Macri se enfrenta a la primera huelga general de su mandato

Un año y cuatro meses tardó la CGT (Central General del Trabajo) en convocar la primera huelga general contra el Gobierno de Mauricio Macri. El momento coincide con el eco de una formidable manifestación a favor del Ejecutivo (el pasado sábado) y el anunció de un amnistía fiscal que supuso una recaudación sin precedentes: 116.800 millones de dólares.

Omar Viviani, uno de «los gordos», como se conoce a los pesos pesados que llevan décadas instalados en alguno de los históricos sindicatos, propuso «dar vuelta» (volcar) a los taxis que no adhieran al paro de hoy jueves. Cuando el titular del Sindicato de Peones de Taxis se dio cuenta de lo que había dicho intentó dar marcha atrás y se justificó: «Se me saltó la cadena» (expresión similar a «se me fue la olla o la pinza»). Las declaraciones de Viviani reflejan el clima de tensión que hay dentro de la CGT frente aun paro que parece poco oportuno y cuya grado de adhesión no responde al habitual.

Gerónimo «Momo» Venegas, sindicalista que representa a los peones rurales (UATRE) y afín al Gobierno, anunció que decenas de gremios no secundarán la huelga. Entre otros, los del sector petrolero, gastronómicos de Buenos Aires y trabajadores del caucho o del vidrio. No obstante, la adhesión de las principales organizaciones sindicales del transporte, sumada a la mayoría de los gremios más importantes garantizan el virtual éxito de la jornada de huelga en Argentina. «El Momo», como se conoce popularmente a Benegas le regaló los oídos al oficialismo al observar, «habría que hacer una marcha para que metan presos a todos los kirchneristas» en alusión a la oposición y los escándalos de corrupción del anterior Gobierno.

José Ibarra, titular de la Federaciób Nacional de Conductores, enfrentado a Viviani, salió al pasó de la medida. «Consideramos que éste es un paro político, por eso no adherimos», declaró. Su decisión no impedirá que la mayor parte del transporte público no funcione aunque, animoso, añadió: «Queremos decirle a la sociedad que garantizamos transporte ese día (por hoy jueves)».

El Gobierno salió en tromba a censurar una huelga que el presidente, Mauricio Macri, estimó que costará unos 15.000 millones de pesos (en torno a los mil millones de dólares) en pérdidas. La mayoría de los ministros desfilaron por radios, televisiones y medios de comunicación en un intento de ganarle el pulso a la CGT. Jorge Triaca, titular de Trabajo, consideró el paro, «un error de diagnóstico». Rogelio Frigerio, titular de Interior observó, «no hay hoja de ruta para el día después del paro, porque no hay consignas claras de por qué se está parando» y calificó de «incomprensible» la convocatoria.

El ministro de Economía, Nicolás Dujovne, reconoció, «estamos atravesando los meses más duros en términos de inflación del año porque se produjo el aumento de los precios regulados, la electricidad, subieron los peajes» pero, añadió, «a lo largo del año la inflación va a bajar muy marcadamente». En cuanto a la huelga, directamente, la califico de «gimnasia pre electoral de cara alas elecciones».

El paro se produce en un clima de peleas internas del sindicalismo, con el kirhcnerismo en pie de guerra y con sus principales figuras, con Cristina Fernández y su familia a la cabeza, en desfile permanente por los tribunales federales.

En ese marco las redes sociales sentarán un precedente en la historia de las huelgas de Argentina. Por primera vez se instalaron #hastag en contra de la medida, particulares se organizan y ofrecen para llevar a ciudadanos a sus puestos de trabajo, se incentiva el uso de la bicicleta y se castiga, como nunca antes, a un sindicalismo algo disperso y atribulado.

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