El dilema del BCE: inflación o crecimiento

El BCE se mostrará cauteloso en la reunión de diciembre, ante las perspectivas de un menor crecimiento por la variante de coronavirus

Inflación o crecimiento. La variante ómicron amenaza con poner patas arriba la hoja de ruta que los bancos centrales habían trazado con tanto esmero.

El dato de inflación de la eurozona podría haber puesto contra las cuerdas al Banco Central Europeo (BCE), obligándole a desplegar un discurso más agresivo.

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Y es que los precios subieron para el conjunto de los 27 ocho décimas en noviembre, hasta el 4,9 por ciento, empujados por un incremento de la energía del 27,4 por ciento, según la primera estimación difundida por la agencia de estadística comunitaria Eurostat

El aumento de los precios se aproxima ahora al triple del objetivo de inflación del 2 por ciento del Banco Central Europeo (BCE) y hubiera ejercido una mayor presión sobre su postura dovish, explica Ben Laidler, estratega de mercados globales de la plataforma de inversión en multiactivos eToro.

Sin embargo, la llegada de la variante ómicron ha despertado el miedo a nuevas restricciones y, por ende, una desaceleración económica. Estaríamos, por lo tanto, en el peor escenario posible, indican los analistas.

Los bancos centrales actuarán con cautela

Ante esta incertidumbre, ¿cómo actuarán los bancos centrales?. Para empezar, el BCE seguirá actuando con cautela cuando piense en endurecer su política. “Los riesgos de crecimiento económico se incrementan. El debilitamiento del euro es un apoyo bienvenido para la competitividad económica y empresarial del continente”, explica Laidler.

Esto ha hecho que las perspectivas de incremento de la facilidad de depósito de 10 puntos básicos para 2022 hayan retrocedido esta semana y ya el mercado da por descontado que el organismo no actuará en ese sentido.

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También está claro que retrasará la subida de tipos de interés de la Reserva Federal estadounidense de junio a julio.

Ómicron, inflación y crecimiento, un cóctel difícil de digerir

Esto se debe a que la llegada de ómicron ha supuesto una amenaza difícil de gestionar para los bancos centrales.

Por un lado, el presidente de la Fed ha reconocido que "una mayor preocupación por el virus podría reducir la disposición de la gente a trabajar presencialmente, lo que ralentizaría el progreso en el mercado laboral e intensificaría las interrupciones en la cadena de suministro”.

Como consecuencia los precios seguirían presionando al alza. De hecho, Powell también cree que “los factores que impulsan la inflación al alza persistirán el año próximo”.

¿Cuál es la consecuencia?. Inflación y estancamiento, en suma estanflación (stagflacion). ¿Cuál es la traducción de estos términos macroeconómicos en la econía real?

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Los consumidores retrasan compras de bienes duraderos (automóviles y electrodomésticos) a la espera de la normalización de los canales de distribución.

Todos atentos a la reunión del BCE

El mercado estará muy atento a la reunión del BCE de diciembre, en dos semanas.

Se espera que la presidenta, Christine Lagarde, no sólo actualice las previsiones macro y de inflación sino que mantenga su discurso acomodaticio.

De momento ya ha habido un pequeño adelanto por parte del vicepresidente de la institución, Luis de Guindos.

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“Es probable que el Banco Central Europeo siga comprando bonos del Estado hasta 2022 para impulsar la economía del bloque, e incluso podría reanudar las adquisiciones de su programa de compras de emergencia para la pandemia (PEPP, por sus siglas en inglés) tras alcanzar su actual fecha límite de marzo”, indicó en una entrevista.

Con esto, indicaba que el organismo no descarta volver a retomarlo si la incertidumbre provocada por la nueva variante tuviera consecuencias negativas sobre el crecimiento.

Como consecuencia, el incremento de tipos sólo se produciría una vez que terminara el programa, lo que implicaría que este incremento no se llevaría a cabo en 2022.

Una posibilidad sería que fuera en 2023, pero tampoco habría que descartar que se prolongara aún más en el tiempo una política económica laxa.

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