas del IBEX 35.

Los bancos, entre las apuestas ganadoras del IBEX 35

El sector más beneficiado de un giro restrictivo en la política monetaria son los bancos del IBEX 35. Entidades como Santander, BBVA, CaixaBank, Bankinter, Sabadell y Unicaja son los candidatos más evidentes a beneficiarse de una prolongación del escenario de tipos elevados.

Los bancos cobran más por buena parte del crédito mientras el coste de los depósitos no aumenta con la misma intensidad, lo que permite sostener el margen de intereses y la rentabilidad del negocio bancario.

Los grandes bancos españoles cerraron 2025 con más de 34.000 millones de euros de beneficio neto conjunto, con un crecimiento del margen de intereses y unas rentabilidades sobre el capital tangible en niveles elevados. Además, la morosidad ha mostrado hasta ahora mucha más resistencia de la que cabría esperar en un ciclo de endurecimiento monetario.

Ese escenario explica el buen comportamiento bursátil que ha protagonizado la banca durante los últimos ejercicios y permite pensar en los beneficios asociados a un ajuste al alza de los tipos de interés.

Pero no todo son buenas noticias. Los tipos altos son positivos para los bancos hasta cierto punto. Si permanecen elevados durante demasiado tiempo y terminan enfriando la economía, reduciendo la demanda de crédito o provocando un repunte de los impagos, parte de la ventaja obtenida por el margen financiero puede desaparecer.

Sacyr y Ferrovial, la protección menos evidente

Más allá de los bancos, las concesionarias de infraestructuras dan buena protección a las carteras contra la subida de la inflación, aunque esto muchas veces no resulta tan evidente para los inversores.

Su principal ventaja reside en la capacidad para trasladar la inflación a las tarifas mediante los mecanismos contemplados en sus contratos, que muchas veces recogen una indexación automática a la inflación.

Uno de los ejemplos más claros es Sacyr, que ha transformado su perfil durante los últimos años hasta convertirse prácticamente en un grupo de concesiones. En el primer semestre de 2026, el 91% de su ebitda procedía de activos concesionales, mientras que el valor de su cartera alcanzaba los 4.601 millones de euros, un 16% más.

El modelo de Ferrovial es distinto, pero presenta igualmente una elevada capacidad de fijación de precios en algunos de sus activos más relevantes.

Las autopistas estadounidenses de carriles gestionados o Managed Lanes utilizan sistemas de tarificación dinámica que modifican los peajes en función de la congestión y la demanda. Cuanto mayor es el tráfico, mayor puede ser la tarifa necesaria para garantizar una velocidad mínima en los carriles de pago.

No se trata, por tanto, de una indexación automática al IPC en todos los casos, pero sí de una capacidad de adaptación de los ingresos que otros negocios no poseen.

Eléctricas, las peor paradas con una inflación al alza

En el caso contrario se encuentran las eléctricas y energéticas (también conocidas como utilities), unas de las cotizadas más sensibles a las subidas de los tipos de interés.

Compañías como Iberdrola, Endesa, Naturgy, Enagás o Redeia, generan importantes flujos de caja y ofrecen elevadas remuneraciones a sus accionistas, al gestionar un negocio muy previsible y de alta visibilidad. Por esta razón, los inversores las suelen considera como un sustituto bursátil de la renta fija (bond proxies, en el argot).

El problema aparece cuando aumenta la rentabilidad de la deuda pública por las mayores expectativas de tipos y los precios de los bonos se mueven en sentido contrario. En este escenario salen perjudicadas, pues los inversores siempre optarán por completar su cuota de renta fija mediante bonos soberanos, que ofrecen menos riesgos.

Por otro lado, las utilities gestionan negocios muy intensivos en capital, que requieren elevadas inversiones. Así, cuando mayores sean los tipos, mayor será el coste a asumir para refinanciar la deuda.

Renovables, todavía más sensibles a los tipos

Con todo, hay un grupo de cotizadas del IBEX 35 que todavía son más sensibles a los tipos, las compañías puramente renovables, como es el caso de Solaria y Acciona Energía, con fuertes necesidades inversión para poner en marcha sus proyectos.

Una subida del coste del capital penaliza especialmente estos negocios, en la medida en que reduce el valor actual de los ingresos previstos a largo plazo.

IAG, víctima indirecta de la menor propensión al consumo

Tampoco hay que olvidar otra potencial perjudicada en el IBEX 35 por la subida de la inflación, como es el caso de IAG.

El incremento de los precios, especialmente si viene inducido por la energía, supone un mayor coste del combustible para aviación. Además, el encarecimiento de la cesta de alimentación genera una menor propensión al consumo en viajes y ocio.

Se trata de un efecto desplazamiento bien conocido por los micro economistas, que deja a las aerolíneas ante un problema muy incómoda, trasladar los mayores precios del combustible a sus tarifas, con la consiguiente reducción esperada de la demanda.

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