La omertá andaluza

La corrupción también se cansa. Baja la guardia. Calla y otorga. El expresidente de la Junta de Andalucía José Antonio Griñán interpretó en el Senado una de las partituras más hondas de Beethoven, que fue quien dijo aquello de que nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo, y escogió la mudez como burladero. La omisión de la memoria como alegoría de la decadencia andaluza, cautiva de un conformismo casi bucólico. Esa afonía de Griñán simboliza el estado de lasitud y de hastío que va a poner sordina a las urnas mañana en el Sur. Como el expresidente, cada andaluz extenuado de tantos años de vaciedad aguardará cabizbajo las preguntas que su conciencia le hará tras las cortinas mientras elige una papeleta. Y escenificará el verso íntimo de Aleixandre, un andaluz mucho más esencial que el que impone el arquetipo, mientras ensaliva el sobre: «El puro silencio eres tú, oh dormido, oh abandonado, oh solitario».

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