Pan con yuca y otras armas frente a la invasión de alimentos en el Caribe
En la isla de Barbados, como en otras muchas del Caribe, la mayor parte de los alimentos que se consumen[…]
En la isla de Barbados, como en otras muchas del Caribe, la mayor parte de los alimentos que se consumen viene de fuera, una dependencia de alto coste capaz también de pasar factura a la salud de sus habitantes.
Cada año se estima que los países caribeños importan comida por valor de unos 5.000 millones de dólares y Barbados no es una excepción.
En ese pequeño país, a flote por el turismo y las finanzas, la alimentación se ha dejado en manos extranjeras ante el bajo rendimiento de sus limitados recursos.
Hace ya tiempo que Richard Armstrong se cansó de perder dinero con la tradicional caña de azúcar y decidió plantar en sus tierras otros cultivos de rotación como la yuca o el camote.
Quiso invertir "donde otros no se atrevían" y, tras mucho buscar, se hizo con maquinaria para procesar la materia prima, como hace con las patatas en bolsa que guarda en una cámara frigorífica.
Sin embargo, en esa planta los empleados solo trabajan tres días a la semana. "No tenemos economías de escala como en Estados Unidos, Canadá o Europa. El coste de la electricidad es alto para cualquier procesamiento y difícilmente podemos competir en el mercado", explica a Efe Armstrong.
Ante esa competencia tan desigual, el propietario reclama mayores incentivos para el sector privado y pide a los consumidores que valoren más los productos elaborados en suelo nacional.
Su último intento para subirse al carro de las ventas ha sido abastecer, junto con una veintena de proveedores cualificados, yuca para un proyecto iniciado en 2015 por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otros socios.
Uno de los resultados ya está en los estantes de distintas tiendas de Barbados: un pan de molde en el que se ha sustituido un 40 % de trigo importado por casava.
Las harinas obtenidas a partir de tubérculos locales, también disponibles en otras partes de la región, se están utilizando sobre todo en la elaboración de postres.
A falta de opciones más saludables, lo importante es el potencial que encierran muchos productos poco utilizados, a los que se puede agregar valor y dirigir la demanda, indica Ann-Marie, directiva de una corporación pública para el desarrollo agrícola.
Para la coordinadora regional de proyectos de la FAO, Vermaran Extavour, el hecho de "reemplazar un producto con el que el consumidor ya está familiarizado por otro local" genera oportunidades para crecer, innovar y sumar nuevas fuerzas.
"Queremos que se consuman más productos locales, pero necesitamos entender mejor el mercado para lograr sistemas alimentarios sostenibles", afirma.
En la tarea de reducir las pérdidas de alimentos y la factura del exterior, abultada por la carne, los cereales y los lácteos, en los próximos meses se estudiará en Barbados una nueva composición de piensos para pequeños rumiantes como ovejas y cabras.
Más del 70 % de lo que cuesta producir ese ganado procede de forrajes importados, muchos de ellos con maíz y soja.
Con recursos locales como los morales o las pieles y cáscaras de la yuca, se pretende lograr un concentrado más barato que permita mejorar la producción y obtener más ingresos, apunta John Vaughan, gestor de una granja del Ministerio de Agricultura.
La carne, procedente sobre todo de Nueva Zelanda y Australia, se vende a un precio muy alto en la isla, por lo que las autoridades buscan que el dinero se quede, a ser posible, entre los productores barbadenses.
Hasta un 75 % del poder adquisitivo de los hogares en el país se destina a la alimentación, sin que ni siquiera sea de calidad.
El consumo de productos ricos en grasas, azúcares y sal -solo hay que entrar en un supermercado para ver todo lo que predominan- ha contribuido a los altos índices de obesidad en Barbados (el 27 % de los adultos en 2014, por encima del 21 % de media en el Caribe).
Y si las reservas de moneda extranjera se resienten, también lo hace la salud de la población en un país donde enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes o el cáncer también están a la orden del día.
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