La importancia de Rusia en la aviación y la factura que gira a IAG

La guerra en Ucrania afecta a las conexiones entre Europa y Asia de una IAG que corre peligro de volver a retrasar su recuperación pospandemia

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Las aerolíneas apuntaban a 2022 como el año para remontar el vuelo tras el trauma del coronavirus. Pero el impacto de la guerra en Ucrania puede afectar severamente a la recuperación de grupos como International Consolidated Airlines Group (IAG).

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Si el conglomerado de aerolíneas hispano-británico preveía regresar este verano al 85 por ciento de su capacidad prepandemia, ahora mira con lógica preocupación a sus rutas internacionales, claves en la recuperación, a pesar de que las conexiones más afectadas por la guerra en Ucrania ya estaban operando con capacidades reducidas a causa del Covid-19.

La prohibición europea a que las aerolíneas rusas sobrevuelen el cielo continental y el posterior cierre del espacio aéreo ruso a las aerolíneas europeas hizo que IAG redibujara las rutas que mantiene entre Europa y Asia para evitar atravesar un espacio controlado por Moscú.

El CEO de IAG, Luis Gallego, aseguraba durante la presentación de resultados que "tras la decisión del Gobierno británico de prohibir que Aeroflot aterrice en el Reino Unido, hemos tomado la decisión de no utilizar el espacio aéreo ruso para sobrevolar".

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Desde IAG también explicaban a finanzas.com que, por el momento, sus conexiones asiáticas seguían operando con una capacidad reducida a causa del Covid-19, "lo que significa que no estamos operando a muchos lugares que utilizan el espacio aéreo ruso".

Otras franquicias fueron más drásticas. La asociada a IAG en una joint venture y a través de la alianza Oneworld, Japan Airlines, canceló el jueves las conexiones con Europa. Su competidor directo, ANA Holdings, tomó la misma decisión horas después.

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Parece que, por ahora, IAG mantendrá sus rutas. Pero la guerra en Ucrania obliga a los de Gallego a trazar unos recorridos más largos para los vuelos que mantiene con Asia, incurriendo así en un mayor gasto de combustible en un momento en que los precios del crudo se han disparado.

El peso de Rusia en el tablero aéreo

"En 2021 los viajes internacionales desde y hacia Rusia representaron el 5,2 por ciento del tráfico internacional al alcanzar los 24,2 millones de viajeros", contaba a finanzas.com la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), matizando que "el espacio aéreo ruso también se utiliza para el tránsito entre Europa y Asia, y para algunas rutas de América del Norte a Asia".

Ante la imposibilidad de cruzar este espacio aéreo, la IATA aseguraba "estar colaborando en los esfuerzos coordinados para facilitar eficazmente el desvío de rutas cuando sea necesario", un proceso que añadirá tiempo a los viajes, a la vez que suma costes adicionales por el consumo de combustible y las tasas de gestión del tráfico aéreo.

De acuerdo al estudio realizado por Eurocontrol, un vuelo de París a Tokio conlleva ahora 150 minutos más de viaje, mientras que los vuelos de Fráncfort a Pekín, por ejemplo, suman 91 minutos adicionales de media.

Esta extensión de los tiempos, además, no se limita solo a las conexiones euroasiáticas, dado que desde la IATA señalaban que "el espacio aéreo ucraniano está cerrado a todo el tráfico para mantener la seguridad en las proximidades de la zona de conflicto".

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La asociación de transporte aéreo detallaba, por tanto, que este cierre repercute "tanto en el tráfico regional como en las rutas desde Europa hacia el sudeste asiático y Oriente Medio", que se ven obligadas a desplazarse por rutas más meridionales que también se traducen en viajes más largos y un mayor consumo de combustible.

La IATA concedía, eso sí, que los niveles de tráfico internacional "siguen muy deprimidos" a causa de las estrictas restricciones que muchos mercados de Asia siguen imponiendo, por lo que "con los niveles actuales, el impacto global en el negocio es limitado y se pueden acomodar los desvíos necesarios".

British Airways paga el precio más alto dentro de IAG

Dentro del grupo IAG, la única aerolínea que ha quedado afectada por esta eliminación de Rusia del mapa aéreo es British Airways, puestos que otras marcas del conglomerado no vuelan a Rusia o no tenían activas rutas que atravesaran el espacio aéreo ruso, matizaban desde el grupo.

Iberia, por ejemplo, contaba con una conexión con Israel que no queda afectada por este cierre aéreo, de igual manera que las rutas de British Airways con destinos como Dubai, la India y Pakistán pueden operar con cierta normalidad.

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British Airways, no obstante, sí suspendió sus vuelos a Moscú y desvió los servicios que mantiene hacia Hong Kong, Singapur y Tokio a causa de la invasión de Ucrania.

La empresa británica pidió disculpas a sus clientes por las molestias ocasionadas, pero afirmaba que "es evidente que se trata de un asunto que escapa a nuestro control".

En consecuencia, la aerolínea está notificando a sus clientes sobre los servicios cancelados y está ofreciendo un reembolso completo mientras continúa supervisando el desarrollo de la situación.

La importancia del combustible en las cuentas de las aerolíneas

Desde Scope Ratings apuntaban que el doble mazazo del estallido de la guerra en Ucrania, llegado en forma de la interrupción de rutas y el aumento en los costes en un momento en que el precio del combustible ha vuelto a niveles de 2014, "garantiza que la perspectiva crediticia del sector siga siendo negativa".

El rendimiento bursátil, desde luego, ya ha comenzado a descontar el impacto de estos sobrecostes, provocando que, en el caso de IAG, sus acciones hayan caído hasta un 13,5 por ciento en los últimos cinco días.

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"Normalmente, para estas compañías, el combustible es la primera o segunda fuente de costes, por lo que el precio del combustible para aviones ha sido durante mucho tiempo el factor determinante de la rentabilidad de las aerolíneas, representando entre el 15 y el 35 por ciento de sus costes de explotación en la última década", indicaban desde la agencia de calificación crediticia.

Las aerolíneas, por tanto, tendrán que hacer frente a un mercado que sigue viendo limitada su capacidad operativa, en un entorno de precios hiperbólicos de un combustible que, además, se verán obligados a consumir en exceso para compensar estos desvíos en las rutas internacionales.

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