Cuatro pasos para poner en marcha el método Buffett

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Warren Buffett es el inversor más famoso del mundo, y probablemente el de mayor éxito de la historia. Con apenas veinticinco años y un capital de 100 dólares fundó una sociedad de valores con siete socios pasivos que aportaron 105.000 dólares, para conformar el germen de lo que hoy es Berkshire Hataway, un gigante que capitaliza más de 350.000 millones de dólares. Su estrategia de inversión representa un progreso en el mundo de las finanzas. Desde luego, nada que ver con el mundo de los 'program trading', las compras apalancadas, los bonos basura, los derivados, los futuros sobre índices y en general, todo lo que el propio Buffett definió en la década de los 90 como "la gran burbuja".  Su estallido, materializado por la debacle del mundo puntocom, desencantó a muchos inversores, al tiempo que los sumió en fuertes pérdidas.

A diferencia de ellos, Buffett no ha pasado por periodos mediocres. Sus resultados, ampliamente documentados, han sido siempre satisfactorios; mientras muchos miraban hacia esotéricas estrategias y complejos algoritmos, el 'Oráculo de Omaha' ha amasado una fortuna siguiendo fielmente sus principios. En el libro 'Warren Buffett' (Gestión 2000), Robert G.Hagstrom hace un repaso a la vida del famoso inversor, y desvela, entre otras muchas ideas, los cuatro pasos para poner en marcha el método Buffett.

Este método, dice Hagstrom, "es engañosamente simple". No hace falta aprende programas informáticos ni estudiar engorrosos manuales de inversión. De hecho, no hay nada de científico en la valoración de una empresa y en el pago posterior de un precio que sea inferior a su valor real. "No es necesario hacer cosas extraordinarias para conseguir resultados extraordinarios", dice el propio Buffett en una de sus citas más famosas. 

Primer paso: Desconecte del mercado de valores

Los inversores deben tener en cuenta que, en ocasiones, el mercado se entusiasma alborotadamente con las perspectivas de futuro, y en otras se deprime sin que exista razón para ello. Es un comportamiento parecido al de un maníaco depresivo. Por supuesto, aquí pueden surgir oportunidades, precios irracionalmente bajos, pero lo interesante es huir de este comportamiento, del mismo modo que nadie entregaría su dinero a un asesor con tendencias maniaco-depresivas. 

En su oficina, dice Hagstrom, "Buffett no tiene establecida una conexión que le informe de las cotizaciones en tiempo real, y al parecer, le va bien así". Alguien que ha previsto comprar acciones de una empresa que piensa que es excelente, para mantenerlas muchos años, ve el día a día del mercado como algo irrelevante. Se deben consultar periódicamente las cotizaciones, para ver si ha sucedido algo que ofrezca una buena oportunidad y para descubrir que la cartera de valores hace frente a la situación, aunque no se analice constantemente el mercado. 

"Usted sabrá que se está acercando al nivel de Buffett cuando al observar las cotizaciones se haga únicamente esta pregunta: ¿ha hecho alguien alguna tontería que me ofrezca la oportunidad de comprar las acciones de una buena compañía a un precio muy interesante?". 

Segundo paso: No se inquiete por la situación económica general

Del mismo modo que la gente pasa horas inútiles "preocupándose por la trayectoria de la bolsa, también lo hacen innecesariamente por la situación económica general", advierte Hagstrom. Si usted le está dando siempre vuelta a si la economía está en recesión o expansión, si la inflación sube o baja o si van a recortar o elevar los tipos de interés, lo mejor que puede hacer es reflexionar, advierte este experto. Lo normal es que los inversores empiecen haciendo un supuesto sobre la situación económica general, "y luego vayan en busca de acciones que encajen perfectamente con ese magnífico diseño", apunta Hagstrom. 

Pero Buffett cree que esta forma de pensar es absurda. Primero, porque nadie tiene poderes para predecir la situación económica, lo mismo que tampoco los tiene para vaticinar hacia dónde va ir la bolsa. Además, quien seleccione acciones en función del entorno económico se verá obligado a la rotación y la especulación, tratando de ajustar permanentemente la cartera al próximo escenario económico. Eso no quiere decir que la rotación de carteras que emplean muchos gestores profesionales sea algo erróneo. Simplemente, no es un método para el universo de Warren Buffett.

