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La nueva regulación impulsará las inversiones sostenibles

A final de año se espera que la Comisión Europea haga públicos los estándares que desmaquillen al greenwashing

Aunque ser social y medioambientalmente responsable es un valor añadido que lleva haciéndose hueco en las estrategias de países y empresas desde hace años, no fue hasta hace relativamente poco tiempo cuando han cobrado el protagonismo que merecen.

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El Banco Europeo de Inversiones movilizará 250.000 millones hasta finales de 2021

Primero por los efectos del cambio climático y desde marzo por el surgimiento de la pandemia del Covid-19. 

Cada vez son más los inversores que apuestan por valores que incorporan criterios de sostenibilidad medioambiental, social y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) tanto por el cambio de conciencia como por la propia rentabilidad.

Durante el foro ISR,  organizado por la revista INVERSIÓN, Irene Sánchez Aizpurúa, directora de relaciones con inversores  del  Banco Europeo de Inversiones  (BEI) explicó que, en el caso de los bonos verdes, “funcionan mejor en los mercados secundarios debido a que son menos volátiles y tienen una mayor proyección a largo plazo”.

De hecho, señaló que “tienen entre dos y 10 puntos básicos de mejor retorno”.  

El organismo que preside Werner Hoyer, lleva emitiendo este tipo de bonos desde el 2007 por un valor de 30.000 millones de euros, aportará 250.000 millones de euros de financiación verde e intentará movilizar al sector privado en el proceso de transición hacia una economía sostenible.

Así lo confirmó Sánchez de Aizpurúa durante el encuentro, “el sector público no puede sólo; por ello, tenemos que generar las condiciones para que otros se sumen.

Colaborar en la creación de un nuevo marco de actuación de países para que, a su vez, otros puedan invertir”. Los fondos se movilizarán “de forma inmediata” y estarán disponibles hasta el 2021.  

Más allá de la inyección del BEI, la homogeneización de los criterios ESG será otro revulsivo para incentivar las inversiones en la economía verde. A este respecto se espera que, a finales de este año, la Unión Europea emita un documento en en el que se lleva trabajando más de 20 meses y en el que han participado instituciones públicas, expertos y técnicos. 

“La taxonomía dotará de claridad y transparencia y ayudará tanto al inversor final como a los verificadores a tener una base de referencia clara”, explicó la directiva del BEI durante el foro convocado por INVERSIÓN.

Esto permitirá, a su vez, incorporar los criterios ESG a los ratings o análisis de riesgo financiero y diferenciar con claridad el greenwashing de las verdaderas políticas verdes.

Algo que ya están haciendo tanto algunas agencias de rating como buena parte de las entidades financieras.

En este punto, Inés García-Pintos Balbás, senior adviso r en sostenibilidad y finanzas sostenibles, así como profesora asociada de la  Universidad Complutense de Madrid  y miembro de la junta de  DIRSE   y Forética, que también participó en el foro, destacó que “En España tenemos que estar orgulloss: tanto las empresas financieras como las no financieras han trabajado mucho en esta materia y van por delante de la regulación. Podemos afirmar con seguridad que las cotizadas españolas están preparadas para hacer frente a estos cambios”. 

Petroleras y palanca para las pymes  

El plan de reestructuración europeo apuesta por el New Green Deal y todo apunta a que se incentivará a aquellas compañías que apuesten por la sostenibilidad medioambiental o social.

En este sentido, durante el foro se barajó la posibilidad de si las petroleras, entre otras, podrían quedarse en el vagón de cola tanto de los inversores como de las políticas de estímulo aprobadas por los gobiernos. 

Carlota García-Mañas, asesora técnica del  Transition Pathway Initiative  (TPI) del Reino Unido y responsable de engagement ESG en  Royal London Asset Management  (RLAM), tercera de las ponentes del foro, puso en valor los avances que, dentro de lo que les permite su negocio, están realizando las empresas del sector. 

“A veces, los objetivos de París chocan con la propia actividad del negocio. A la hora de considerar si una compañía es o no sostenible valoramos el equilibrio que se produce entre sus compromisos, las expectativas de los inversores y la prudencia de la propia empresa”. 

Y puntualizó “las petroleras europeas han progresado más que las de los Estados Unidos y Latinoamérica”.  

Por otra parte, García-Mañas quiso destacar que la financiación verde no es una parcela privativa de las cotizadas. De hecho, insistió en el efecto palanca de las grandes empresas sobre las pequeñas, más aún en en un país como España donde la mayor parte del tejido empresarial son pymes.

“Las oportunidades de las que ahora se benefician las pymes son el resultado de las inversiones exitosas de las cotizadas que son las que les han proporcionado la arquitectura”.  

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