EEUU mueve ficha ante la tormenta y dobla sus recompras de bonos

El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, anuncia un ambicioso programa que doblará las recompras de bonos

El Tesoro de Estados Unidos ha decidido intervenir con mayor contundencia en el mercado de deuda ante la escalada de las rentabilidades a largo plazo, que esta semana llevó al bono estadounidense a 30 años a niveles no vistos desde 2007.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció este miércoles que el organismo duplicará, como mínimo, el tamaño de las operaciones de recompra de deuda destinadas a aportar liquidez en los vencimientos comprendidos entre los 10 y los 30 años.

La decisión tuvo un efecto inmediato en el mercado. La rentabilidad del bono estadounidense a 30 años llegó a caer cerca de 10 puntos básicos, hasta el entorno del 5,18%, alejándose de los máximos registrados desde 2007. El dólar también reaccionó con descensos y sufrió su mayor caída en tres meses.

El movimiento supone una señal bastante explícita de la creciente preocupación de Washington por el coste de financiación a largo plazo, después de unas jornadas en las que la tormenta del mercado de bonos se extendió a buena parte de las grandes economías mundiales.

El Tesoro intenta contener los tipos de los bonos a largo plazo

El problema para la Administración estadounidense es que el repunte de las rentabilidades de la deuda no se limita al propio mercado de bonos.

Los elevados tipos a largo plazo mantienen las hipotecas y otras formas de financiación en niveles muy altos, lo que supone un freno para el crecimiento económico. Al mismo tiempo, disparan los intereses que debe pagar el propio Gobierno estadounidense para financiar una deuda pública cada vez mayor.

“Esta Administración necesita una victoria y quizá llegue intentando mantener artificialmente contenidas las rentabilidades a largo plazo”, explicó Jack McIntyre, gestor de Brandywine Global Investment Management.

A su juicio, el sentimiento hacia los vencimientos largos de deuda pública es actualmente uno de los más negativos observados en mucho tiempo.

Sin embargo, McIntyre también advierte de que el efecto de las recompras podría ser limitado. Una caída estructural de las rentabilidades requeriría factores mucho más potentes, como una ralentización de la economía estadounidense o una resolución del conflicto con Irán.

Una señal de alarma desde Washington

La medida llega apenas dos semanas después de que el Tesoro publicara su calendario previsto de recompras para este trimestre.

Entonces, el organismo estimaba que adquiriría hasta 38.000 millones de dólares en títulos antiguos, conocidos en el mercado como off-the-run, dentro de sus operaciones destinadas a mejorar la liquidez.

Para el periodo comprendido entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre, el calendario contemplaba inicialmente hasta 14.000 millones de dólares en recompras de bonos con vencimientos entre 10 y 30 años.

El anuncio de duplicar como mínimo ese importe implica que el Tesoro podría añadir otros 14.000 millones de dólares o más a las compras inicialmente previstas.

Las nuevas operaciones comenzarán el próximo 9 de septiembre, según confirmó el Departamento del Tesoro.

“El aumento de las recompras es una señal clara de que el Tesoro está observando el mercado y está preocupado por las rentabilidades a largo plazo”, explicó Cameron Crise, estratega macro de Bloomberg.

No obstante, Crise también considera que el volumen de las operaciones, por sí mismo, difícilmente será suficiente para revertir las ventas de bonos. Su importancia reside principalmente en la señal enviada a los inversores.

En otras palabras, el mercado ya sabe que existe un nivel de rentabilidad a partir del cual Washington está dispuesto a intervenir.

“Si las rentabilidades van demasiado lejos, el Tesoro intentará combatirlo. Y ahora sabemos dónde están algunos de esos niveles de dolor”, explicó John Briggs, responsable de estrategia de tipos estadounidenses de Natixis North America.

El bono a 30 años llegó a máximos desde 2007

La preocupación del Tesoro coincide con una semana especialmente complicada para la deuda pública mundial.

La rentabilidad del bono estadounidense a 30 años alcanzó sus niveles más elevados desde 2007, mientras que las últimas subastas también reflejan el fuerte aumento del coste de financiación del Gobierno.