Tercer paso: Compre una empresa, no una acción

El método de inversión de Buffett aborda cuestiones clave como las siguientes: ¿Es la empresa fácil de entender y rica en historia operativa coherente y unas perspectivas favorables a largo plazo? ¿Está dirigida y gestionada por dirigentes honrados, que se comunican sinceramente con los accionistas? ¿Son buenos los aspectos económicos, como por ejemplo unos elevados márgenes de beneficio? ¿Se pueden adquirir las acciones con un descuento sobre el valor intrínseco?

El cálculo el valor de una empresa no es una operación matemática compleja. Sin embargo, los problemas nacen cuando se estima incorrectamente el valor del 'cash flow' futuro. Buffett hace frente a este problema de dos maneras. En primer lugar, se centra en empresas que sean simples y de naturaleza estable. En segundo lugar, insiste en el margen de seguridad entre el precio de compra de la empresa y su valor real o intrínseco. El margen de seguridad ayuda a crear un colchón que le proteja de las compañías cuyos futuros 'cash flows' van cambiando. 

Para Buffett hay un mandamiento grabado a sangre y fuego. "El precio que pagues determinará si tu inversión va a ser buena o mala. Paga menos y obtendrás más, paga más y obtendrás menos", reflexiona Ángel Faustino en su libro "Invertir tus ahorros y multiplicar tu dinero' (Deusto). Y la forma en que el Oráculo de Omaha decide si el precio es bueno no es con el tradicional y muy usado PER (ratio precio/beneficio) sino con su inversa, el beneficio por acción BPA o EPS (earning per share, en inglés). Considera de su propiedad los beneficios de una empresa, tanto si reparte dividendos como si no.

Por ejemplo, si paga 25 euros por una acción y esa empresa gana 5 euros por título, considera que la rentabilidad de su inversión es del 20% (5/25 x100). En términos de PER, tendríamos un ratio de 5 (25/5), es decir, estaríamos pagando 5 veces el beneficio de esa acción; pero a Buffett no le importa si en ese momento el mercado no lo ve o los beneficios se quedan sin repartir. Los valora tanto si se reparten como si quedan en forma de reservas. Por el contrario, si el mercado está muy caro y pagas 40 euros por la acción, la rentabilidad en los términos que aplica Buffett sería del 12,5% (5/40 x100) y se estaría pagando un PER de 8 veces (40/5). Sin embargo, si se ha producido una fuerte caída del mercado (el momento ideal para Buffett) y se ha comprado barato (por ejemplo, a 10 euros) la rentabilidad sería del 50% (5/10 x100) y se estaría pagando un PER de 2 veces (10/5).

El precio es completamente clave en la filosofía Buffett. Hasta el punto que si el inversor encuentra una empresa excelente, dirigida por los mejores directivos del mundo, con un producto sin igual y con unas expectativas muy brillantes, pero está cara, no la comprará. La seguirá y esperará una caída (lo que sabe seguro que terminará por llegar tarde o temprano). No en vano, dice Ángel Faustino, "una de las características del estilo Buffett es la paciencia". Y el famoso inversor tiene la virtud de esperar lo que haga falta a que el precio baje a niveles que considera razonables.

Cuarto paso: Gestione una cartera de empresas

En el método Buffett no existe ninguna obligación que diga que el inversor debe incluir los sectores principales, ni tener en cartera 30,40 o 50 compañías para conseguir una diversificación apropiada. De hecho, Buffett piensa que una gran diversificación se da cuando los inversores no saben lo que están haciendo. Si estos inversores "ignorantes" quieren poseer acciones ordinarias, lo que deberían hacer es invertir en fondos que repliquen a un índice de referencia. Pero para los inversores que "tienen alguna noción", la diversificación tradicional en docenas de valores "tiene poco sentido". Buffett reflexiona de la siguiente forma: "Si la mejor empresa de su cartera representa un riesgo financiero mínimo y tiene las mejores perspectivas a largo plazo, ¿por qué colocar dinero en la empresa favorita número veinte en lugar de hacerlo en la opción número uno?

Ahora que el inversor gestiona una cartera de empresas, muchas cosas empiezan a cambiar. De entrada, es menos probable que venda sus mejores valores solamente porque obtiene un beneficio con ellos. Igualmetne, resistirá la tentación de comprar títulos de una compañía marginal solo porque tiene reservas de liquidez disponibles. Si la compañía no pasa la criba de sus principios, no se compra. "Tenga paciencia y espere a que aparezca la empresa adecuada. Es incorrecto asumir que si no compra ni vende no está avanzando". Cuando Buffett compra acciones se concentra en dos cosas, el precio y el valor. El precio lo ve en las cotizaciones, y la determinación del valor es la clave, exige algunos cálculos pero nada complejo.

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