Moscovitas se manifiestan ante polémicos planes de demolición de viviendas

Los moscovitas que participaron hoy en un mitin contra los polémicos planes de demolición de las viviendas de la época soviética demandaron la dimisión del alcalde, Serguéi Sobianin, al que acusan de querer desalojarlos ilegalmente.

"¡Estamos en guerra! Es una guerra por los terrenos de Moscú", proclamó Svetlana, una pensionista que se opone al derribo de su vivienda, un edificio de cinco plantas.

El acto fue convocado para protestar contra "la deportación", como llaman sus detractores al programa de "renovación" de la vivienda del Ayuntamiento, que incluye la demolición de unas 5.000 casas.

"Por los derechos de los moscovitas" fue el nombre del mitin celebrado en una plaza del norte de Moscú, precisamente donde son legión los que se oponen a un plan aprobado públicamente en febrero por el presidente ruso, Vladímir Putin.

"¡Sobianin dimisión!", fue el grito de los manifestantes, muchos de ellos personas de más de 50 años y pensionistas, precisamente el granero electoral de Putin, que buscará la reelección en marzo de 2018

Este mitin, en que muchos denunciaron presiones por parte de los funcionarios municipales, tendrá su continuación mañana con otro acto de protesta convocado por varios partidos liberales.

"La base jurídica que han introducido permite (...) derribar cualquier casa. Si aprueban esa ley, mi casa tampoco estará a salvo", dijo el opositor Vladímir Mílov, uno de los organizadores del mitin, que acusa al alcalde de favorecer a las grandes empresas inmobiliarias.

Ésta fue la segunda concentración masiva en protesta contra dicha ley desde la que congregara el pasado 14 de mayo a cerca de 30.000 personas y que sorprendió a todos los analistas.

"No pararemos. Acudiremos a los tribunales. Seguiremos participando en mítines y manifestaciones. Lucharemos por nuestra casa. Mis cuatro hijos nacieron en esa casa. Me mudé a esa zona por ellos. No pienso moverme", aseguró a Efe Ruslán, de 35 años.

Según el plan, el Ayuntamiento se propone derribar unas 5.000 casas prefabricadas de cinco plantas o "jruschovki", ya que fueron en su mayoría construidas en tiempos del líder soviético, Nikita Jruschov (1953-1964), para hacer frente al "boom" demográfico de la posguerra.

"¿Por qué quieren destruir nuestra casa? Porque está cerca del Jardín Botánico, uno de los mayores pulmones de Moscú. Prometen que a cambio nos darán casas nuevas, pero es mentira. No hay ninguna ley que diga eso", señaló por su parte Daria, vecina del noreste de la capital, en un aceptable español.

Muchas de las casas incluidas en la lista de demolición no están en estado ruinoso, como asegura el Ayuntamiento, ya que son de ladrillo y aún se encuentran en buen estado y sus propietarios no quieren abandonarlas, ya que están junto a zonas verdes o céntricas.

Pese a las enmiendas y garantías introducidas a la ley y la decisión de adelantar a principios de junio el debate parlamentario, muchos moscovitas siguen acusando a las autoridades de violar el derecho a la propiedad.

"Somos propietarios y, según la ley, el terreno también nos pertenece. Si nos echan, crearán un precedente e infringirán la Constitución que defiende la inviolabilidad del derecho a la propiedad", comentó Ludmila, que compró en 2003 una casa en un edificio de cinco plantas en una zona verde del este de Moscú.

El plan se ha convertido en una patata caliente para Putin, quien ya tuvo que recular una vez, devolver la ley a la Duma y convocar votaciones en los edificios afectados para decidir sobre las demoliciones.

Pero eso tampoco ha sido una panacea, ya que los resultados de las votaciones han despertado ya numerosas suspicacias y acusaciones de fraude, y esta semana los tribunales tramitaron oficialmente la primera denuncia contra la ley.

"En nuestro edificio más de la mitad votamos en contra del programa, pero algunos de sus votos fueron invalidados. Además, sabemos que en otros barrios gente que votó en contra aparecieron con su foto como voto a favor de la demolición. Tenemos miedo de que nos engañen", señaló Ruslán.

A la vista del descontento, que empieza a ser aprovechado por la oposición, y ante la posible sangría de votos en las presidenciales, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, se apresuró a asegurar esta semana que la idea no fue de Putin.

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