Economía y política

La vacuna del Covid no afectará a la política monetaria del BCE

Los efectos sobre la economía no llegarán hasta la última parte de 2021, por lo que no se prevén cambios antes de 2022

Lagarde

Los anuncios de Pfizer y Moderna sobre la elevada efectividad de sus vacunas contra el coronavirus han levantado una oleada de optimismo en los mercados, la clase política y la propia sociedad.

La noticia supone un halo de luz al final del túnel y surgen las preguntas sobre si las inyecciones permitirán el regreso de la tan anhelada vieja normalidad y si la economía recuperará su anterior cauce en un lapso de tiempo no muy lejano, haciendo innecesarias las políticas ultra-laxas de los bancos centrales.

Sin embargo, no se espera que los efectos de la vacuna se dejen sentir en el corto plazo en las políticas de las instituciones monetarias mundiales, según aseveran los expertos consultados.

La política monetaria dependerá de la situación de la economía real

“No creemos que vaya a haber ningún cambio. Los bancos centrales van a seguir con la misma dinámica. Porque, para que empiecen a quitar estímulos, hace falta que la economía real empiece a recoger los efectos de la inmunización de la población”, explica Ricardo Gil, responsable de asignación de activos de Trea AM.

Y eso va a llevar bastante tiempo. Para empezar, hará falta que las vacunas en desarrollo arrojen resultados definitivos (algo que se espera a final de este mes en el caso de Moderna) y que reciban la aprobación reglamentaria de las autoridades sanitarias (un proceso que será acelerado en el caso de Pfizer y Moderna en los Estados Unidos pero que, aun así, podría llevar meses).

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Una vez superados estos pasos, le llegará el turno a la fabricación, a la distribución y, por fin, a las primeras campañas de inmunización de la población, que serán progresivas, en función de la capacidad de fabricación de las farmacéuticas (que es limitada).

Es decir, que no veremos los efectos de la vacuna sobre la economía real hasta la última parte de 2021, según Gil, quien anticipa que no se producirá ningún cambio en las políticas de los bancos centrales en 2021. De producirse, estos cambios llegarán en 2022, como pronto.

“Los bancos centrales van a seguir ahí. Están en una dinámica de la que no pueden salir y, hasta que no se vea una recuperación clara de la macroeconomía, no van a cambiar nada. Y esa recuperación no la tendremos hasta la segunda parte del año que viene”, apunta Gil.

El año 2021 será de continuidad para las políticas monetarias

Por eso, 2021 vendrá con más de lo mismo: tipos negativos y programas de compras de bonos para mantener los diferenciales de la deuda periférica lo más contraídos posible, facilitando la financiación de economías machacadas por la pandemia, como la española.

“Este año cayó una bomba y todo el mundo ha reaccionado. Los gobiernos lo han hecho con más gasto público, que va a disparar la deuda y el déficit. Para evitar que eso se refleje en el mercado, los bancos centrales mantienen los ‘spreads’. Y van a seguir ahí”, asevera Gil.

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Tampoco parece que los gobiernos vayan a echar el freno de sus políticas de estímulo económico. Más bien al contrario. La UE está inmersa en la tramitación de Next Generation y se espera que el próximo Gobierno de Joe Biden en Estados Unidos retome el proyecto de reactivación económica que quedó aparcado antes de las elecciones.

De hecho, los bancos centrales han presionado a los gobiernos para que incrementen los programas de reactivación económica.

“Lagarde mantiene la misma postura desde hace tiempo y es que se necesitan más políticas fiscales en estos momentos tan cruciales porque la política fiscal es más efectiva que la monetaria para afrontar las debilidades de la demanda”, explican los expertos del banco privado suizo Julius Baer.

¿De qué depende la política de los bancos centrales?

Y es que, ¿de qué depende que la economía comience a tomar impulso, facilitando que los bancos centrales comiencen a levantar el pie del acelerador? Pues, precisamente, de la recuperación de la demanda interna.

Porque si la crisis del 2008 fue un problema bancario, en este caso lo es de demanda (que ha quedado suspendida con la irrupción del coronavirus).

“En la crisis de Lehman Brothers, la clave era la solvencia de los bancos que es la que los bancos centrales tenían que mantener a toda costa. Y, por eso, mantuvieron los precios de los activos. Ahora, los bancos no son el problema sino la solución. Son los que tienen que soltar el dinero para que la gente pida créditos. Lo de ahora es un problema de confianza. De que nadie ve visibilidad”, apostilla Gil.

En todo caso, los bancos centrales ya han tenido todo esto en cuenta (y también los plazos de desarrollo de la vacuna), por lo que hay que tomarse en serio sus declaraciones cuando anticipan que las medidas acomodaticias han llegado aquí para quedarse durante un largo periodo de tiempo.

"Aunque los bancos centrales dan la bienvenida a los resultados científicos esperanzadores, los gobernadores de la Fed, el BCE y el BoE han indicado que sus proyecciones económicas actuales y expectativas de recuperación económica ya tienen en cuenta el calendario de inmunización actualizado esta semana”, recuerda en este sentido Olivia Álvarez, analista de MONEX EUROPE.

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