Brasil, el país colapsado que heredarán Bolsonaro o Haddad

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El Brasil que dejará Temer a su sucesor es una caja de problemas a punto de estallar. Hay más pobreza, más indigencia y más desempleo. La actividad económica, que había caído 7,4 por ciento en los dos últimos años de Dilma, recuperó apenas uno por ciento en 2017 y podría crecer menos que eso este año.

Si bien sus reservas son abundantes y su deuda está en reales -la moneda nacional- no en dólares, las acreencias ya superan el 80 por ciento del producto interno bruto.

El polémico "techo de gastos" por 20 años, que logró imponer el exvicepresidente de Dilma para restringir por ley las erogaciones fiscales, no sirvió para recuperar la confianza de los inversores que se alejan de Brasil excepto para adquirir empresas públicas -o partes de ella- a precio de subasta.

Es el caso de Petrobras, que cedió parte de sus negocios a Shell, Exxon y British Petroleum, pero también del gigante eléctrico Electrobras y de Embraer, la fábrica de aviones que era orgullo y emblema de los brasileños y que desde julio quedó bajo control de la estadounidense Boeing.

El débil crecimiento viene asociado con un aumento del desempleo que superó 13,4 por ciento en la última medición. Sube también la pobreza, cuya disminución masiva había sido el mayor logro de los 12 años de gobierno del PT, y el consumo cae de manera dramática: el 20 por ciento en el último año.

Diversos economistas sostienen que para salir del atolladero Brasil debe profundizar las reformas de mercado: avanzar en una reforma previsional que aumente la edad jubilatoria, reducir impuestos a la actividad económica y hacer más flexibles las normas de contratación laboral además de seguir achicando gastos.

No obstante, este tipo de propuestas tiene poco consenso cuando se ponen en la agenda electoral. Lo muestra el desempeño en las encuestas de Henrique Meirelles que fue ministro de Hacienda de Temer y saltó a la arena política para ser el candidato del mercado. Datafolha le da apenas dos por ciento de respaldos.

Según las plataformas de los principales rivales hoy, Bolsonaro promete mayor continuidad de las políticas de Temer. Su candidato a ministro de Hacienda, Paulo Guedes, dijo que "no hay límites" cuando se le consultó sobre lo que pretende privatizar el candidato ultraderechista.

En tanto Haddad promete mantener la política desarrollista con sesgo en el mercado interno que había impulsado Lula. Pero quienes conocen a Haddad de su gestión como alcalde de Sao Paulo advierten que el sucesor del líder podría ser mucho más moderado de lo que esperan sus propios votantes.

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