La subasta de deuda a diez años celebrada la semana pasada registró el coste de financiación más elevado para ese vencimiento desde 2007, mientras que una colocación de bonos a 30 años celebrada un día después alcanzó la rentabilidad más alta desde 2001.

Además, este miércoles los operadores afrontan una nueva prueba con una subasta de 16.000 millones de dólares en bonos a 20 años.

Para Bessent, la evolución de los tipos tiene además una importancia especial.

Desde que asumió el cargo, el secretario del Tesoro ha señalado repetidamente que considera la rentabilidad del bono a diez años uno de los principales indicadores para evaluar el éxito de su política financiera.

El propio Bessent llegó a asegurar el pasado noviembre que su trabajo consiste en ser “el principal vendedor de bonos del país” y que las rentabilidades del Tesoro son un importante termómetro de su actuación.

El regreso de una especie de ‘Operación Twist’

El programa de recompras fue recuperado por el Tesoro estadounidense en 2023, aunque originalmente había sido concebido más de dos décadas antes.

En aquel momento, Estados Unidos disfrutaba de superávits presupuestarios y utilizaba las recompras para retirar del mercado títulos antiguos con costes elevados.

El objetivo actual es diferente. Washington trata principalmente de mejorar la liquidez de los bonos más antiguos, ya que los inversores suelen concentrarse en las emisiones más recientes de cada vencimiento, que resultan más fáciles de comprar y vender.

Pero el fuerte aumento anunciado ahora podría tener implicaciones mucho mayores.

El Tesoro no especificó cómo financiará estas operaciones, aunque normalmente utiliza letras a corto plazo para cubrir sus necesidades variables de financiación.

Si el organismo termina sustituyendo en la práctica deuda a largo plazo por emisiones de letras a corto plazo, la estrategia se parecería a una versión del Tesoro de la denominada ‘Operación Twist’ que la Reserva Federal utilizó en diferentes momentos históricos.

En el caso de la Fed, la estrategia consistía en sustituir deuda pública de vencimientos cortos por títulos a largo plazo con el objetivo de reducir los tipos de interés de largo plazo y estimular la economía.

La Operación Twist ya está aquí”, señalaron los estrategas de Deutsche Bank.

Según el banco alemán, el Tesoro tendría que emitir más letras para financiar la retirada de duración del mercado, una estrategia que los analistas calificaron como una forma suave de “represión financiera”.

Bessent intensifica su intervención en los mercados

Las recompras son además la última de una serie de decisiones adoptadas por Bessent que muestran una actitud cada vez más intervencionista en los mercados financieros.

A finales del pasado mes, Estados Unidos y Japón realizaron compras coordinadas de yenes por primera vez desde 1998, una actuación que algunos estrategas interpretaron como un intento de evitar que Tokio recurriera a ventas masivas de sus enormes posiciones en bonos del Tesoro estadounidense.

Pocos días después, el Tesoro modificó ligeramente sus orientaciones sobre la emisión de deuda, abriendo la puerta a una posible reducción de las ventas de bonos a largo plazo.

Bessent también ha utilizado entrevistas y redes sociales para defender la nueva estrategia de comunicación del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, después de que las rentabilidades se dispararan tras la última reunión del banco central.

Los inversores se abalanzan sobre las recompras

El propio mercado está mostrando un fuerte interés en el programa. La última operación se celebró este martes, cuando el Tesoro ofreció recomprar 2.000 millones de dólares en deuda con vencimientos comprendidos entre 2046 y 2056.

La demanda presentada por los inversores fue diez veces superior al volumen que Washington pretendía adquirir, una señal del apetito existente por vender títulos antiguos al propio Tesoro.

La decisión llega además pocos días después de que el Gobierno estadounidense abonara alrededor de 85.000 millones de dólares en intereses a los propietarios de su deuda, la mayor cifra registrada en los datos recopilados por Bloomberg.

El mensaje que deja la actuación del Tesoro es difícil de ignorar: Washington considera que la subida de los tipos a largo plazo ha llegado a una zona incómoda y está dispuesto a utilizar su balance para tratar de contenerla.

La incógnita es si las recompras conseguirán realmente cambiar la tendencia de fondo del mercado de bonos o si simplemente ofrecerán una tregua temporal mientras persisten los factores que han llevado las rentabilidades a máximos de casi dos décadas.

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