El FMI consolida a España como la potencia que más crece pese a las dudas del déficit

El Fondo revisa al alza el crecimiento para 2017 y 2018, mientras Bruselas pedirá hoy al Gobierno más ajustes si a final de año las cuentas no cuadran

Uno de las palabras que mejor resume el estado de Europa es España. Después de perder un año en funciones, de sufrir el déficit público más desbocado de la Eurozona y de tener la peor tasa de paro con el permiso de Grecia, ahí está, considerado el nuevo faro de la estabilidad comunitaria en un año complicadísimo para el club con elecciones en Holanda, Francia, Alemania y quizá Italia. «España ya no es el problema», reiteran altos cargos comunitarios. Ni político, como corrobora el reciente indulto a dos multas cantadas, ni económico, como subrayó este lunes el FMI reafirmando su rol como locomotora del euro, revisando incluso al alza su previsión de crecimiento para 2017(del 2,2 al 2,3% del PIB) y 2018 (del 1,9 al 2,1%), pese a los negros nubarrones que se barruntan por el afán proteccionista de Donald Trump.

Eso sí, no es hora de cantar victoria porque Bruselas, según ha podido saber este periódico, pedirá este martes al Gobierno que esté listo para tomar más ajustes si al final las cuentas no cuadran. Pese a todo, y en plenas negociaciones presupuestarias, el duende de Mariano Rajoy sigue en plena forma. Este lunes recibió el enésimo aval del Fondo Monetario, y hoy lo hará de la Comisión Europea. De entre las grandes, nadie en Europa crece más que España. La Eurozona lo hará al 1,6% tanto en 2017 como en 2018; Alemania, al 1,5% en ambos ejercicios; Francia, al 1,3% y al 1,6%, respectivamente, mientras que Italia, seguirá estancanda en el 0,7% y el 0,8%. Las cifras de España, que este año alcanzará el nivel de riqueza anterior a la crisis, son comparables a las que tendrá Estados Unidos y están ligeramente por encima de la tasa media de las «economías avanzadas» (1,9% y 2%, respectivamente).

Pero el diablo, como siempre, se esconde en los detalles. Y en lo económico, lo hace sobre todo en el déficit. ¿Y qué es el déficit? Que España gastase unos 50.000 millones más de lo que fue capaz de ingresar. Cerró en el 4,6% del PIB, mientras el objetivo pactado es que lo haga este año en el 3,1%. Dicho de otro modo: hay que ajustar unos 16.000 millones. He aquí la secular batalla comunitaria tras una década de incumplimientos del Pacto de Estabilidad (el déficit debe estar por debajo del 3%).

De hecho, Bruselas duda de que vaya a cumplirse ese 3,1% y cree que el déficit se irá hasta el 3,3% a final de año, unos 2.000 millones de desfase que se corresponden con las diferentes previsiones de crecimiento previstas por unos y otros. Bruselas se alinea con el FMI y la sitúa en el 2,3%, mientras Madrid cree que será del 2,5%. De hecho, éste será el gran argumento que este martes usará el ministro español de Economía, Luis de Guindos, para justificar este desfase.

Con permiso del desempleo, es el gran talón de Aquilés de España, como volverá a recordar este martes el Ejecutivo comunitario en su evalución del proyecto presupuestario para 2017 enviado por el Ministerio de Economía el pasado diciembre. El documento, según fuentes de toda solvencia consultadas por este periódico, da luz verde a las grandes líneas de las cuentas de Mariano Rajoy, aunque con los tradicionales peros. En los eufemismos comunitarios, se utilizan dos expresiones para los aprobados: 'compliant' (sería un 5 raspado) o la que ha sacado España: 'broadly compliant', que sería un bien alto. De nuevo, muchas dosis de zanahoria para la economía que más crece de largo, pero los palos, eso sí, vienen de serie.

7.000 millones de ajustes

En esta ocasión, más que palos ha habido dudas. En lo político, «España sale bastante bien parada», coincidían en asegurar este lunes dos altas fuentes comunitarias consultadas por este diario. En lo técnico, sin embargo, hay ciertas discrepancias, aunque «menores». Así lo constatará esta tarde el Colegio de Comisarios, que aprobará un dictamen que «invita» al Ejecutivo español a estar «preparado» para aprobar más medidas fiscales en caso de que, llegado el momento, se compruebe que los ajustes aprobados no son suficientes para alcanzar los compromisos adquiridos.

Nadie esperaba mayores problemas porque si algo le sobra a Europa, son problemas. No hay que olvidar, además, que a principios de diciembre, cuando el Consejo de Ministros aprobó el ajuste de 7.000 millones (basado, sobre todo, en una subida tributaria de 5.000 millones centrada en el Impuesto de Sociedades), el equipo del comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, salió a los medios para bendecir la decisión: «Va por el buen camino». «Estamos muy tranquilos», confesaban este lunes fuentes gubernamentales.

La presión, pese a todo, continúa. El informe recuerda cómo España se libró, primero, de una multa de hasta 2.000 millones y, después, de una congelación de fondos estructurales de en torno a 1.200 millones. Y todo por el mismo motivo: su indisciplina fiscal en 2015, año electoral. Con las normas en la mano, la sanción era de libro, pero la Comisión indultó políticamente tanto a España como a Portugal. Y si algo salvó a Madrid fue, precisamente, el crecimiento que este lunes elevó el FMI.

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