Holanda, Dinamarca e Irlanda exigen unidad de actuación frente al "brexit"

Holanda, Dinamarca e Irlanda, países que se encuentran entre los más afectados por la futura ruptura del Reino Unido con[…]

Holanda, Dinamarca e Irlanda, países que se encuentran entre los más afectados por la futura ruptura del Reino Unido con la Unión Europea (UE) por sus estrechos lazos comerciales, analizaron hoy diversas estrategias para hacer frente al impacto del "brexit" y exigieron unidad de actuación de los Veintisiete.

"Queremos tener unas negociaciones tranquilas y pacíficas, pero también una aclaración de los asuntos importantes y por eso hemos celebrado esta cumbre", señaló el primer ministro de Irlanda, Enda Kenny, tras reunirse en La Haya con su homólogo holandés, Mark Rutte, y el danés Lars Løkke.

Los tres dirigentes subrayaron que los Veintisiete países de la UE, excluido el Reino Unido, deben apostar por la unidad y negociar, como una única parte, con la primera ministra británica, Theresa May.

Esta "minicumbre", con un enfoque comercial, tuvo el objetivo de buscar alternativas y estrategias para paliar las "fuertes consecuencias" del divorcio británico con la UE, aunque fue presentada por la prensa holandesa como una alianza contra un "posible secuestro de las negociaciones" por parte de los países del Sur de Europa.

Kenny, Rutte y Løkke, consideran que las negociaciones "no deben tomar mucho tiempo", aunque el dirigente holandés admite que la convocatoria de las elecciones en el Reino Unido para el próximo 8 de junio, podría influir en las conversaciones: "Pueden ser más duras y largas de lo previsto".

Este trío de dirigentes, que se consideran las grandes víctimas del "brexit", analizaron de manera informal en La Haya, los "riesgos que corren los intereses compartidos" que mantienen en el Reino Unido.

"Teniendo en cuenta el volumen de comercio que impulsan nuestros tres países, vamos a sufrir directamente los efectos del 'brexit' en nuestras economías. Por eso es bueno compartir opiniones", afirmó Kenny.

Asimismo, instó a sus colegas a centrarse durante la primera fase de las negociaciones en abordar el panorama financiero, la competitividad y el libre comercio.

Los tres hicieron referencia a la necesidad de aclarar el estatus en el que quedarán los ciudadanos y las empresas de la Unión Europea que trabajan u operan en la actualidad en el Reino Unido.

El próximo sábado 29 de abril, los líderes de los Veintisiete Estados miembros de la UE se reunirán en Bruselas para ponerse de acuerdo sobre una estrategia común y elaborar las directrices de las negociaciones con los británicos.

A finales del pasado marzo, May comunicó oficialmente por carta que su país quiere abandonar la UE, aunque las negociaciones podrán llevar al menos dos años y comenzarían después de las elecciones generales británicas.

La UE y el Reino Unido podrán entrar en conversaciones para firmar nuevos acuerdos comerciales después de completarse la fractura, que se prevé que tenga lugar en la primavera de 2019.

Los tres países que se reunieron hoy mantienen estrechas y múltiples relaciones comerciales con Londres, desde incluso antes de la creación de la Unión Europea en los años noventa.

En Dinamarca, por ejemplo, 53.000 empleos dependen directamente de las exportaciones hacia el Reino Unido y este país es el cuarto mayor mercado de exportaciones para Copenhague, con unas 2.400 empresas danesas que exportan allí sus productos y servicios, según cifras oficiales.

Copenhague también ve amenazado el derecho de sus pescadores a faenar en aguas del Reino Unido y explotar decenas de especies marinas dentro de las 200 millas náuticas de la zona económica británica, y que suponen el 40% de la captura anual de los pescadores daneses.

Holanda, cuya economía se basa en el comercio exterior, exporta anualmente al Reino Unido por valor de 52.000 millones de euros.

Para 2030, los costes para Holanda de esta ruptura podrían alcanzar el 1,2% del PIB, unos 10.000 millones de euros, según cálculos de la Oficina holandesa de Análisis de Política Económica (CPB).

Además de las razones económicas, Dublín está especialmente preocupada por las cuestiones fronterizas con Irlanda del Norte y la zona de tránsito común que suponía el Reino Unido para los ciudadanos irlandeses.

La libre circulación de bienes y personas entre el Norte y el Sur de la isla de Irlanda ha sido natural, desde la creación en la década de 1920 de la llamada Área de Circulación Común (CTA).

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