Qué hacer con las acciones de Grifols tras su vuelta a mínimos de hace una década

Grifols ha vuelto a niveles de cotización de 2012 y se ha asentado como farolillo rojo del IBEX 35, pero mantiene un gran potencial de revalorización

Después de dejarse un 40 por ciento durante un mes fatídico para sus intereses, Grifols logró registrar el 21 de marzo una jornada de buenos avances que, sin embargo, no logró disimular su cruda realidad en estos momentos: la de un valor asentado como farolillo rojo del IBEX 35 en 2023 y que, con su caída hasta los poco más de 8 euros, volvió a niveles de cotización de hace más de una década.

Porque la salida de Steven F. Mayer y las previsiones conservadoras hechas por Grifols para 2023 acercaron a la empresa durante los primeros días de marzo a un terreno que solo pisó anteriormente durante octubre de 2022 y en 2012, y el pánico desatado en las bolsas tras el colapso de Credit Suisse le empujaron definitivamente hacia este terreno durante la semana pasada.

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Ante esta tesitura, las dudas en torno a la biofarma pasan por su capacidad para volver a convencer al mercado acerca de su capacidad de recuperación bursátil — como ya hizo durante el breve mandato de Mayer —.

Y el consuelo es que, a ojos de los analistas, puede hacerlo. Para ello, no obstante, los inversores tendrán que esperar dos cosas.

La primera es la publicación de unas cifras de negocio del primer trimestre del año que no llegará hasta el mes de mayo.

La segunda, por otro lado, es que Grifols termine de definir qué estrategia de desinversión piensa seguir para acelerar su ratio de desapalancamiento, tranquilizando así al mercado respecto a su elevada deuda.

Grifols mantiene su precio objetivo a pesar de su desplome

Cuando Grifols comenzó su descenso hacia los infiernos bursátiles durante el primer trimestre de 2023, la opinión de los expertos respecto al mal desempeño de la compañía fue clara: la biofarma no ayudó a su estabilidad al alimentar la incertidumbre en su cúpula, y decepcionó con sus guías para el año.

Lo curioso es que, a pesar de este diagnóstico negativo generalizado y al castigo de los inversores, Grifols mantuvo el precio objetivo estimado por prácticamente todos los expertos, gracias a la confianza de esto en que el tiempo devolverá a la empresa a su cauce de crecimiento.

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En consecuencia, entidades como Caixabank, Banco Sabadell o JB Capital Markets reiteraron sus recomendaciones de compra durante las últimas semanas, mientras que otras firmas más cautas respecto al valor decidieron no recortar sus estimaciones, como ocurrió con JB Capital Markets, o incluso con un Morgan Stanley que rebajó su postural a neutral, pero no el precio objetivo de 14 euros que marcó en diciembre.

Así pues, todos estos movimientos asentaron a Grifols en un precio objetivo promedio de 17,32 euros en el que ya se movía antes de iniciar su desplome. Y con su caída hasta los 8,88 euros marcados en su gráfica a fecha del 21 de marzo, su potencial de retorno se disparó hasta el 95 por ciento.

En este sentido, la promesa de recuperación que presenta Grifols hizo que hasta firmas con reservas hacia la empresa concedieran que sus acciones presentaban una oportunidad.

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Así ocurrió, por ejemplo, con JP Morgan, que mantuvo su postural neutral respecto a la cotizada del IBEX 35, así como su precio objetivo de 12 euros, pero afirmó que sus acciones "parecían baratas".

"Grifols cotiza a unas 9 veces su ratio de valor respecto al ebitda en relación con las estimaciones para 2024, lo que resulta atractivo para una empresa que, incluso en un escenario competitivo bajista, está preparada para protagonizar un par de años de crecimiento, seguidos de una perspectiva ampliamente estable", aseguraron desde el banco norteamericano.

Dicho esto, la entidad financiera estadounidense reincidió sobre sus dudas respecto a la expansión de márgenes que pueda registrar la compañía, y mostró su preocupación por el hecho de que la empresa "restó importancia a la posibilidad de que se produzca una desinversión de forma inminente".

Por tanto, si Grifols arrojara más luz respecto a este elemento, que principalmente pasa por la venta parcial de Shanghai RAAS, podría ayudar a voltear su situación.

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Hasta entonces, los inversores dispuestos a apostar por la empresa tendrán que limitarse a esperar, y confiar en que la compañía no atraviese nuevos baches.

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