El misterio de los tipos altos: deuda récord y fiebre por la IA encarecen el dinero
La deuda corporativa se dispara a niveles récord y complica el escenario a los bancos centrales, además de encarecer el coste del capital
Los tipos de interés a largo plazo en EEUU están en máximos de casi dos décadas y son el gran quebradero de cabeza para la Fed, pero la situación puede ir a peor porque el endeudamiento de la primera economía del mundo crece sin control y amenaza a los mercados globales.
La rentabilidad del bono del Tesoro a diez años se mueve alrededor del 5,2%, cerca de máximos desde 2007, mientras que el bono a 30 años supera el 5,5%, unos niveles que no se pueden explicar exclusivamente por la tendencia alcista de la inflación.
En una situación normal, el tesoro no tendría competencia para financiar el endeudamiento, pero el problema es que las grandes compañías tecnológicas también están reclamando más dinero de los inversores para la inteligencia artificial.
La deuda corporativa se dispara al 40%
Sin ir más lejos, la emisión neta de bonos corporativos estadounidenses alcanzó los 618.000 millones de dólares hasta comienzos de septiembre, superando ya el volumen registrado durante todos los ejercicios completos desde 2020, con la excepción de aquel año, como muestran los datos de la gestora Banor Sicav
De esta manera, las nuevas emisiones corporativas representan ya casi el 40% de la emisión neta de deuda pública, frente a una media histórica cercana al 25% y un rango reciente de entre el 21% y el 28%.
La consecuencia de esta competencia es que el mercado tiene que absorber simultáneamente una enorme cantidad de deuda pública y un volumen completamente disparado de bonos empresariales, lo que ha colocado los tipos en niveles estratosféricos.
La inflación no lo explica todo
Una de las claves del actual escenario es que el incremento de las rentabilidades de la deuda no puede atribuirse a la inflación esperada.
En los últimos cinco años, el diferencial entre la rentabilidad de un bono convencional y otro protegido frente a la inflación se ha mantenido en el 2%. Sin embargo, durante ese mismo periodo el rendimiento real de los bonos a 30 años ha pasado desde niveles negativos hasta acercarse al 3%.
Para Banor SICAV, esto significa que prácticamente toda la revisión al alza de las rentabilidades a largo plazo procede de los tipos reales y no de un fuerte aumento de las expectativas de inflación.
“Lo que está sucediendo, sencillamente, es que el dinero se ha encarecido”, explica Francesco Castelli, responsable de renta fija de Banor y gestor del Eurobond Fund.
Movimiento tan peligroso como poco habitual
Los expertos de Banor Sicav también ha detectado un movimiento poco usual entre los inversores, que en lugar de refugiarse en deuda pública (como ha sucedido en otros episodios de inflación elevada), están buscando cobijo en la deuda corporativa.
Para la administración Trump es la peor de las noticias, justo cuando el Tesoro necesita emitir fuertes cantidades de deuda para financiar el elevado déficit público.
Esas salidas desde la deuda pública hacia la corporativa están contribuyendo a presionar al alza las rentabilidades de los bonos soberanos, que al final son los que referencian las primas de riesgo y suponen el punto de partida para una crisis de deuda.
Si a nivel macro el fenómeno es peligroso, a nivel micro también hay riesgos evidentes. Cuanta más rentabilidad necesitan ofrecer el Tesoro y las empresas para atraer compradores, más caro resulta financiar nuevas inversiones, hipotecas, préstamos o adquisiciones.
La temida inversión de la curva
La subida de los tipos de interés está provocando otro fenómeno que los expertos vigilan de cerca, la temida inversión de la curva de tipos. Esto se produce cuando la rentabilidad exigida a los plazos cortos supera a los plazos largos, una anomalía en toda regla que históricamente ha precedido a las grandes recesiones.
La distancia entre ambos vencimientos es importante porque, en condiciones normales, los inversores exigen más rentabilidad cuanto más tiempo prestan su dinero. Cuando ocurre lo contrario y el bono a corto plazo paga más que el de largo plazo, se produce lo que el mercado conoce como inversión de la curva.
El problema es que, en los vencimientos cortos, la Reserva Federal sigue encareciendo el dinero para contener la inflación.
Sin ir más lejos, algunos gigantes de Wall Street, como Columbia Threadneedle, se están preparando para una posible inversión tanto de la curva entre dos y diez años como de la comprendida entre cinco y 30 años durante los próximos seis meses.
El resultado de todo este cóctel explosivo es un mercado de deuda cada vez más tensionado, en el que la Fed ya no controla por sí misma el precio del dinero.
"El coste de capital importa, especialmente cuando las valoraciones siguen siendo exigentes y las expectativas de beneficios ya descuentan márgenes muy elevados", apunta Javier Molina, analista de eToro.
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