Palestinos cierran 2018 con frustración ante liderazgo y enfrentados a EEUU

Los palestinos han visto en 2018 crecer la apatía internacional hacia su situación, mientras aumentaba el descontento con el liderazgo[…]

Los palestinos han visto en 2018 crecer la apatía internacional hacia su situación, mientras aumentaba el descontento con el liderazgo del presidente, Mahmud Abás, y las Marchas del Retorno en Gaza aunaban a su población en el hartazgo.

Tras el continuo deterioro de las relaciones diplomáticas con EEUU desde el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte del presidente Donald Trump hace un año, estas llegaron a su punto más bajo con el cierre de las Oficinas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Washington y la solicitud de Abás de un mecanismo internacional para sustituirlo como mediador en un proceso paz.

Los palestinos conmemoraron el 15 de mayo con un duelo nacional sus 70 años de la Nakba ("Catástrofe", en árabe), como denominan a la desposesión y exilio que les supuso la fundación del Estado de Israel en 1948.

Dos imágenes opuestas se dieron en la víspera: una festiva en Jerusalén, con la hija del presidente estadounidense, Ivanka Trump, descubriendo la placa de la nueva Embajada de EEUU en la ciudad, lo que materializó el reconocimiento de la capitalidad israelí, un duro golpe para los palestinos que reclaman la parte que Israel ocupó (en 1967) y anexionó (en 1980) en contra del consenso internacional.

Al mismo tiempo, en Gaza, se sucedía la jornada más sangrienta de la mayor movilización sostenida en la historia reciente palestina, la Gran Marcha del Retorno, que comenzó el 30 de marzo para reivindicar el derecho a volver de los refugiados y el fin del bloqueo en el enclave, y en la que murieron más de 200 palestinos, 50 de ellos menores, según datos de la Oficina de Ayuda Humanitaria de la ONU (OCHA).

La iniciativa surgió de grupos sociales -y después fue instrumentalizada por el movimiento islamista Hamás que controla Gaza- y supuso un revulsivo interno como modo de resistencia contra la ocupación israelí, que derivó en frustración ante la indiferencia internacional y un progresivo aumento de la inestabilidad en la divisoria.

Desde mayo se produjeron siete escaladas de violencia, con el lanzamiento de cohetes desde la Franja por milicias palestinas y los bombardeos israelíes de represalia, contenidas por frágiles treguas mediadas por Egipto y la ONU y que alentaron los temores a la cuarta guerra en Gaza en una década.

La frágil situación y el deterioro humanitario del enclave impulsó a los mediadores a abogar por un acuerdo de larga duración entre las milicias palestinas e Israel que no se cerró, pero que llevó a que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, apostara por la calma frente al último pico de violencia en octubre.

Esa opción generó una crisis en la coalición gubernamental israelí con la salida del titular de Defensa, Avigdor Lieberman, que optaba por una nueva operación militar de envergadura en Gaza.

El proceso de reconciliación interna palestina, firmado en octubre de 2017 y que había dado esperanzas a la población, se fue desinflando durante el año y Hamás mantuvo el control de las armas en Gaza y volvió a la gestión de los pasos fronterizos, donde la ANP solo logró tener una presencia testimonial.

Los palestinos no pudieron votar un nuevo presidente en las elecciones que el fallido acuerdo de reconciliación preveía para este año y muchos se sintieron, de nuevo, fuera de la toma de decisiones.

Abás incrementó las sanciones al enclave para presionar a Hamás a devolver su control, lo que motivó diversas protestas en Cisjordania, promovidas por grupos independientes que se desvincularon de los rifirrafes políticos de su liderazgo.

Con el lema de "Somos uno y ya", miles de palestinos -de Cisjordania, Jerusalén Este y de Israel (que se quedaron dentro tras la creación del Estado israelí en 1948)- canalizaron su descontento en las calles de Ramala (Cisjordania) durante varias jornadas, una de las cuáles fue duramente reprimida por fuerzas de seguridad de la ANP.

La aprobación de la nueva Ley de Seguridad Social también reactivó la movilización interna contra el liderazgo de la ANP, cada día más deslegitimado.

Otra efeméride de 2018 fue la celebración de los 25 años de los Acuerdos de Oslo (1993-1995) que muchos palestinos dan prácticamente por muertos.

La OLP anunció en octubre su decisión de suspender el reconocimiento de Israel y terminar con la cooperación de seguridad y las relaciones económicas, una decisión que por el momento no ha tenido ningún impacto.

La liberación de la palestina de 17 años Ahed Tamimi, condenada por Israel tras popularizarse un vídeo en el que pegaba un soldado israelí, y la constante amenaza de demolición de la villa beduina palestina Jan Al Ahmar, en Cisjordania, han simbolizado este año parte de los problemas a los que la población se enfrenta sin recibir soluciones de su liderazgo ni de la comunidad internacional.

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