La inflación sin freno y el dólar en alza llevan a Macri a su peor momento

La expectativa de los argentinos sobre el futuro de su país no es buena, y según las encuestas, ya dudan de que Mauricio Macri sea capaz de arreglarlo. La inflación sigue por las nubes y el peso vuelve a dar tumbos frente al dólar, moneda a la que el ciudadano de a pie siempre mira de reojo.

Esta semana ha sido negra para el Ejecutivo macrista: en solo siete días, el dólar ha pasado de costar 20,80 pesos -el 26 de abril- a 23,30 ayer. Solo la venta masiva de dólares por parte del Banco Central (BCRA) y tres subidas de la tasa de interés -del 27,25% al 40 %-, así como la reducción de la meta de déficit fiscal, han conseguido que el cierre fuera hoy de 22,20.

Esta situación, en un país donde todo el mundo cobra en pesos y con una constante inflación -en 2017 los precios subieron un 24,8 % y solo en el primer trimestre de este año avanzaron un 6,7 %- no ha hecho sino aumentar la incertidumbre al mismo ritmo que cae en picado la imagen del jefe de Estado.

"Estamos en un momento donde si buscáramos palabras para retratar la opinión, todas empiezan con 'des', como desesperanza", explica a Efe el analista político Jorge Giacobbe, cuya consultora ha registrado desde noviembre una caída de la imagen Macri de 15 puntos, seis de ellos solo en el último mes.

A la par, también han descendido las expectativas de futuro, la imagen de los ministros y sobre todo la sensación de que Macri puede controlar la inflación, un problema ya endémico de la economía argentina cuya derrota se propuso el mandatario desde el principio pero todavía no logró.

El país registró en 2017 un índice de precios de casi el 25 %, y aunque supuso un fuerte descenso respecto a 2016 -que según cálculos privados fue del 40,3 %- queda lejos del 17 % que el BCRA había marcado como meta para el año pasado.

Todo pinta a que 2018 no va a ser mejor. El límite establecido es del 15 %, pero de enero a marzo la inflación ya ha llegado a casi la mitad de esa cifra, principalmente por los fuertes aumentos dictados por el Gobierno en las tarifas de la electricidad o el gas.

"El gobierno heredó un déficit fiscal significativo -del Gobierno de Cristina Fernández (2007-2015)- que se financiaba dándole a la maquinita (de dinero), y en consecuencia Argentina vive un proceso inflacionario que no pudo todavía contener", contó a Efe el analista económico Ramiro Castiñeira.

Ante la preocupación social por la depreciación de la moneda nacional, cuyos históricos vaivenes han educado a la sociedad a depender fuertemente de la moneda estadounidense, esta mañana el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, convocó de urgencia a la prensa para ratificar el rumbo económico del país y anunciar la reducción de su meta anual de déficit fiscal del 3,2 % al 2,7 %, para infundir confianza.

Para el Gobierno, que insiste en que la economía está en crecimiento, la caída del peso -la mayor del mundo emergente desde comienzo del año, con la excepción del bolívar venezolano- no es un caso único y se debe a la subida de las tasas de interés en Estados Unidos.

También a la "incertidumbre doméstica" por la eventual presión fiscal que llegaría si se aprueba en el Congreso un "irresponsable" proyecto de la oposición contra los aumentos tarifarios, que tendría un costo, al cambio, de unos 8,7 millones de dólares, y que se prevé que Macri vete en caso de ser aprobado.

"La combinación de no lograr contener la creación de dinero - -que crece a un ritmo del 30 % interanual- y una oposición que dice 'no hagas ajuste fiscal' fue un estrés en el mercado cambiario que si bien puede que lo haya detonado el contexto internacional, la pólvora es claramente el mercado local", agregó Castiñeira.

Mientras, las colas en las casas de cambio aumentan y los nervios y el 'no saber qué hacer' de los ciudadanos se mezclan con la continua mención al año 2001, cuando Argentina vivió la peor crisis de su historia, agravada por el "corralito" que impidió a los ciudadanos la libre disposición del dinero en los bancos.

Aunque la mayoría de analistas descartan por ahora esa situación, sí consideran que a largo plazo dependerá de la estrategia del Gobierno, que opta por el gradualismo para poner en orden la economía, que en 2017 creció el 2,9 %.

"Solo las cuentas públicas sanas permiten una moneda sana. Toda la Unión Europea aboga por un déficit menor a 3 puntos del PIB y Argentina tiene ahora un déficit fiscal de 7 puntos. Ese desbarajuste genera una toma de deuda fuerte o una emisión monetaria significativa", remarca Castiñeira.

Según añade, urge acomodar las cuentas para dejar de apelar a la deuda externa o al financiamiento monetario.

Como también es necesario para el Gobierno actuar más a favor de la gente, cansada de no notar las mejoras económicas y de los incontables aumentos tarifarios. Y parte de ese desesperación es considerar que no hay alternativa a Macri en la dividida oposición.

De una "idealización inicial" de la figura del mandatario para sanear la economía tras la polémica gestión de Fernández -con un fuerte proteccionismo y restricciones para el acceso a divisas extranjeras-, la población duda ahora que el presidente controle la situación.

"Lo que ha sucedido es que el Gobierno ha pedido un esfuerzo enorme que más la inflación y el aumento de tarifas, parecen estar cruzando el umbral del dolor permitido", reconoce Giacobbe.

Un compendio de cosas que se traducen en un descontento popular que corre el peligro de exacerbarse en las ya de por sí beligerantes calles argentinas.

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