La inflación se enquista al 5% en España y lo peor está por llegar

La inflación en España supera con mucho a la de los grandes países de la zona euro y complica el panorama porque todavía no ha tocado techo, lo que obligará al BCE a dos subidas de tipos antes del verano

La inflación en España no da tregua y lo peor es que las perspectivas para los próximos meses tampoco invitan al optimismo. Con el IPC enquistado prácticamente en el 5%, su nivel más elevado desde febrero de 2023, el problema amenaza con llegar al invierno y con los expertos esperando que lo peor de la oleada inflacionista golpee a Europa.

Es el caso de UBS, cuyos economistas consideran que la inflación de la eurozona no tocará techo hasta enero de 2027, cuando alcanzará el 4,3%, tres décimas por encima del nivel actual. El banco suizo anticipa que las presiones sobre los precios obligarán al Banco Central Europeo (BCE) a endurecer nuevamente su política monetaria, con dos subidas de tipos de interés antes de la próxima primavera.

No son buenas noticias para España, que tiene que lidiar con una inflación del 4,9%, según el último adelantado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Solo en septiembre, la tasa general escaló seis décimas, pero más preocupante es la lectura de la inflación subyacente, que ya elimina los elementos más volátiles, y aún así está en el 3,1%.

Las lecturas dejan a la economía española con una inflación nueve décimas superior a la media europea del 4% registrada en octubre, y muy por encima de Alemania, donde los precios avanzaron el 2,8%, o de Francia, con el 3,8%. Aquí España si gana por goleada, aunque los niveles no llegan al 5,6% de Italia.

La inflación seguirá moviéndose al alza

La comparación con los grandes países europeos resulta muy pertinente, porque todos los estados comparten la misma política monetaria, lo que supone que España tendrá que redoblar los esfuerzos para meter los precios en vereda respecto a otros miembros comunitarios.

De hecho, para contrarrestar la brecha de precios frente a la eurozona con una política monetaria común, España se verá obligada a ajustar su política fiscal, bien retirando estímulos o ajustando el gasto público para amortiguar la demanda agregada nacional.

El problema es que los precios tardarán unos meses en tocar techo. Los analistas de UBS esperan que la inflación europea se mantenga alrededor del 4% en noviembre, repunte hasta el 4,2% en diciembre y alcance finalmente el 4,3% en enero de 2027, antes de comenzar a moderarse.

La entidad calcula que la inflación promediará el 3,1% tanto en 2026 como en 2027, aunque advierte de que los riesgos siguen inclinados al alza por la incertidumbre sobre los precios del gas y la electricidad, las revisiones de tarifas previstas para comienzos del próximo año y la posibilidad de nuevas tensiones geopolíticas.

El principal responsable de esta nueva oleada inflacionista vuelve a ser la energía. Según los últimos datos de Eurostat, los precios energéticos aumentaron un 20,8% interanual en octubre, frente al 18,9% de septiembre, y explican cerca de la mitad de la inflación registrada en la eurozona.

En el caso español, UBS señala que los precios de los alimentos sorprendieron al alza respecto a sus previsiones, al igual que en Italia, mientras que Alemania y Francia registraron una evolución más favorable de lo esperado.

Dos subidas de tipos antes del verano

Con este panorama, la siguiente derivada pasa por encarecimiento del crédito, es decir, por el ajuste al alza de los tipos de interés.

En este sentido, el servicio de estudios del banco suizo considera que la evolución de los precios refuerza sus expectativas de que el BCE volverá a subir los tipos de interés en diciembre de 2026 y marzo de 2027, con incrementos de 25 puntos básicos en cada reunión.

De cumplirse este escenario, el tipo de depósito alcanzaría el 3%, frente al 2,5% actual, después de que el banco central decidiera mantenerlo sin cambios en su última reunión de octubre.

La entidad que preside Christine Lagarde no quiso echar más leña al fuego con las calles de Francia ya incendiadas por las protestas y elevado coste de la vida, y con las rentabilidades de la deuda disparándose, aun cuando reconoció que la escalada energética amenaza con elevar la inflación y perjudicar el crecimiento económico.

Para las familias españolas, un endurecimiento adicional de la política monetaria podría traducirse en mayores costes de financiación y nuevas presiones sobre las hipotecas variables, aunque su impacto dependerá de cuánto hayan anticipado ya los mercados a través del euríbor.

Las empresas tampoco escaparían a las consecuencias, especialmente aquellas que dependen de financiación bancaria para mantener sus inversiones o refinanciar su deuda.

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