Draghi: el BCE va a seguir desoyendo la inflación pero no habrá más medidas

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, dijo hoy que va a seguir desoyendo la subida de la inflación, porque es de carácter transitorio, y que es poco probable que apruebe más medidas de estímulo monetario.

Previamente el consejo de gobierno del BCE mantuvo su tipo de interés rector, el que cobra a los bancos por prestarles a una semana, en el mínimo histórico del 0 %, en un momento de incertidumbre política en Europa y pese a la subida de la inflación en la zona del euro hasta el 2 %.

El BCE reconoce que la recuperación económica ha mejorado y que los riesgos para el crecimiento "se han vuelto menos pronunciados pero se mantienen a la baja y están relacionados con factores globales".

Draghi consideró que la inflación de la zona del euro ha subido de nuevo pero por el encarecimiento de los precios de la energía y de los alimentos no elaborados.

Y enfatizó que las presiones sobre la inflación subyacente, que descuenta estos elementos más volátiles, son "débiles".

Por ello el consejo de gobierno continuará desoyendo los cambios en la inflación porque considera que son transitorios y que no van a tener implicación en las perspectivas para la estabilidad de precios a medio plazo.

"Esperamos que el consejo de gobierno siga en el modo de esperar y ver los próximos meses y anuncie otra retirada de los estímulos monetarios en septiembre, que se aplicará a comienzos de 2018", considera el economista jefe para la zona del euro de UniCredit, Marco Valli.

El presidente del BCE se mostró convencido de que se han vencido los riesgos de deflación, riesgos que llevaron a la entidad a bajar los tipos de interés al 0 %, a cobrar a los bancos un 0,4 % por el exceso de sus reservas y a aprobar los estímulos monetarios.

"Ya no hay esa sensación de urgencia para tomar más medidas. "Esa urgencia causada por los riesgos de deflación ya no existe", dijo Draghi.

El BCE ha revisado al alza sus pronósticos de crecimiento e inflación de la zona del euro para 2017 y 2018.

Prevé ahora un crecimiento del 1,8 % este año (1,7 % pronosticado en diciembre), con una inflación del 1,7 % (1,3 %) y para el 2018 un crecimiento del 1,7 % (1,6 %) con una inflación del 1,6 % (1,5 % en diciembre).

Para 2019, considera un crecimiento del 1,6 % y una inflación del 1,7 %, sin cambios.

En el horizonte temporal de dos años, el que tiene en cuenta el BCE en su política monetaria, la inflación se sitúa todavía por debajo de su objetivo, que es un porcentaje cercano al 2 %.

Estas previsiones dejan entrever que los expertos del BCE todavía no confían en que los precios de la zona del euro vayan a subir de forma sostenida.

Draghi dio este mensaje en varias ocasiones durante la rueda de prensa: "no hay señales de una tendencia alcista convincente en la inflación subyacente".

"Las medidas de inflación subyacente, sin embargo, han permanecido bajas y se prevé que suban sólo gradualmente a medio plazo, apoyadas por nuestras medidas de política monetaria, la recuperación económica esperada y la correspondiente absorción de la capacidad productiva inutilizada de la economía (slack)", dijo Draghi.

El BCE confirmó también que va a comprar deuda pública y privada de la zona del euro por valor de 80.000 millones de euros mensuales hasta finales de marzo y que en abril reducirá esta cantidad hasta 60.000 millones de euros durante nueve meses o más en caso necesario.

Decidió también que no va a prolongar las operaciones de refinanciación de los bancos a cuatro años.

"En la rueda de prensa de hoy, el BCE dibujó una imagen de color rosa de la economía de la zona del euro", considera el economista jefe de Commerzbank, Jörg Krämer.

"Draghi está erigiendo barreras a unos tipos de interés más elevados y no sin razón. Las causas de la crisis de endeudamiento soberano están todo menos resueltas, especialmente en Italia. Los partidos euroescépticos avanzan en varios países", añadió Krämer.

El economista jefe de Commerzbank considera que los ministros de Finanzas de los países muy endeudados presionan a través de sus representantes en el BCE para que la política monetaria siga muy expansiva, ya que hay diferencias entre el norte y el sur de la zona del euro sobre la independencia del banco central y la disciplina presupuestaria.

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