May amarra sólo el apoyo político de la UE

La 'premier' recibe en Bruselas una declaración sin peso jurídico para relajar el impacto de la salvaguarda para la frontera de Irlanda  

Los jefes de Estado y de gobierno de los Veintisiete ofrecieron ayer a Theresa May una declaración política en la que refuerzan su compromiso de no activar el 'backstop' o solución de emergencia que evita una frontera dura en Irlanda. Este texto de buena voluntad, que al cierre de esta edición marcaba el mínimo común denominador del acuerdo entre las delegaciones, es a todo lo más que los líderes parecían estar dispuestos a llegar durante la cena que mantuvieron después de que la británica abandonara la sala tras explicar sus pretensiones en apenas un cuarto de hora. Esa declaración, un texto sin sustento jurídico, es la herramienta que se ha ofrecido a la 'premier' para que intente el segundo asalto a Westmister y consiga la ratificación parlamentaria de lo ya acordado sobre el 'brexit'.

Pero no tiene la carga que ésta pretendía. Vino a Bruselas pidiendo «garantías políticas y legales» para diluir la interpretación que más enerva a los eurófobos de su partido conservador; que Reino Unido quedaría «atrapada» en una unión aduanera sine die. Por eso durante la noche se jugó otra carta: la de la extensión del Artículo 50 (la base legal de la excisión). Más tiempo para un 'brexit' que genera ya hartazgo. La cláusula permite estirar el chicle y algunos presidentes como el rumano Klaus Iohannis (Rumanía cogerá el testigo de Austria en la presidencia temporal del club), ya lo habían advertido antes de sentarse a escuchar y decidir. siempre dentro de un orden.

Porque los 585 folios del Acuerdo de Retirada, el único de los dos documentos jurídicamente vinculantes del pacto de divorcio no se tocará. Es un tratado laborioso que ha exigido más de 17 meses de negociaciones; se firmó el pasado 25 de noviembre (hace algo más de dos semanas) y modificarlo es un salto al vacío de consecuencias impredecibles. Primero, porque no garantizaría que May ablandase a los eurófobos de su partido («este es un problema británico-británico», incidieron fuentes diplomáticas). Y porque la sola mención de mover una coma de ese tratado molestaba (y mucho) a la mayoría de los socios -España, que no lo consiguió con Gibraltar, insistía ayer en que el agravio sería «inaceptable»-. Vamos, que como dijo el presidente portugués António Costas, solo «una iluminación divina podría reabrir». Y ésta no llegó.

Lo más parecido fue una epifanía a propuesta del Canciller austriaco, Sebastian Kurz. Apuntó directamente a hacer cambios en la declaración sobre la relación futura, un documento igualmente político, de buenas voluntades, cuya redacción también se firmó el pasado 25 de noviembre. «En ese texto se podrían detallar y definir algunas cosas, ahí tenemos algo de margen que debemos aprovechar», invitó a sus colegas horas antes de que arrancara la sesión sobre el Artículo 50 de este Consejo Europeo.

Kurz, como lo hicieron otros ministros y presidentes europeos, felicitó a May tras superar el mal trago que tuvo que pasar el miércoles. Estaba en Bruselas horas después de haber sobrevivido a la última estocada de sus compañeros de partido. En clave interna, la británica ratificó que no competirá por el liderazgo 'tory' en las elecciones de 2022 -uno de los movimientos más efectistas que tuvo que ejecutar el miércoles para conseguir superar la moción de confianza-. Y en el asunto medular del cónclave de Bruselas, el 'brexit', fue franca en lo que se refiere a sus expectativas. Tras mantener una nueva bilateral con Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, aseguró que no esperaba recibir "garantías de forma inmediata" en esta cita.

La última puerta

Pedía «garantías» de que el 'backstop' irlandés nunca se va a llegar a ejecutar -ésta sería la ultima puerta hábil en el acuerdo del 'brexit' si no se sella antes un pacto comercial Reino Unido-Unión Europea, pero nunca se abriría antes de dos a cuatro años, lo que dure la retirada transitoria-. Ante la reioteración europea de que quería ayudarla para ganar en Westminster, ella reoplicó que «la mejor manera de hacerlo es garantizar que ese 'backstop' no va a ser permanente». Y sí recibió buenas palabras. Pero el Acuerdo de Salida no se toca.

Angela Merkel se lo planteó subrayando «la calidad» del arreglo. Emmanuel Macron la diría que «el marco jurídico y el acuerdo ya se negociaron». Y el holandés Mark Rutte optó por quitar hierro al 'backstop' («nadie en su sano juicio piensa en aplicarlo», aseveró). Rutte fue comprensivo y el luxemburgués Xavier Bettel protagonizó una de las anécdotas de la entrada al coincidir con May en la alfombra roja ante los periodistas. Ambos se saludaron con afecto -«estás haciendo mi entrevista», bromeó May. «Les estoy diciendo que estamos aquí para ayudarte».

La otra anécdota llegó vía Twitter. La presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaité. Ésta prefirió dejar su reflexión en Twitter. Un mensaje con la imagen de un árbol de Navidad de chocolate. Tras el hastag #brexit escribió «Deseo de Navidad: decide finalmente qué es lo que quieres de verdad y Santa te lo enviará».

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