Strauss-Khan debería haber dimitido ya de todos sus cargos

Incluso en el caso de que se sintiera objeto de una gran maniobra, tendente a hundir todo su prestigio personal[…]

Incluso en el caso de que se sintiera objeto de una gran maniobra, tendente a hundir todo su prestigio personal y profesional, Dominique Strauss-Khan debería haber enviado en las últimas horas y a través de sus abogados un único y rápido mensaje: la dimisión de todos sus cargos públicos y de todas sus relaciones con instituciones públicas. Debería entender que las acusaciones son de tal gravedad que, al margen de la defensa que considere más oportuna, lo mejor para las instituciones a las que representa profesional y políticamente es que abandone sus puestos.

Tal vez se lo impide ese sentimiento de estar noqueado que expresan sus ojos perdidos ante la juez. O,  tal vez sea, como ha ocurrido en muchos otros casos, a su convencimiento de que seguir ligado al Fondo Monetario Internacional y al Partido Socialista Francés supone una importante ayuda para su estrategia de defensa. Si se trata de esto último, sería fácil llegar a la misma conclusión que uno alcanza cuando, con frecuencia, observa el comportamiento de muchos políticos: Dominique se quiere mucho así mismo, pero le importan un pito aquellas instituciones a las que representa. Es una pena porque corre el riesgo, si no toma él la iniciativa, de que sean las propias instituciones, y a la vista del cariz que van tomando los acontecimientos, las que decidan cesarle para mayor escarnio.

Esto confirmaría que el problema provocado por esa supuesta violencia sexual de Strauss-Khan contra la camarera de un hotel, de la que se ocupa ya la justicia federal norteamericana, tiene mucho que ver con la falta de actuación rápida y severa cuando se producen comportamientos faltos de la más mínima ética. Dominique protagonizó algunos hechos que deberían haber provocado su incapacidad para dedicarse al mundo público de la economía y la política. Pero se consistió. Y es verdad que aquellos comportamientos no conducen necesariamente a actos del tipo de los que ahora se acusa a Strauss-Khan, pero pone unos necesarios límites y obliga a los responsables públicos a mantener un estricto comportamiento ético. Ese mínimo comportamiento ético que  ahora mismo debería haberle movido a presentar su dimisión.

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