Cuando Grifols es "un acertijo desafiante"

El retraso en la recuperación de Grifols, sumado a la incertidumbre de su deuda y sus complicaciones legales ponen trabas a los inversores que apuestan por la firma

Grifols lleva tiempo anticipando una recuperación de su salud financiera que no termina de llegar, y en consecuencia, divide al mercado a la hora de discernir cuáles son sus perspectivas bursátiles a corto y medio plazo.

De esta partición se derivó el hecho de que firmas como Berenberg rebajaran levemente el precio objetivo de las acciones de la compañía, a pesar de seguir manteniéndolos muy altos respecto a sus niveles actuales.

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Mientras otras, como Banco Santander, reiteraban su apuesta, elevando el precio objetivo de los títulos desde los 23,3 euros hasta los 26 euros.

El cruce de opiniones también provocó que, mientras el bajista AKO Capital irrumpía en el capital social de Grifols posicionándose en corto sobre 3,92 millones de sus acciones, los bonistas decidieran que el mensaje de compromiso de la empresa con su reducción de deuda era suficiente para volver sobre sus instrumentos de renta fija.

Un conjunto de circunstancias que llevaba a Deutsche Bank, una de las firmas que prefería mantenerse cauta ante el futuro inmediato de la empresa farmacéutica española, a reconocer en su último informe que Grifols sigue siendo "un acertijo desafiante".

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Las señales contradictorias de Grifols

"A pesar de estar contar con un ratio de deuda ebitda de 9x, el apalancamiento financiero parece casi navegable", indicaba el informe de Deutsche Bank, que también valoraba positivamente "la recuperación significativa de las operaciones y de los márgenes".

"Por otro lado, la recuperación de los ingresos y el ebitda parece estar tardando más de lo esperado", añadían los expertos del banco alemán, replicando un argumento de retraso en la recuperación de las finanzas que ya bastó a JP Morgan para reprender a la cotizada del IBEX 35.

Es decir, que Grifols ofrece una ratio de deuda que puede manejar, pero sigue causando dudas entre los inversores por lo elevado de su peso. Y en cuanto a la mejora de sus cuentas, su ritmo no es lo suficientemente bueno para contrarrestar el miedo a este apalancamiento.

Desde la entidad financiera germana, además, avisaban de que el debate sobre los riesgos estructurales del mercado que impactaron a Grifols durante la pandemia, "no desaparecerán" a corto plazo.

La apuesta por Grifols, por tanto, se convierte en una cuestión de fe que obliga a los inversores a decidir si su último bajón bursátil, durante el que perdió el 14,88 por ciento de su valor, puede ser el último antes de una subida que le devuelva a su buen momento prepandemia.

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Grifols sigue hurgando en su suelo

La cotización de Grifols al cierre de la jornada del 9 de agosto era cercana a los 14 euros, precio que suponía una clara mejora respecto a los 13,1 euros con los que cerró la jornada del 2 de agosto, y que marcaban el valor mínimo de la empresa en prácticamente una década.

A este amplio recorte, eso sí, contribuyó la denuncia interpuesta por Cerus Corporation por presunto incumplimiento de contrato de la empresa española tras el cierre de su negocio de venta de bolsas de sangre. Una demanda que podría llevar a Grifols a los tribunales si las negociaciones entre ambas entidades no progresan.

El suelo de Grifols, que no veía una cotización tan baja de sus acciones desde 2013, al menos, da la esperanza a los inversores de que los peores momentos de la compañía ya están descontados.

Así lo expresaba, por ejemplo, Barclays en su último informe, que apuntaba que Grifols "está volviendo, pero todavía tiene un largo camino por recorrer".

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