La prestigiosa prensa económica anglosajona
Vaya por delante que no creo en la "teoría de la conspiración". La realidad es que los mercados son tan[…]
Vaya por delante que no creo en la "teoría de la conspiración". La realidad es que los mercados son tan histéricos como siempre (algo que no es noticia y que incluso nuestro Gobierno debería saber) y que, evidentemente, el ejecutivo español tiene que ponerse de una vez a hacer los deberes que debería haber terminado hace tiempo.
Aunque no haya conspiración, sí se han visto curiosidades colaterales, alguna de ellas en los medios de comunicación. Espero que mis colegas del otro lado del Canal se tomen bien mi crítica constructiva, por otra parte aplicable no sólo a la prensa económica británica, sino también a la de cualquier otro país, incluido el nuestro. Pero, i¬gual que en los mercados unos días le toca sufrir a la deuda pública de un Estado y al día siguiente a la de otro, ahora toca hablar de la prensa financiera anglosajona.
Vaya por delante que en las tres décadas que llevo en el periodismo, no me ha costado trabajo repetir el adjetivo "prestigioso" antes de citar a algún semanario y/o diario económico británico de sobra conocidos precisamente por su prestigio y por su calidad, que más quisiéramos en los medios españoles. También he de decir, en nuestra modesta defensa, que si aquí dispusiéramos de las plantillas y recursos de esos medios, la comparación estaría más igualada.
Pero entremos al grano o, más bien, al salmón: acabamos de ver cómo el prestigioso diario británico en cuestión templa gaitas en sus comentarios sobre España, cuando poco antes había lanzado serias advertencias sobre la solvencia de nuestra economía. Demasiado rápido el cambio de criterio, aunque sea tras la esclarecedora visita de nuestra vicepresidenta económica, Elena Salgado. ¿Investigaron poco? ¿Se dejaron llevar más por los comentarios de la City que por su contraste con datos concretos de la economía? ¿Desvían contra el euro una presión de los mercados que bien se mercería la libra esterlina por motivos similares? ¿O ahora les sedujo en exceso nuestra vicepresidenta? A quién, por cierto, visto su carisma con la prensa económica de prestigio, podríamos reprochar haberse olvidado no sólo de los deberes elementales de su cargo, sino también de cuidar la comunicación y las relaciones informativas con tan prestigiosos, influyentes y, aparentemente, fáciles de convencer medios británicos.
No es la primera vez que asistimos a bandazos similares en los guardianes del prestigio de la prensa económica. Todavía recuerdo un comentario del también prestigioso semanario británico de todos conocido: nada más ordenar Zapatero la retirada de las tropas españolas de Irak, la revista anglosajona editorializaba sobre la "sorprendente e inesperada" decisión del presidente. ¿Se habían perdido la campaña electoral y el programa de Zapatero? ¿Desconocían que había prometido sacar a España de aquella guerra absurda? ¡Qué despiste!
Y puestos a repartir comentarios sobre la prestigiosa prensa escrita en inglés, capítulo aparte merecerían algunos episodios protagonizados por esa otra "Biblia de los mercados", ahora en manos del magnate Rupert Murdoch. Claro que son comprensibles algunos deslices cuando en este medio americano se hable de España, teniendo en cuenta que el consejero español de la empresa de Murdoch es una persona tan independiente como José María Aznar... en cuya etapa de Gobierno, por cierto, nada preocupaba la burbuja inmobiliaria que ya se inflaba a todo ritmo y que era la máquina de generar crecimiento y empleo. Por eso, y porque del ladrillo comen mucho concejal, comisionista y otras especies, no quisieron atajara, como tampoco lo intentó Zapatero al llegar al poder. Pero esa burbuja iniciada entonces está en el origen de nuestra crisis y su pinchazo todavía estaremos pagándolo unos cuantos años (y unos cuantos Gobiernos) más.
Es cierto: el Gobierno español está desnortado y no convence, pero algunos de sus críticos, dentro y fuera de nuestras fronteras, tampoco se muestran (ni se mostraron en su momento) demasiado finos.