La complacencia o por qué el mercado está obviando riesgos como Venezuela

Los mercados mantienen la tendencia alcista este inicio de año, pese al incremento de la incertidumbre a nivel global

Los mercados globales mantienen este comienzo de año la tendencia alcista que fue la tónica dominante durante 2025 y que llevó a selectivos como el español IBEX 35 a pulverizar sus máximos de todos los tiempos. 

Como sucedió el año pasado, ni tan siquiera las noticias más desestabilizadoras, como la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro a manos de los Estados Unidos, han hecho mella en el optimismo a prueba de bombas de los inversores. 

Uno de los motivos que explican el escaso impacto de la detención de Maduro en las bolsas tiene que ver con la nula presencia de empresas extranjeras en el país (tras años de régimen chavista) y la limitada importancia de la economía venezolana en la escala global. En concreto, el país solo representa alrededor del 0,1 % del PIB mundial

Además, aunque Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta y produce alrededor de un millón de barriles diarios, esto únicamente supone el 1 % del suministro mundial. 

Por eso, tampoco el oro negro ha vivido una revolución estos días pues cualquier avance en ese sentido exigirá primero modernizar la industria del país, lo que llevará tiempo (como mínimo, los expertos hablan de dos años). 

Es improbable que el cambio político en Venezuela provoque una repreciación de los activos en el corto plazo”, han escrito Alex Veroude y Lucas Klein, de Janus Henderson. 

Los inversores ignoran el incremento de la incertidumbre   

Con todo, lo cierto es que la intervención estadounidense en Venezuela levanta ampollas e interrogantes a todos los niveles, al igual que lo hacen las amenazas de su presidente, Donald Trump, con respecto a Groenlandia (un territorio de Dinamarca). 

Porque si algo ha demostrado la crisis de Venezuela es que Trump está dispuesto a poner en práctica al menos una parte de sus amenazas y nadie sabe cuál puede ser el impacto económico de una escalada de la tensión promovida por él. 

Entonces, ¿por qué el mercado ha preferido ignorar este riesgo al alza?, ¿por qué da la espalda al cambio del orden mundial que se está produciendo a toda velocidad, favorecido por los Estados Unidos? 

El mercado, instalado en la complacencia 

Una palabra clave para explicar este fenómeno es “complacencia”, tal y como relatan desde Creand AM. 

“Los mercados atraviesan una fase de clara complacencia, con una lectura del entorno económico que no termina de reflejar los riesgos existentes en el contexto macroeconómico. Pese a que la inflación se sitúa en niveles todavía elevados y persisten las tensiones geopolíticas y la incertidumbre comercial, los índices mantienen un tono positivo sustentado por una elevada liquidez y valoraciones que continúan en niveles exigentes”, dice un informe de la gestora. 

El mercado está mostrando un optimismo excesivo, en un momento en el que existen elementos de riesgo relevantes”, insiste Luis Buceta, director general de Negocio e Inversiones de Creand AM. 

El FOMO explica (en parte) lo que ocurre 

Esta complacencia se ve alimentada por el hecho de que nadie quiere perderse el abultado rally de las bolsas, por lo que siguen entrando flujos en los mercados, alimentando a su vez la fase alcista. 

Pero hay que tener cuidado porque este dinero puede comenzar a salir si se materializa alguno de los riesgos que se están pasando por alto. 

“Un mercado saturado de liquidez y dominado por el FOMO, ese miedo a quedarse fuera de la subida, se asemeja a una fiesta llena de gasolina, basta una chispa para que todos intenten salir a la vez. La volatilidad no estalla porque el mundo se desmorone, sino porque las expectativas que sostenían las cotizaciones eran, desde el inicio, imposibles de mantener”, avisa al respecto el economista José Manuel Marín Cebrián, fundador de Fortuna SFP. 

Por eso, desde Barclays creen que los inversores deben mantener la prudencia y la diversificación: "El desafío para Trump en 2026 será lograr un equilibrio entre las políticas de 'Estados Unidos Primero' y las medidas de asequibilidad destinadas a la población general, sin provocar el hundimiento de Wall Street. El cambiante orden mundial sigue exigiendo la diversificación internacional y una exposición sectorial vinculada a la autonomía estratégica".

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