Los bonos venezolanos suben en plena crisis: la apuesta inesperada en renta fija

En medio de un nuevo repunte de la tensión política y geopolítica en Venezuela y América Latina, hay un activo[…]

En medio de un nuevo repunte de la tensión política y geopolítica en Venezuela y América Latina, hay un activo que está rompiendo todos los esquemas: los bonos venezolanos.

Contra todo pronóstico intiutivo, que suele asociar crisis política con huida de capitales, la deuda del país caribeño ha reaccionado al alza, alimentando una de las apuestas más contraria del arranque de año en los mercados emergentes. 

La explicación no está en una mejora súbita de los fundamentales macroeconómicos de Venezuela, sino en un cambio de expectativas.

Para parte del mercado, el endurecimiento del papel de Estados Unidos en la región y el giro explícito de su política exterior hacia América Latina abren la puerta a un escenario que llevaba años completamente descontado: una reestructuración de deuda largamente aplazada y, con ella, mayores valores de recuperación para los acreedores. 

Según el análisis de Loomis Sayles, filial de Natixis Investment Managers, Venezuela se ha convertido en un caso atípico dentro del universo de conflictos geopolíticos recientes. A diferencia de otros episodios de alta tensión internacional, como Ucrania, el mercado no está descontando destrucción de valor, sino opcionalidad

Venezuela, un país aislado y diferente

Venezuela lleva años fuera de los mercados de capitales. El país entró en default en 2017, tras un prolongado deterioro económico agravado por el desplome del petróleo en 2014 y por un entramado de sanciones financieras que dejó a la deuda venezolana prácticamente congelada en manos de inversores especializados. 

Ese aislamiento es clave para entender la reacción actual. A diferencia de otras economías emergentes integradas en los flujos financieros globales, Venezuela no está expuesta a salidas de capital generalizadas, ni sus bonos forman parte de carteras benchmark que se vean obligadas a vender en momentos de estrés. El resultado es un régimen de correlación propio, casi desconectado del resto de la región. 

Desde que Estados Unidos intensificó su presión política y cuestionó abiertamente la continuidad del régimen de Nicolás Maduro, los bonos han empezado a reflejar un escenario binario: o continuidad del bloqueo —ya ampliamente descontada— o apertura a una transición que permita sentarse a negociar con los acreedores. 

El mercado empieza a descontar la recuperación de los bonos

La clave está en el valor de recuperación. Tras casi una década de default, muchos bonos venezolanos cotizan a precios extremadamente deprimidos. En ese contexto, incluso una reestructuración compleja y prolongada podría arrojar retornos atractivos desde niveles actuales. 

Este matiz convierte a Venezuela en un caso radicalmente distinto al de otros países inmersos en conflictos geopolíticos. En Ucrania, por ejemplo, la invasión rusa supuso un shock negativo inmediato para activos soberanos y corporativos, con contagio al conjunto de Europa del Este. En Venezuela, el mercado ya había hecho ese ajuste… hace años. 

Por eso, el repunte reciente de los bonos no responde a una mejora de corto plazo, sino a la percepción de que lo peor ya pasó desde el punto de vista del pricing. Cualquier avance político, por limitado que sea, añade convexidad a la inversión. 

Sin contagio regional...salvo una excepción

Otro elemento que tranquiliza a los inversores es la ausencia de contagio al resto de América Latina. Los vínculos comerciales y financieros de Venezuela con la región son hoy marginales. Para la mayoría de los países latinoamericanos, las exportaciones al país apenas representan una fracción irrelevante de su comercio exterior. 

La gran excepción es Colombia. Con una frontera compartida, una crisis migratoria latente y una relación política tensa entre Gustavo Petro y Donald Trump, Colombia aparece como el activo regional más vulnerable a un deterioro del escenario venezolano. Aun así, incluso en este caso, el impacto sería indirecto y muy localizado. 

Paradójicamente, en un escenario de normalización en Venezuela, Colombia podría convertirse en uno de los grandes beneficiados, recuperando flujos comerciales que en el pasado fueron relevantes. 

Petróleo, oro y materias primas

Desde el punto de vista de las materias primas, el impacto del caso venezolano también refuerza la tesis de los bonos. Venezuela apenas representa alrededor del 1% de la producción mundial de petróleo, y cualquier aumento significativo de la oferta requeriría inversiones masivas y estabilidad institucional, algo que el mercado no da por hecho. 

Donde sí hay una lectura más clara es en el oro. La incertidumbre geopolítica, unida a las dudas sobre el papel del dólar en un orden internacional cada vez más fragmentado, sigue alimentando la demanda del metal precioso como activo refugio. 

Una apuesta no apta para todos los inversores

En este escenario, el rally de los bonos venezolanos no es apto para todos los inversores. Se trata de una apuesta altamente especulativa, sensible a titulares políticos y con horizontes temporales largos.

Pero precisamente por eso resulta tan llamativa: en un mercado obsesionado con el corto plazo, Venezuela vuelve a aparecer como un activo donde el tiempo —y la paciencia— pueden jugar a favor. 

En plena crisis, el mercado no está comprando estabilidad. Está comprando opciones sobre el cambio. Y ahí, Venezuela vuelve a sorprender. 

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