La ruleta premia a una empresa de relojes de divina inspiración

Un mensaje del papa Francisco marcó a dos veinteañeros que decidieron dejar sus trabajos y crear una empresa que vende[…]

Un mensaje del papa Francisco marcó a dos veinteañeros que decidieron dejar sus trabajos y crear una empresa que vende por internet relojes y gafas, y otra divina inspiración les hizo lanzar una campaña en redes con la que han ganado en un día 200.000 seguidores, tantos que les han cerrado la cuenta.

"Octubre es un mes triste, los lunes son malos, estaba la gota fría y mucha lluvia y pensamos que tendríamos que hacer algo para vender al menos un reloj". Así de sencillo resume Rafael Muñoz, uno de los fundadores de la empresa c21bebrave, el "pelotazo" de una casi improvisada campaña de marketing digital.

Muñoz y su socio, Raúl Hita, quisieron minimizar los malos datos de ventas que marcan los meses de octubre y reeditaron, como en otras ocasiones, una propuesta lúdica para los 47.000 seguidores en la red Instagram que han cosechado desde que lanzaron su empresa.

Su firma, c21bebrave, nació una tarde de verano de 2013 cuando estos dos granadinos veinteañeros, uno licenciado en Relaciones Internacionales y el otro ingeniero, escucharon un mensaje del papa Francisco que animaba a ser valientes, a conquistar sueños y a demostrar que los jóvenes son los reyes del mundo.

Y dejaron sus trabajos y renegaron de esa "generación perdida" en la que estaban encasillados para ejercer de valientes cristianos del siglo XXI, de ahí el nombre de la firma con la que venden relojes y gafas de sol solo por internet y centrados en un público juvenil.

Todo comenzó a la una de la tarde del lunes cuando decidieron poner un entretenimiento en las "historias" de Instagram, la "Clotiruleta", -Cloti es la ayudante virtual en la compra por su web-, y ese azar jugó a su favor y se convirtió en todo un viral de éxito para su empresa.

El juego era sencillo, cualquier usuario debía hacer una captura de pantalla con el quesito que le había tocado, enviarla al perfil de la empresa, que respondería con un descuento u otro para hacer compras en función del número que a cada cual le hubiera tocado.

"No era necesario etiquetar a nadie, ni seguirnos ni nada, solo mandar la imagen para poder usar los descuentos", ha explicado a Efe Rafael Muñoz.

Sin embargo, el jueguecito se les fue de las manos y en 24 horas lograron 200.000 nuevos seguidores, quince millones de impresiones, 400.000 mensajes privados y más de 1.800 pedidos, aproximadamente los mismos que reciben en dos meses buenos de facturación.

La ruleta ha provocado un aumento de las ventas de sus productos de un 10.000 % respecto a un día normal y su difusión pasó de Instagram a otras redes sociales como Twitter, ha detallado Hita.

Aunque la fe es uno de los pilares de la empresa de estos dos chavales de éxito, Instagrm no creyó tanto y les ha cerrado la cuenta para verificar que el crecimiento exponencial de seguidores, impactos e interacciones no es una trampa sino el resultado de una jugada celestial.

Una jugada ganadora que llega cinco años después del primer paso, de aquel mensaje de un nuevo papa que inspiró a estos dos granadinos a crear una empresa de relojes que no vendió el primero hasta un año después de aquel verano.

"Empezamos a avanzar y decidimos profesionalizar la empresa, dejar nuestros trabajos y apostar por ella, crecer de manera online porque no teníamos dinero para una tienda física ni sabíamos como hacerlo de otra manera", ha recordado Rafael.

Entonces, hace un lustro, estos dos chavales discutían si invertir cien o trescientos euros en la firma, "y pusimos doscientos, y hubo un retorno, y fuimos subiendo", han explicado.

Y fueron subiendo hasta los 16.000 euros con los que hace dos años compraron mil relojes, el inicio de una empresa que ahora tiene diez trabajadores y ha logrado una facturación de 1,2 millones sin inversión externa alguna.

Además, convierten cada venta de un reloj en una oportunidad de estudiar porque dedican el 5 % de sus ventas a la Fundación Takeli y así han conseguido pagar 2.500 matrículas escolares a niños de Bodjondè, en Togo. Y eso sí que es divino.

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