Mindfulness: Desenchufa tu mente
Ni el ayer ni el mañana, sino el hoy, el aquí y el ahora, admitiendo lo que ocurre sin juzgar. Esa es la base del mindfulness, la visión científica y validada de la meditación, que nos ayuda a desconectar de los problemas diarios.
E´ritmo de vida que llevamos en los países occidentales ha conseguido que nuestra mente sea errante y genere todo el tiempo pensamientos complejos y contradictorios que nos es difícil canalizar. Y eso nos genera desasosiego. Luchar contra esa sensación es lo que pretende el mindfulness, que es el término anglosajón que identifica todas las técnicas -validadas científicamente- mediante las cuales se logran los mismos efectos a nivel cerebral que con la meditación oriental basada en el budismo.
Su primer objetivo es lograr la atención plena y conseguir que nuestra mente se concentre en un solo punto. El objeto de concentración puede ser una parte del cuerpo o, incluso, la respiración, según explica la psicóloga especializada en mindfulness Isabel Serrano. «Cuando ponemos la mente en un solo punto conseguimos observar lo que ocurre en ese punto, y lo hacemos libremente, sin emitir ningún juicio. Eso es lo que se llama el 'desapego' y lo que nos permite vivir el aquí, el ahora y las emociones asociadas al presente».
Esas emociones son la alegría, la serenidad, la tranquilidad o el éxtasis, estando todas ellas «asociadas a la satisfacción », según explica Serrano, directora y fundadora del centro enpositivoSÍ (www.enpositivosi.com). Pero el proceso no acaba aquí. Al lograr que la mente se concentre en un solo punto y obtengamos desapego y satisfacción, nuestro cuerpo activa el sistema parasimpático del sistema nervioso, que consigue desenchufarnos.
Por el contrario, el sistema simpático es el que hace que nos pongamos en acción. Es en ese punto cuando nuestra mente se encuentra en un estado que, según Serrano, podría recordarnos «a la postura de un flamenco cuando duerme sobre una de sus dos patas, en total relajación». «Nuestra mente occidental está entrenada para pensar en una cosa y después en otra y luego en otra. Y así, sucesivamente», explica la psicóloga.
Por eso, a su juicio, «nos cuesta tanto hacer meditación », una disciplina que en Oriente se practica desde hace dos mil años. Por eso el mindfulness no es sinónimo de la meditación, sino la versión 'occidentalizada' y científica de una parte de ella. Ahora, debido a la crisis económica y la ansiedad, la práctica del mindfulness se está extendiendo como alternativa o complemento a otros métodos -como los ansiolíticos y los antidepresivos- para luchar contra la angustia, el estrés y la depresión. Pero Isabel Serrano aclara: «El objetivo del mindfulness no es sustituir al ansiolítico, sino entrenar nuestra mente para quitarle algunas de las muletas que usa para luchar contra la ansiedad, la depresión y el estrés, y que en muchos casos sí son ansiolíticos».
Aceptar lo que viene
De hecho, «muchos psiquiatrasaceptan que el mindfulness es una herramienta que si se practica no solo nos traerá pensamientos positivos, sino que podrá convertirse en un modo de vida. La meditación acepta lo que viene, no lo transforma: los pensamientos negativos nos llegan, pero los aceptamos y terminan por pasar sin necesidad de luchar contra ellos», sostiene la especialista.
Es más, los practicantes del mindfulness defienden que con su práctica aprendemos a no «pegarnos» con la mente, a tener pensamientos menos rígidos y, por tanto, a convertirnos en personas más flexibles, a mejorar nuestra capacidad de memoria y nuestra capacidad de atención, así como a controlar nuestras emociones.
A las anteriores se unen otras ventajas. Por ejemplo, la práctica del mindfulness también ayuda a desarrollar nuestra curiosidad y a aceptar lo que nos ocurre, sin juicios ni valoraciones. Por otro lado, el mindfulness repercute positivamente en nuestro organismo también a nivel físico. Y es que, según Isabel Serrano, esta práctica reduce la tensión muscular, el estrés y la ansiedad, luchando, por tanto, contra elementos que están en el origen de muchos problemas de salud. Es el caso de las migrañas y los dolores cervicales o las dolencias vinculadas con el aparato digestivo e, incluso, con el sistema cardiaco, cuyo origen también puede estar vinculado con nuestra incapacidad para desconectar y la obligación de vivir bajo un frenético ritmo de ayer, hoy y mañana, todo a la vez y todo mezclado, sin canalizar ni sensaciones ni emociones.
