El órgano del Salvador lleva 14 años olvidado en un almacén

El órgano del Salvador, uno de los más antiguos y valiosos de Andalucía, construido por Juan Deb ono entre 1792 y 1794 lleva catorce años desmontado y embalalado en un almacén del Cabildo, tras su desmontaje en diciembre de 2003 con motivo de las obras de restauración de la colegiata.

Durante tres semanas, el equipo de Gerard Grenzing, autor del órgano de los Venerables, procedió al desmontaje del instrumento. Daniel Grenzing, hijo del prestigioso organero, Marc Theo y Hervé Reinhard, realizaron esta delicada operación anotando y envolviendo cada pieza en cajas especiales.

Clasificaron y embalaron 2.500 tubos a la espera de que terminaran los trabajos de restauración del templo, iniciados en 2004. Sin embargo, nada se hizo con el órgano que lleva catorce años «durmiendo» en un almacén del Cabildo. La historia de este órgano explica su singularidad pero no su abandono en una nave durante tanto tiempo.

Cuñado de Jordi Bosch, organero del rey y el mejor profesional español de la éoca, Debono le ayudó en la construcción de uno de los órganos de la Catedral y fue autor en solitario del instrumento del Salvador y de la iglesia de Santa María Magdalena. El órgano se inauguró en 1794 y se colocó inicialmente en un coro lateral del templo. A mediados del siglo XIX, se desmontó ese coro y se colocó en su posición actual, a los pies de la nave central. Antes tenía doble fachada y sonaba por los dos sitios, pero a partir de ese momento perdió esa propiedad.

En 1965 este órgano fue intervenido por la compañía Aquilino Amezúa Hernani, que se dedicaba a restaurar estos instrumentos y el patrimonio eclesial destruido durante la Guerra Civil. Era la única que había entonces en España en este campo y esta restauración «romantiza» sus tubos.

Este instrumento era de origen barroco y tenía la sonoridad propia de esa época pero la empresa vasca modifica esa sonoridad para hacerla más suave, más dulce y, tal vez, menos hiriente. Era la moda de la época y conforme a ella se quitaron también algunos registros originales (familias de tubos), sustituyéndolos por otros de factura romántica.

Diecinueve años después, la empresa Gerard Grenzing restauró de nuevo el órgano, devolviéndole sus propiedades y sonoridades iniciales. Este proceso de «barroquización» culminó una completa restauración que se acometió con motivo de la conmemoración en 1984 del cuarto centenario del nacimiento del sevillano Francisco Correa de Arauxo, uno de los mejores organistas de todos los tiempos y gran maestro del siglo XVII.

Desde que Grenzing terminó su trabajo hasta diciembre de 2003 el órgano sonaba con toda normalidad y con él se ofrecen numerosos conciertos. José Enrique Ayarra, el organista de la Catedral, lo certifica en un catálogo realizado en 1998 en el que recoge el estado de todos los órganos de la provincia de Sevilla.

En 2003, poco antes de iniciarse las obras del Salvador, Ayarra defiende que sea Grenzing el que desmonte el órgano y así se hace. Abraham Martínez, el restaurador del órgano de Santa Inés, colaboró con Grenzing entre 1999 y 2004, recomendado por el propio organista, y efectuó arreglos puntuales en el órgano de la Catedral y en el de los Venerables.

Grenzing llamó a Martínez para que inspeccionara desde una grúa pluma la situación del órgano del Salvador y viera las cogidas de la pared para decidir si era necesario desmontarlo o era suficiente con construir un cofre de madera que lo protegiera durante la realización de las obras. El organero sevillano advirtió «in situ» que si se desmontaba el cancel de la puerta el órgano podría venirse abajo y destruirse y recomendó su desmontaje íntegro.

Funcionaba perfectamente

El órgano funcionaba perfectamente hasta ese día pero en diciembre de 2003 se desmonta por la empresa de Grenzing por unos tres millones de las antiguas pesetas (unos 18.000 euros) y se embala en cajas y guarda en un almacén del Cabildo. Cuando se reabre el Salvador, se plantea el montaje del órgano para que pueda volver a sonar. La caja se vuelve a montar pero el instrumento se queda en las cajas porque la empresa de Grenzing pide 300.000 euros por la restauración y montaje del instrumento. El presupuesto incluye una nueva restauración, la tercera en cuatro décadas. El Cabildo la rechaza.

Fuentes del sector aseguran que «ni era necesaria una nueva restauración ni se justificaba ese precio porque con ese dinero se podría construir un órgano nuevo y tan grande como el Salvador, con la caja incluida. Hay gente que puede cobrar entre 50 y 200 euros la hora pero no 1.000 euros».

El montaje es más caro que el desmontaje pero su coste no puede exceder del doble o del triple del montaje, según las mismas fuentes. De modo, que el precio máximo sería de unos 50.000 euros. Grenzing pidió seis veces más y el Cabildo decidió no hacer la operación. Sin embargo, tampoco encargó a ningún otro organero que por un precio más razonable lo montara. Y así trascurrieron 14 años.

El Cabildo parece haber recapacitado y va a encargar ese montaje a otros organeros. «Ya se ha producido una reunión de la Fundación del Salvador y hay intención de retomar ese asunto y acometer la recuperación del instrumento», afirman a ABC fuentes próximas a esta institución.

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