El "mini-PDVSA" de Betancourt: la llave de Washington para abrir Venezuela al capital internacional
NABEP se perfila como el vehículo a través del cual fondos y petroleras podrán entrar en el crudo venezolano, en un momento en que las grandes compañías siguen dudando
Venezuela tiene el petróleo, Estados Unidos tiene el interés y los inversores tienen el capital. Lo que faltaba era un vehículo capaz de unir las tres piezas. Washington cree haberlo encontrado en North American Blue Energy Partners (NABEP), la compañía de Alejandro Betancourt. Según el Financial Times, la idea es que el empresario dirija una especie de “mini-PDVSA” capaz de poner en producción los 17 campos que se le han asignado a un ritmo muy superior al de la gigantesca petrolera estatal.
Una estructura pensada para atraer socios
El diseño va más allá de la explotación directa. El rotativo británico informa de que la Administración Trump contempla que parte de esos campos se abran con rapidez a compañías energéticas globales, y confía en que Betancourt desatasque una inversión que avanza más despacio de lo previsto. En la práctica, NABEP funcionaría como plataforma: aporta los derechos, el conocimiento del terreno y la interlocución con Caracas, y otros ponen capital y tecnología para acelerar la producción.
La compañía llega a esa fase con el balance saneado. Según explicó a Bloomberg, su expansión se ha sostenido hasta ahora con recursos propios, de modo que cualquier aportación de fuera servirá para acelerar sus planes. La propia empresa lo resumía así: la alianza con Washington y el dinero exterior que traiga consigo solo aceleran una trayectoria que ya llevaba.
Un socio con garantía soberana
Para un inversor, el atractivo principal es quién se sienta en el consejo. El Departamento de Defensa estadounidense es accionista de NABEP desde el acuerdo de agosto, y el pacto establece que la compañía y los yacimientos operan bajo jurisdicción estadounidense, no venezolana. Para el capital internacional, que desconfía de la seguridad jurídica en Venezuela tras décadas de expropiaciones, es una diferencia decisiva.
Las metas de la empresa dan una idea del potencial. NABEP quiere crecer con rapidez en el Lago de Maracaibo y en la Faja del Orinoco, con el objetivo de superar a corto plazo el millón de barriles diarios. Hoy produce en torno a 200.000.
Las grandes, a la espera
El reto es convencer a los gigantes del sector. Reuters ha informado de que el acuerdo despierta recelos entre algunos de los principales productores, y la Casa Blanca sigue intentando persuadir a varias de las mayores petroleras privadas del mundo para que inviertan en Venezuela. La incertidumbre política y los antecedentes del país pesan en sus consejos.
Ese es precisamente el hueco que NABEP aspira a ocupar. Mientras las multinacionales deciden, la compañía de Betancourt ya extrae crudo, ya tiene contratos y ya cuenta con el respaldo explícito de los dos gobiernos implicados. Para muchos inversores, entrar a través de un operador que ya funciona puede resultar menos arriesgado que empezar de cero.
Una apuesta de largo plazo
El horizonte de las concesiones, un siglo, convierte la operación en una apuesta de generaciones. Su éxito dependerá de que el marco político se mantenga estable y de que el capital internacional responda a la llamada. Si lo hace, NABEP podría convertirse en la principal puerta de entrada al petróleo venezolano en su nueva etapa.