Todas estas razones explican por qué la medicina occidental está integrando cada vez más el mindfulness en sus tratamientos, y por qué psiquiatras y psicólogos lo recomiendan cada vez con más ahínco. Además, esta práctica cuenta con la ventaja de que no tiene efectos secundarios ni mala prensa. Otra de las razones de la buena aceptación del mindfulness en Occidente es que a veces está asociado al yoga, una disciplina que tampoco goza de mala reputación en nuestra sociedad, más bien todo lo contrario.
Eso sí, una cosa es bien diferente de la otra. Isabel Serrano matiza que mientras el mindfulness aspira a colocar la mente en un solo punto para lograr nuestra atención plena, el yoga puede empezar o acabar buscando esa atención pero en su práctica lo que se persigue principalmente es forzar el cuerpo para mejorar sus posiciones.
Y eso, a su juicio, no permite que observemos de igual forma lo que nos sucede sin juzgar. Otra diferencia entre el yoga y el mindfulness es que mientras la práctica del primero está ya muy extendida en España, la del segundo aún está en fase incipiente. ¿Por qué? Porque todavía está muy poco desarrollado y, por tanto, es muy poco conocido.
Eso sí, no será por falta de adeptos. Aunque todavía no son numerosos, la franja de edad de las personas que se interesan por el mindfulness va desde los 30 hasta los 60 años, y entre sus intereses figuran el bienestar, la salud, el desarrollo personal o combatir alguna enfermedad. De hecho, según Isabel Serrano, cada vez son más los centros donde se imparten cursos de mindfulness en España. Eso sí, la psicóloga advierte de que no es una moda pasajera, sino todo lo contrario: «El mindfulness ha llegado a España con la intención de quedarse».
En colegios y hospitales
Independientemente de que dure más o menos en nuestra sociedad o de que se implante de forma definitiva entre la sociedad civil e incluso médica, lo cierto es que en esos centros, a día de hoy, los profesionales del mindfulness imparten tanto sesiones personalizadas como grupales. Además, la psicóloga también asegura que el mindfulness está abriéndose un hueco en el sistema nacional educativo, ya que los colegios españoles están empezando a incluir clases de esta herramienta en sus programas escolares.
No son los únicos. Aunque aún es pronto para decirlo, todo apunta a que la práctica del mindfulness entrará de lleno en la sanidad como una herramienta más para tratar nuestras dolencias y/o enfermedades. Prueba de ello es que el sistema sanitario de nuestro país ya ha empezado a integrarlo en su oferta y algunos hospitales de la sanidad pública ya apuestan por su práctica para, por ejemplo, tratar a enfermos de cáncer y conseguir que tengan más calidad de vida durante el desarrollo y el tratamiento de su enfermedad, o a personas afectadas por el tabaquismo o el alcoholismo.
La razón reside en que el mindfulness favorece el desarrollo de las zonas no automáticas de nuestro cerebro, un órgano que, según algunos científicos, esta práctica de concentración transforma, incluso de forma física.
Los pilares básicos del mindfulness
ATENCIÓN: El objetivo del mindfulness no es poner la mente en blanco; es, más bien, calmarla poniendo la atención en un solo foco.
ACEPTACIÓN: Al observar algo con total atención -nuestro cuerpo, los sonidos...- pero sin juzgarlo, se termina aceptando tal y como es, y eso incluye a la vida y a nosotros mismos.
PRESENTE: La práctica del mindfulness desarrolla la capacidad de estar en el ahora, no en el pasado, que ya no existe, ni en el futuro, que está por escribir.
COMPASIÓN: Es el pilar fundamental que da sentido a toda la práctica: el deseo de paz y armonía para uno mismo y el mundo.
Un cerebro diferente en el fondo y en la forma
- Algunos estudios científicos han demostrado que entrenar el cerebro con el mindfulness termina transformándolo. Y no solo en el fondo, canalizando mejor nuestros pensamientos y emociones, sino también en la forma.
- La psicóloga especialista en mindfulness Isabel Serrano explica que la práctica de esta herramienta puede llegar a cambiar la plasticidad del cerebro, desarrollando más las zonas laterales -las de los no automatismos- y no tanto las frontales, que son las que tienen que ver con la lógica.
- Aunque son diversos los estudios científicos que sostienen esta postura, los primeros se desarrollaron, según Serrano, en las universidades americanas que apostaron por la psicología positiva - la que estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad, así como de las fortalezas y virtudes humanas-, como la de Pensilvania. Entre los especialistas de estos estudios destaca Martin Seligman, psicólogo y escritor estadounidense y antiguo presidente de la Asociación Americana de Psicología.