Japón. Las razones por las que solo ha vacunado al 2% de su población

Uno de los países más ricos y avanzados del mundo es el que menos ha vacunado de las 37 naciones de la OCDE

Los japoneses tienen motivos para sentirse muy frustrados. Uno de los países más ricos y avanzados del mundo está a la cola en la campaña de vacunación. 

Es verdad que durante los peores momentos de la pandemia a Japón le ha ido mejor que al resto de los países occidentales (en números de casos y de muertes), por lo que sorprende ahora la lentitud con que se desarrolla la campaña de vacunación. 

Hasta el momento solo se ha vacunado el 2% de la población, lo que sitúa a Japón en la última posición de los 37 países de la OCDE. 

Rechazo a los Juegos Olímpicos

La situación es más preocupante porque el 23 de julio está previsto que comiencen los Juegos Olímpicos. Y en el país se ha abierto un amplio debate sobre si las olimpiadas deben seguir adelante o no. 

Dado el lento ritmo de vacunación, más de la mitad de la población quiere que se cancelen. Temen que la llegada de miles de atletas procedentes de todo el mundo pueda introducir nuevas variantes del coronavirus en un país con una elevada tasa de ancianos y que se encuentra desprotegido por las escasas vacunas desplegadas. 

Aunque los japoneses claman contra el Gobierno por su lentitud en la gestión de las vacunas, lo cierto es que hay otros factores que influyen en este retraso. De hecho, es un país con un largo historial de temores no justificados sobre la seguridad de las vacunas.  

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Los reguladores japoneses, por eso, se muestran muy cautelosos y hasta ahora solo han dado el visto bueno a una vacuna, a la de Pfizer y Biontech. 

Además, a diferencia del resto de países, Japón no ha trabajado en el desarrollo de una vacuna propia. 

Una cultura médica conservadora

También su cultura médica es muy conservadora. Los japoneses solo confían en médicos y enfermeras para que administren las vacunas. Una propuesta para que los dentistas se unieran a la campaña de vacunación no fue vista con buenos ojos, porque consideran que no están cualificados para hacer esa labor. 

Ante una presión cada más insoportable, el primer ministro Yoshihide Suga se ha comprometido a administrar un millón de vacunas cada día, pero no ha ofrecido fechas.  

Los CEO de las multinacionales japonesas temen que esta lentitud acabe pasando factura al crecimiento económico del país. “Entre los países desarrollados, Japón es el principal problema”, admitió el CEO de Mitsubishi Takehiko Kakiuchi, tras presentar los resultados de su compañía.   

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