Escrivá y los ‘paganinis’de las pensiones

Prueba (parche) y error. Esa es la filosofía que estamos sufriendo y que nos espera en materia de pensiones

Ya no tengo ninguna duda. Las personas al frente del Ministerio de Seguridad Social estarán condenadas en las próximas décadas a transmutarse en una versión de Víctor Frankenstein, el personaje de la novela de Mary Shelley y, así, contribuir con su aportación de turno a la creación de un monstruo, que es en lo que se ha convertido ya nuestro sistema de pensiones. 

Prueba (parche) y error. Está claro que esa es la filosofía que estamos sufriendo y que nos espera en materia de pensiones en las próximas décadas.  

Medidas sacadas de una chistera que se sueltan en los medios como globos sonda y que nunca se materializan, otras que se recuperan después de ser eliminadas por el Gobierno anterior y otras que se aprueban hasta que en revisiones futuras se descubra que no han servido para mucho y se desechen o modifiquen.  

Interés partidista en materia de pensiones 

Este esquema -real- da buena muestra del interés partidista de nuestra clase política en materia de pensiones. 

Otra cosa que tengo clara es que los perdedores de esta historia van a ser las clases medias, que son y seguirán siendo los paganinis de esta y de todas las reformas que estén por venir. 

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De la última hornada de medidas salidas del ministerio de José Luis Escrivá quisiera detenerme hoy en aquella que incrementará a partir del próximo año las bases máximas de cotización hasta alcanzar los 60.000 euros dentro de 25 años. ¿Dónde habrá quedado esta medida dentro de 25 años? 

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Conforme aumenta el salario de una persona, aumenta su base de cotización, que no es otra cosa que la cantidad de dinero sobre la que el sistema aplica un tipo (porcentaje) de cotización para detraer de su sueldo.  

Esta cantidad ‘sustraída’ sirve para financiar las pensiones actuales y se computa para la pensión futura de esa persona. Bien, pues en la actualidad, la base de cotización está topada a 4.070 euros mensuales.  

Es decir, que las personas con un salario mayor que esa cifra no aportan más al sistema de pensiones. Por otro lado, las pensiones contributivas que se percibirá tras la jubilación también están limitadas por arriba a un máximo de 2.770 euros. 

Tributo en la sombra 

Así las cosas, podemos ver que aquellas personas con un salario bruto entre 2.770 y 4.070 euros están aportando al sistema más de lo que el sistema les reportará en un futuro. Esto es lo que se denomina tributo en la sombra. 

Con la ampliación de las bases máximas de cotización que empezarán a aplicarse a partir del próximo año (y que elevará esos 4.070 euros actuales hasta los 5.000 euros), el número de ciudadanos de clase media que se va a ver afectado por ese peaje o tributo en la sombra será mucho mayor. 

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 En otras palabras, se pierde equidad actuarial y se aumenta la falta de contributividad, ya que serán muchas más las personas que aporten al sistema de pensiones proporcionalmente mucho más de lo que el sistema les dará a ellos el día que se jubilen. 

Pocos días después de avanzar esta medida, Escrivá quiso aclarar en un foro que «todo lo que aumente la base [máxima] llevará aparejado un aumento «equivalente» de la pensión», como si ello fuera a mitigar la totalidad de la drástica medida de inequidad que se introduce en el sistema. 

En roman paladino, lo que el ministro quería decir es que, a efectos prácticos, a casi todas las personas que hoy se ven afectadas por ese peaje en la sombra, se les aumentará.  

Con la salvedad de que serán muchos más, en concreto todos aquellos que cobren entre 48.840 y 60.000 euros brutos anuales, que se han convertido en los pagafantas de las pensiones. 

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En la próxima tribuna diseccionaremos el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, una nueva cortina de humo que se basa en la capitalización, cuyo acrónimo MEI, también tiene su miga. 

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