Fernández Ordóñez cree que aún hay riesgo de nuevas crisis bancarias
El exgobernador del Banco de España Miguel Ángel Fernández Ordóñez ha considerado hoy que el riesgo de que España vuelva[…]
El exgobernador del Banco de España Miguel Ángel Fernández Ordóñez ha considerado hoy que el riesgo de que España vuelva a sufrir nuevas crisis bancarias sigue siendo "muy alto", debido a que el incremento del capital que se exige a los bancos "ha sido mínimo".
Durante su comparecencia ante la Comisión del Congreso que investiga la crisis económica y financiera iniciada en 2007, Fernández Ordóñez también ha lamentado que "la celebración tan tardía de esta comisión, nueve años después, hace difícil detectar errores" que no lo hayan sido todavía.
"A pesar del ingente número de requerimientos de todo tipo que la nueva regulación ha impuesto a los bancos", el riesgo de nuevas crisis bancarias "sigue siendo muy alto", entre otras razones porque el aumento de capital exigido en relación al volumen de activos tanto los créditos como el resto del activo "ha sido mínimo", ha reiterado.
Fernández Ordóñez ha recordado que "antes de la crisis, para financiar todos sus activos los accionistas de los bancos aportaban en torno al 2 % en forma de capital y utilizaban el dinero de otros -depósitos, bonos, etc.- para financiar el 98 % de su activo".
Hoy, ha explicado, "la media de la aportación de los accionistas de los bancos europeos y americanos está en torno al 5 % del total de sus activos, lo que supone un apalancamiento de veinte veces su capital.
Sobre el exceso de regulación del que se quejan muchos banqueros, ha admitido que lo entiende "perfectamente" no sólo porque en muchos casos estos profesionales "tienen las manos atadas para gestionar las entidades sino también porque el simple cumplimiento de las exigencias regulatorias es de una dificultad ingente".
"Por supuesto que ni los presidentes de los bancos" ni muchos de sus directivos conocen en profundidad los requerimientos regulatorios, porque si se dedicaran a conocerlos "no tendrían tiempo para gestionar sus bancos", ha asegurado.
El desarrollo de Basilea III se ha fraguado en una directiva que junto con todos sus reglamentos ocupa unas 10.000 páginas y lo mismo ocurre en EEUU con las leyes derivadas de las exigencias impuestas como consecuencia de la crisis.
En los últimos meses, el presidente de EEUU, Donald Trump, y su secretario del Tesoro o el presidente del Consejo de asesores Económicos han propuesto reducir y suprimir muchas regulaciones pensadas para reducir el riesgo de nuevas crisis bancarias, y han expresado su preocupación porque dar marcha atrás en las exigencias de los bancos eleve el riesgo de nuevas crisis bancarias.
"Yo creo que mientras no cambie el sistema actual de creación del dinero", y este siga basado en los bancos privados, lo hecho hasta ahora por parte del FSB y de Basilea III es positivo y no debe darse marcha atrás porque aunque mínimamente, se ha reducido la frecuencia de la crisis y el coste de las mismas, ha manifestado Fernández Ordóñez.
No obstante, si se incorporan, "con toda la gradualidad que se quiera", las mejoras propuestas de elevar la aportación de los accionistas de los bancos "nos quedaríamos todos mucho más tranquilos", ha agregado.
Y es que, ha añadido, "aunque las crisis bancarias podrían seguir produciéndose serían más raras y el coste de las mismas sería menor, porque la aportación de los accionistas en las crisis bancarias hoy es muy reducida y por eso los contribuyentes tienen que poner unas cantidades enormes de dinero para salvar a los bancos".
Y en los últimos años -ha continuado- han surgido también analistas que valoran la posibilidad de cambiar el sistema actual de creación del dinero por parte de los bancos privados, y sustituirlo por otro en el que los ciudadanos pueden depositar su dinero directamente en los bancos centrales.
Estos estudios -ha precisado- surgen porque los avances tecnológicos en computación y almacenamiento de datos hacen que sea posible que el dinero sea emitido por el Estado y no por los bancos privados, que podrían seguir operando con activos, pero sin que sus problemas tuvieran que resolverlos el Estado, pues los depósitos estarían totalmente seguros en el banco emisor.
"La posibilidad de emitir dinero público y seguro gracias a las nuevas tecnologías, tendría positivas consecuencias para la estabilidad del sistema y para reducir la ingente cantidad de regulación prudencial que hoy perjudica a la innovación financiera", ha considerado.