Los 'brexiteers' marcan goles en propia puerta

Brexit-IV

La penúltima batalla sobre la inmigración del bando favorable a la marcha de la UE tuvo ayer el aire de repliegue desordenado, en el que hubo víctimas por disparos que salieron por la culata. La culpa la tuvo David Beckham. El célebre futbolista lanzó ayer a sus millones de seguidores en Facebook un mensaje en el que declara que votará por la permanencia de Reino Unido en la UE.

Recuerda a sus compañeros británicos en el Manchester United y añade que el club obtuvo mejores resultados por la presencia de un portero danés, Peter Schmeichel, de un líder irlandés, Roy Keane, y de un habilidoso francés, Eric Cantona. Luego evoca su paso por otros clubes europeos.

«También tuve el privilegio de jugar y vivir en Madrid, Milán y París, con compañeros de equipo de todos los lugares de Europa y del mundo. Esas grandes ciudades europeas y sus apasionados hinchas nos dieron su bienvenida a mí y a mi familia, y nos dieron también la oportunidad de disfrutar de su cultura y de su gente, únicas e inspiradoras».

Su llamada a «encarar los problemas del mundo juntos y no aislados» provocó un contraataque de los 'brexiteers'. Boris Johnson fue preguntado por el apoyo de Beckham y ofreció nombres de futbolistas que apoyan el 'out': Sol Campbell, que jugó en el Arsenal, y John Barnes, un jamaicano en el centro del campo del Liverpool en los años ochenta. Johnson acabó riéndose.

Su colega Michael Gove fue preguntado por Beckham y repitió el nombre de Barnes, que llamó a la televisión Sky para protestar, porque votará por el 'in' y está «asombrado de que los británicos sean los primeros en saltar del barco cuando las cosas se ponen feas» y porque la campaña sobre los inmigrantes le «recuerda a lo que oíamos en los 60 y 70 sobre los negros».

Johnson fue preguntado por un miembro de la audiencia sobre sus sentimientos por beneficiarse de votos que obtiene una campaña «xenófoba» contra la inmigración. «No tenemos nada que ver en absoluto con esa campaña. La mía está basada en la justicia», dijo. Controlar la inmigración contribuiría a desarmar el extremismo que se extiende por Europa, según Johnson.

Sobre el póster publicado por Nigel Farage -la foto de una carretera de Eslovenia llena de refugiados y el lema 'Al borde de la ruptura'- dijo: «No me gustó. Parecía decir que era mala gente que venía a nuestro país. Me disgustó hondamente». Recordó que, cuando se presentó por primera vez a la alcaldía de Londres, alguien le dijo que le votaría la extrema derecha y él afirmó públicamente que no quería esos votos.

Niños y pasaportes

Farage se concentró ayer de nuevo en la inmigración. Desveló otro póster en Clacton, villa turística decaída, donde uno de cada tres residentes es pensionista y la cifra de inmigrantes es baja. Denuncia el cartel que una de cada cuatro escuelas primarias estaba llena en el inicio del curso. El principal problema de la economía de Clacton no parece ser la abundancia de niños que crezcan para generar rentas e impuestos que paguen las pensiones.

La inmigración ha sido el campo de batalla elegido por Farage y furtivamente por Johnson o Gove, el que les ha dado mejores resultados, aunque un sondeo reciente de Ipsos-Mori dice que el 27% de los británicos cree que la inmigración ha sido buena para ellos, el 19% que ha sido mala y el 51% que no le ha afectado. Pero el malestar es real y ha llevado a delimitar las posiciones en este dilema británico.

Cameron fue acusado ayer por su amigo y exasesor Steve Hilton de saber que era imposible reducir a decenas de miles el número de inmigrantes cuando anunció que lo haría. El laborista Jeremy Corbyn insistió en que hay que crear un fondo especial para los servicios públicos en zonas de alta y rápida inmigración.

Los 'brexiteers' prometen eliminar el derecho de los ciudadanos de la UE a la libre circulación y una ley para acoger a los inmigrantes que Reino Unido quiera mediante un sistema de puntos. Johnson y Gove han asegurado que no cambiarán los derechos de los ya residentes antes de esa ley.

La primera consecuencia ha sido que el Gobierno irlandés ha tenido que contratar a 200 personas más en la oficina de emisión de pasaportes irlandeses-europeos. Parece el preludio de una marea de europeos que querrán poner pie en tierra británica antes del cambio.

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