Macroeconomía

¿Puede un robot decirle dónde invertir?

Se estima que los «robots» ya gestionan 53.000 millones de dólares en Estados Unidos aunque en España están todavía aterrizando. Sin embargo, es muy probable que su modelo de gestión pasiva y bajas comisiones acabe conquistando a más de un bolsillo.

robo-advisor

¿Dejaría usted sus ahorros en manos de un robot? Puede que su reacción inicial ante esta posibilidad sea de desconfianza pero debe saber que esta tendencia ha llegado para quedarse y no va a hacer más que crecer hasta alcanzar los dos billones de dólares en volumen de activos gestionados en 2020, según estimaciones de la consultora ATKearney. Pero, ¿cómo funcionan los robo-advisors? Básicamente, los gestores automatizados de inversión son soluciones informáticas que asignan un perfil de riesgo a los clientes en función de las respuestas que éstos ofrecen en un cuestionario y que, después, les ofrecen una cartera diversificada de fondos de gestión pasiva acorde a ese «scoring». En España, este tipo de soluciones acaban de aterrizar de la mano de start ups como Indexa o Finizens, pero en Estados Unidos ya gestionan unos 53.000 millones de dólares. 

Uno de los secretos de su rápida implantación radica en que ofrecen productos más baratos que las gestoras tradicionales porque no tienen que hacer frente a los elevados costes que supone contar con un equipo de asesores, analistas y gestores de activos. En ese sentido, las comisiones son más «transparentes y significativamente más bajas que las que ofrece el sector bancario», según relata Giorgio Semenzato, CEO de Finizens. Asimismo, es destacable que los robo-advisors ofrecen «soluciones digitales transparentes y muy fáciles de usar», según reconoce un informe de BBVA. 

Pero, sin duda, uno de los rasgos más característicos de los robo-advisors es que construyen sus carteras a partir de fondos de gestión pasiva (la que se limita a replicar la evolución de un determinado índice y que es lo opuesto a la gestión activa: aquella en la que un profesional selecciona una cartera de activos que cree que se van a comportar mejor que el resto). En este sentido, los impulsores de los robo-advisors defienden que la gestión activa es más ineficiente que el mercado y, aunque reconocen que hay fondos excepcionales, aseveran que éstos son la minoría, que es difícil identificarlos y que su comportamiento no suele ser consistente en el tiempo.
Un informe de Indexa elaborado en colaboración con la Universidad del País Vasco pone números a esta cuestión. Según el documento, el rendimiento de los fondos de gestión activa ha sido un 2,9 por ciento inferior a la de los fondos de gestión indexada en España en los últimos diez años. Así, a modo de ejemplo, cabe decir que un ahorrador que hubiera invertido 100 euros en 2005 en fondos españoles de la categoría renta variable mixta internacional, hubiera ganado 15 euros, que no le habrían servido para cubrir la inflación y que estarían considerablemente por debajo de los 71 euros que habría obtenido de estar invertido en fondos indexados de la misma categoría. 

Pero, además de su mejor comportamiento, los fondos indexados son mucho más baratos, pues pagan una comisión del 1,5 por ciento en España (y de tan solo el 0,2 por ciento en países como Estados Unidos), muy por debajo de los productos de gestión activa. Asimismo, este tipo de productos no paga retrocesiones a las entidades que los comercializan (los robo-advisors en este caso), con lo cual éstas no encuentran incentivos para priorizar la venta de unos productos frente a otros: Se limitan a colocar el que el algoritmo cree que es mejor.

Pero, ¿son estas soluciones para todo el mundo? Los robo-advisors aseveran que están destinados a cualquiera que busque aumentar su rentabilidad (pues las comisiones van en detrimento de la misma). En cambio, desde la industria financiera opinan que su destino lógico son los clientes con patrimonios relativamente reducidos, que no pueden pagar el asesoramiento más personalizado que reciben los clientes de banca privada y patrimonial. De hecho, los mínimos para invertir en este tipo de productos son bastante bajos, desde 1.000 euros en Indexa y 100 en Finizens.

Precisamente pensando en acceder a nuevos segmentos de clientes y en reducir costes, «la propia banca y los gestores tradicionales están incorporando estas herramientas en su cartera de productos», según explican en BBVA, que recuerda que algunas start ups han firmado alianzas con entidades tradicionales. Es el caso de Betterment con Fidelity o FutureAdvisor con BBVA Compass, la subsidiaria estadounidense del banco de origen vasco. Aquí en España, la propia Indexa está ofreciendo una marca blanca a las entidades.

Sin embargo, pese a que la confianza de los ahorradores españoles para invertir en un robo-advisor se sitúa en el 49 por ciento para los mayores de 40 años y en el 70 por ciento para los millenials, también hay argumentos en contra de este tipo de soluciones. Karim Zouhdi, director ejecutivo de EFPA Europa, comenta que los robo-advisors no tienen en cuenta las particularidades de los clientes y que presentan dificultades para interpretar situaciones complicadas de los mercados como el 'Brexit', por poner un ejemplo. «¿Ha intentado hacer una traducción en Google Translate? Es una herramienta que puede ser útil pero ¿a que no traducirías tu CV con él? Debe haber alguien que entienda inglés que vea qué traducción se ha hecho», opina este experto, quien exige que los robo-advisors cumplan estrictamente la normativa Mifid II y que siempre cuenten con un asesor financiero certificado para acompañar al cliente.

Sobre esto, es preciso decir que la mayoría de soluciones en el mercado son híbridas y cuentan con intervención humana en algún momento del proceso. Asimismo, Semenzato defiende que «las carteras de inversión ofrecidas por los robo-advisors son más diversificadas que la media, con lo que se consigue reducir su volatilidad, limitando las caídas también en eventos como el 'Brexit'».

Pero, por encima de todo, Semenzato asevera que «cerrar las puertas a la innovación solo frenaría la evolución natural del mercado financiero, ya que los robo-advisors no representan una amenaza para el sector, sino una herramienta para incrementar su eficiencia».

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