Macroeconomía

Cataluña: Así renace el orgullo español

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Nunca había votado ni había ido a manifestaciones. Pero todo cambió en los últimos meses para Francisco, cuando los líderes de Cataluña intentaron separarlo de España, despertando el orgullo español en muchos ciudadanos hasta entonces escondido.

"Antes te callabas, no decías nada, pensabas que no iban en serio. Pero cuando pasó todo, el referéndum, la declaración de independencia, te das cuenta que tienes que salir", explica Francisco Alfonso.

"Si no salíamos, esto era la jungla. Nos separan de España, las empresas se marchan, la economía se va a pique...", dice este lampista de 37 años residente en Santa Coloma de Gramenet, separada de Barcelona por el río Besós.

Durante años, los independentistas monopolizaron la atención: sus banderas ondeaban en decenas de balcones e incluso en ayuntamientos de la región y organizaban multitudinarias manifestaciones.

Pero después del referéndum inconstitucional del 1 de octubre y la proclamación de independencia del 27, sus contrarios empezaron también a colgar banderas españolas en los balcones y congregaron enormes protestas en Barcelona.

"Nunca en mi vida había tenido una bandera española", reconoce junto a Francisco su amiga María José González, ama de casa de 63 años.

"Pero en la primera manifestación por la unidad de España, el 8 de octubre, decidí comprarme una y ponérmela. El primer día tenía miedo, pero el segundo sentí una especie de liberación", recuerda.

Participación masiva

Francisco, ella y su marido Jose Antonio se dirigen a un mitin de Ciudadanos, el partido que está capitalizando la mayor parte del voto en contra de la secesión para los comicios del 21 de diciembre.

La participación se prevé masiva, con una especial movilización en zonas con pocos apoyos independentistas que hasta ahora no se involucraban en exceso en la política regional. Nacido en 2006 para combatir el nacionalismo catalán, Ciudadanos pasó de ser un partido casi residual a competir por ganar las elecciones a los partidos independentistas.

En sus mitines de campaña, sus simpatizantes lucen con orgullo el logo del partido: un corazón compuesto por tres banderas, la catalana, la española y la europea. "Votar a Ciudadanos es votar claro. Es votar por la unión sin complejos", decía en una atención a los medios su candidata Inés Arrimadas.

Originaria de Jérez de la Frontera, en la región sureña de Andalucía, Arrimadas habla perfectamente catalán y está casada con un exdiputado nacionalista. Para muchos simboliza el mestizaje de la sociedad catalana.

"Es la que mejor me representa", explica Ana María González, una mujer de 73 años, tras fotografiarse con la candidata a su paso por Figueras, el pueblo natal del pintor Salvador Dalí en el norte de Cataluña.

Emigrantes menospreciados

Ana María González nació en Sevilla pero con 20 años se instaló en este municipio. "Siempre nos trataron bien, me llevaba bien con todo el mundo pero los últimos meses los hemos pasado muy mal", explica con los ojos llorosos. "Te atacan porque no hablas catalán o por llevar esto", dice señalando un pin en su chaqueta con el logo de Ciudadanos.

"Soy tan catalana como ellos. Llevo toda mi vida trabajando aquí. Nosotros hemos construido todo esto también. Hasta ahora no decíamos nada pero ya estamos cansados de que nos ataquen y nos insulten", protesta.

En los últimos meses se vieron olvidados, incluso menospreciados, por el gobierno catalán de Carles Puigdemont, que empleó todo su empeño a celebrar un referéndum de autodeterminación declarado ilegal.

El portavoz del gobierno insinuó que quienes no votaran no eran ciudadanos sino "súbditos", una expresidenta del parlamento catalán le dijo a Arrimadas que se volviera a Andalucía o un escritor calificaba en una columna de opinión de "colonos" a los llegados del resto de España. "Tanto desprecio duele", resume Ana María.

En el centro de Barcelona, Ricardo Brau, un estudiante de 17 años, escucha como lo llaman "facha" por llevar una bandera española. "Mi familia es catalana, yo soy catalán, pero también me siento español y estoy orgulloso de serlo. Me he cansado de esconderlo", afirma. "Pero aquí, si no eres independentista, parece que ya no seas catalán", dice.

Antes de terminar de hablar, otro hombre, con un imperdible reclamando la libertad de los independentistas presos, se choca contra él de malos modos. "¿Ves? Esto es lo que me indigna. Y después somos nosotros los que no somos demócratas".

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