El PSOE teme que la cita con Iglesias ponga punto final al sueño de Sánchez

Los socialistas supeditan ahora el encuentro a que Podemos deje de hablar de «sillones» y se avenga a acordar políticas

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l PSOE anda con pies de plomo. Sabe que el compromismo adquirido por Pedro Sánchez para celebrar un encuentro con Pablo Iglesias antes de las vacaciones de Semana Santa es un arma de doble filo. Si consigue desbloquear las negociaciones sobre la investidura, el líder socialista volverá a colocarse en el centro del tablero político como única opción viable para la Presidencia del Gobierno; si sale de la cita con un nuevo portazo, se hará patente que su partida ha terminado de manera definitiva. Ahora, busca el modo de salir airoso del envite. A media tarde del martes, los socialistas se negaban a admitir que finalmente no habrá entrevista esta semana y seguían apelando a los esfuerzos del gabinete de Sánchez para cuadrar agendas, pero su portavoz en el Senado, Óscar López, ya había admitido por la mañana que la cita estaba en el aire. «No es cuestión de hacer reuniones y fotos para nada o para escenificar desacuerdos -adujo-; se hará cuando constatemos que Podemos está dispuesto a hablar de política». Según su discurso, de momento Pablo Iglesias no lo está. «Sigue queriendo hablar de sillones».

En realidad, el líder del nuevo partido de la izquierda no ha hecho, al menos públicamente, ninguna consideración respecto a cuál debe ser el contenido de las conversaciones, pero fuentes de la ejecutiva socialista aseguran que en las conversaciones que se han mantenido en los últimos días entre los segundos niveles de ambos partidos ha quedado claro que Podemos sigue empeñado en hablar de la composición de un eventual Gobierno en el que él habría de ocupar una vicepresidencia con amplias competencias.

Ese esquema desplazaría el centro de las conversaciones a un espacio que los socialistas rechazan. Podemos insiste en que el pacto «numéricamente más viable y programáticamente más coherente» es el que el PSOE podría suscribir con ellos y el resto de fuerzas de la izquierda (Unidad Popular y Compromís). Los socialistas se mantienen en que esa alianza es imposible porque obligaría a hacer descansar el Ejecutivo sobre dos partidos, ERC y Convergència, que persiguen la ruptura de España. E insisten en que la única solución real está en el entendimiento entre PSOE, Podemos y Ciudadanos.

Iglesias y Rivera fueron a un programa de televisión que ven seis millones de personas ('Salvados')-recordó hoy López en RNE- y salieron de allí poco a menos que amigos, diciendo que iban a regenerar la política ¿Ahora resulta que no se pueden sentar?¡Venga, vamos a ello! ¡Vamos a ver la nueva política!».

Tira y afloja

La situación se mantiene, pues en el mismo tira y afloja que ya se produjo antes de la investidura fallida de Pedro Sánchez el pasado día 4. El PSOE pretende que Podemos se avenga a hablar de propuestas porque cree que, en el fondo, hay muchas de las cuestiones que ellos pactaron con la formación de Albert Rivera que podrían ser asumibles por el partido de Iglesias. Podemos se niega porque es consciente de que, si se deja atrapar en esa red, tendrá muy difícil justificar una marcha atrás. Ya estuvo a punto de ceder a finales de febrero, tras casi dos semanas sin sentarse a negociar, pero el tremendo boato que Sánchez dio a su entente con Ciudadanos le proporcionó finalmente la excusa perfecta para romper la baraja.

Ahora, uno y otro tienen en Izquierda Unida (cuyo 'sí' también precisa Sánchez) un punto de enganche, pero el asidero es inestable. Aunque Alberto Garzón se avino a retomar las conversaciones interrumpidas tras el abrazo del PSOE a Rivera, ha dejado claro que las políticas sociales que ellos defienden son incompatibles con las políticas económicas que propugna la formación de centro derecha. Y lleva días advirtiendo: si Sánchez e Iglesias hablan que sea para despejar la incógnita; o pacto o elecciones. «Que dejen de marear la perdiz»

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