La semana laboral de 4 días busca voluntarios con la resistencia de Sánchez

La semana laboral de 4 días se da de bruces contra el ninguneo del PSOE y la incomprensión de empresas y economistas. "Si fuera viable, ya estaría aplicada"

Pedro Sánchez dedicará 50 millones de euros de dinero público a un programa nacional de tres años con el objetivo de probar la semana de cuatro días laborales. Autorizará la partida aunque él mismo expulsa el proyecto de sus prioridades en política laboral.

La idea es de Más País, que persuadió al Gobierno liderado por los socialistas para implementar testimonialmente una semana laboral de 32 horas y luego evaluar el experimento.

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El líder del partido, Íñigo Errejón, espera que alrededor de 200 empresarios se registren voluntariamente para empezar en otoño con las pruebas. Por ahora, no hay datos sobre las inscripciones.

"Han pasado 100 años desde la última vez que acortamos la jornada laboral, es decir, cuando ganamos el derecho a las ocho horas", dijo Errejón en una entrevista tras lanzar la idea. 

"Hemos seguido produciendo más con menos horas de trabajo y, sin embargo, esta capacidad de producir más gracias a la tecnología no ha generado más tiempo libre para las personas".

Errejon pedía una semana laboral de cuatro días incluso antes de la pandemia de Covid-19, pero dice que ahora es más plausible en España porque la crisis ha demostrado que es posible una mayor flexibilidad en el lugar de trabajo.

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Aún así, reconoce que tiene una batalla cuesta arriba para hacer de esto algo más que un experimento. 

El PSOE se resiste a la semana laboral de cuatro días

Sánchez aceptó la prueba piloto en enero con la condición de que Más País votara a favor de su plan para el fondo de recuperación de la Unión Europea.

Desde entonces, los ministros de Sánchez y otros altos funcionarios cercanos al PSOE sostienen que una semana laboral de cuatro días no es una prioridad política.

"Lo importante no es cuántos días se trabajan, sino el equilibrio entre la vida personal y laboral", sostiene Joaquín Pérez Rey, secretario de Estado del Ministerio de Trabajo. Y "eso no se resolverá con un día menos".

La idea de una semana laboral de cuatro días se despliega en otras partes del mundo. 

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Empresas que ensayan la semana laboral de cuatro días

Unilever la ensaya en Nueva Zelanda y los legisladores japoneses discuten una propuesta para otorgar un día libre adicional. 

La empresa de tecnología alemana Awin comenzó a recortar horas la primavera pasada mientras mantenía los salarios y los beneficios. Asegura que las ventas, el compromiso de los empleados y la satisfacción del cliente aumentaron.

Sin embargo, escalar la idea a nivel nacional es más difícil. 

En Francia, todavía hay un acalorado debate sobre el impacto de una medida de hace dos décadas para reducir el tiempo de trabajo a 35 horas.

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Las patronales continúan haciendo campaña para revocar la medida que, según dicen, ha erosionado la competitividad y la productividad. Mientras, los sindicatos se aferran a ella como un bastión de los "derechos de los trabajadores" e insisten en que ha creado empleos.

Los sucesivos gobiernos franceses han buscado un término medio modificando las normas laborales sin cambiar realmente el requisito básico.

En la práctica, existen lagunas y muchas personas trabajan más de 35 horas, especialmente en el sector servicios y entre los profesionales independientes. 

España: la semana de cuatro días en un mercado laboral "disfuncional"

El desafío de España es que, desde hace décadas, la plaga del alto desempleo, baja productividad y una de las proporciones más altas de Europa de trabajadores con contratos temporales precarios campa a sus anchas.

El Banco de España califica el mercado laboral de "disfuncional".

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Según el experimento de Errejón, los profesionales obtendrán los mismos salarios a pesar de dedicar menos horas. A menos que aumenten significativamente su productividad, las empresas pagarán más a sus asalariados por hacer menos.

La financiación del Gobierno compensará a las empresas, cubriendo el coste de contratar profesionales adicionales o de instalar nuevas tecnologías. Pero la ayuda será solo temporal para facilitar "la transición".

El riesgo es que las empresas españolas, ya relativamente poco competitivas dentro de Europa, lo sean aún más. 

"Si las empresas no lo han hecho ya, es que no es viable"

María Jesús Fernández Sánchez, economista de Funcas, señala que no hay nada que impida que las empresas implementen una semana laboral de cuatro días ahora.

"Si no lo han hecho ya, sin estos fondos, probablemente signifique que no es viable", asegura. "Si esto fuera Suiza o Japón, podría funcionar perfectamente. Pero no en España".

El Gobierno sostiene que está enfocado en asegurar que los trabajadores en ERTE regresen a sus trabajos para evitar un aumento descontrolado del paro. A medio plazo, quiere reducir la proporción de contratos temporales sin especificar cómo.

Errejón, por su parte, responde al Gobierno que este ensayo proporcionará, al menos, información valiosa para los investigadores. 

Y es optimista con que su experimento puede sentar las bases para una semana de cuatro días en los sectores donde la experiencia piloto muestre que tanto las empresas como sus profesionales se benefician de la iniciativa.

La reforma laboral centrará el debate sobre empleo

"Gracias al programa piloto, hemos lanzado un debate en España", explica Errejón.

"Antes, era algo reservado para unas pocas empresas innovadoras que habían decidido implementarlo ellas mismas, pero no era un debate nacional. Ahora -a su juicio- sí lo es". 

Sin embargo, los recientes cambios en el Ejecutivo, con la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (Podemos), ascendida a vicepresidenta tercera, auguran que el debate volverá centrarse en la reforma laboral. ● Con datos de Thomas Gualtieri y Jeannette Neumann (Bloomberg News)

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