El efecto dominó del petróleo se extiende al diésel y sacude los mercados
El bloqueo en el Estrecho de Ormuz dispara el precio del petróleo y el diésel, amenazando con una nueva escalada inflacionista global y recortes masivos en la producción de los países del Golfo
La crisis energética provocada por la escalada de las hostilidades en la guerra de Irán ha provocado un peligroso efecto dominó que ha trasladado el impacto desde los precios del petróleo hasta los del diésel, sacudiendo de un plumazo a los mercados globales.
Lo que comenzó como un repunte del petróleo ante las tensiones geopolíticas de la región se está transformando en un shock energético de manual, una perturbación pura de oferta en toda regla que amenaza con disparar los costes empresariales y la inflación, colocando a los bancos centrales entre la espada y la pared.
El detonante de este movimiento ha sido el cierre virtual del Estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más importantes del planeta. Por este paso marítimo circulan habitualmente unos 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, una quinta parte del comercio mundial de crudo.
Sin embargo, las tensiones militares y los riesgos para la navegación han reducido drásticamente el tráfico: en estos momentos apenas 2 o 3 petroleros cruzan al día frente a los 30 o 35 habituales, según estimaciones recogidas en un informe de UBS.
El petróleo, en máximos de dos años
Este bloqueo parcial ha provocado un fuerte repunte de los precios del petróleo, que se han disparado en torno a 20 dólares por barril en apenas una semana, alcanzando niveles que no se veían desde mediados de 2024.
Pero más allá del crudo, los analistas advierten de que el verdadero riesgo para los mercados está en el efecto dominó que empieza a extenderse a los productos refinados.
Uno de los síntomas más claros de esta tensión se observa en el mercado del diésel. Los contratos de gasoil en Europa y el gasoléo de calefacción en Estados Unidos, ambos referencias del diésel, ya cotizan por encima de los 150 dólares por barril, un nivel que supone prácticamente duplicar los precios desde comienzos de año.
Tensiones en la cadena energética
La interrupción de los flujos comerciales está empezando a tensionar toda la cadena energética, desde el transporte marítimo hasta la logística global.
Este lunes se conocía que Arabia Saudí ha comenzado a reducir su producción de petróleo a medida que el bloqueo casi total del crítico Estrecho de Ormuz empieza a saturar los tanques de almacenamiento, según fuentes consultadas por Bloomberg.
La medida del reino, el mayor exportador de petróleo del mundo sigue los pasos de los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak.
Para los analistas, esta evolución es especialmente preocupante porque el diésel es un combustible clave para transporte, industria y comercio internacional, lo que amplifica su impacto en la inflación y en la actividad económica.
Problemas de almacenamiento y producción
La situación también está generando tensiones en los propios países productores. La drástica reducción del tráfico marítimo está provocando cuellos de botella logísticos, ya que el petróleo cargado en los puertos del Golfo encuentra dificultades para salir al mercado internacional.
Algunos países ya están empezando a sentir el impacto. Irak, por ejemplo, cuenta con capacidad de almacenamiento muy limitada, lo que ha obligado a detener parte de su producción al no poder exportar el crudo acumulado.
Otros productores de la región, como Kuwait, también estarían reduciendo gradualmente su bombeo por el mismo motivo.
Es cierto que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos cuentan con algo más de margen gracias a infraestructuras alternativas. En el caso saudí, parte del crudo está siendo desviado a través del oleoducto Este-Oeste hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando así el paso por el estrecho.
No obstante, en el banco suizo advierten de que estas alternativas solo pueden compensar una parte del suministro perdido si el bloqueo marítimo se prolonga.
Un mercado cada vez más tensionado
La derivada más peligrosa para los mercados es que todo este escenario provoque un nuevo episodio de escalada inflacionista, justo cuando los bancos centrales han puesto fin al ciclo de subidas de tipos.
En este contexto, los analistas advierten de que el mercado podría entrar en una fase aún más volátil si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado durante un periodo prolongado.
Según UBS, cuanto más tiempo se mantenga la interrupción de los flujos, mayor será el número de productores obligados a recortar su oferta, lo que presionaría todavía más al alza los precios del crudo.
El amargo recuerdo de la crisis de 1973
El shock energético al que se enfrentan los inversores guarda muchos paralelismos con la crisis del petróleo que se desató en 1973 con la guerra del Yom Kippur, y que también involucó a Israel y los países árabes.
Para la economía mundial fue un shock de oferta puro, que incremento los precios de la energía, los costes empresariales y disparó la inflación, lo que dio lugar a que los economistas acuñaran por primera vez el término estanflación.
Aunque la economía actual es más eficiente energéticamente que en los años 70, un fuerte repunte del petróleo podría reavivar la inflación y frenar el crecimiento global en un momento en que los bancos centrales aún mantienen tipos de interés elevados.
Por eso, cada subida brusca del crudo vuelve a activar el recuerdo de 1973 y el riesgo de un nuevo episodio de estanflación global.
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