Economía y política

El petróleo agita el fantasma de la deflación en los bancos centrales

La entrada del petróleo en precios negativos reaviva el fantasma de la deflación en los bancos centrales, que tienen que impulsar el crecimiento económico dañado por el coronavirus

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo

El miedo al almacenamiento del petróleo Texas, además de colocarlo en precios negativos, supondrá un “dolor de cabeza” para los Gobiernos y bancos centrales.

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Ambas insitticiones no sólo tendrán que lidiar con la crisis económica provocada por la pandemia de coronavirus, sino que deberán enfrentarse al fantasma de la deflación que supondrá estos precios negativos.

Y es que no hay que recordar que en la inflación tiene un elevado peso los precios energéticos, especialmente, los de carburante y refino.

Una caída tan brusca en el precio del petróleo podría causar una desaceleración rápida de la inflación global y algunos países pueden incluso sufrir una deflación como consecuencia de esto, señalan desde eToro.

"Como implicaciones de fondo de la fuerte caída del precio del crudo (...) no habrá que perder de vista temas como las presiones deflacionistas (que podrían dificultar la acción ultraexpansiva de los bancos centrales) y la redistribución de riqueza (de países productores a países consumidores)", advirtieron los analistas de Renta 4.

Inflación en la eurozona a la baja

De hecho, la inflación de la eurozona en marzo se situó por debajo del 1%, en concreto en el 0,7% y metió más presión al BCE, que tiene como objetivo mantener los precios en unos niveles cercanos al 2%.

Si bien es cierto que durante todo el mandato del anterior presidente del BCE, Mario Draghi, señaló que las tensiones inflacionistas provocadas por el precio del petróleo eran temporales, los actuales niveles no poder ser obviados por la nueva presidenta del BCE.

Y es que no parece que las medidas expansivas consigan aumentar los precios, a lo que se une un entorno macro muy deteriorado con caídas del PIB históricas.

De hecho, según las previsiones del FMI la economía española se desplomará un 8%, el paro se elevará por encima del 20% mientras que la Organización Internacional del Trabajo vaticina 25 millones de desempleados.

Esto provocará una caída del consumo y ese excedente que no pueden colocar se tendrá que intentar hacerlo mediante caída de precios.

La deflación muy peligrosa

La deflación puede ser peligrosa, porque genera un círculo vicioso de bajada de precios y esto hace que el consumo de la economía se estanque. Las empresas disminuyen la producción porque hay menos consumo y por tanto, se ven obligados a despedir trabajadores.

A su vez el consumo se retrae porque los clientes tienen la expectativa que los precios bajarán más y retrasan sus decisiones de compra.

Recordemos que precisamente ese fue uno de los problemas del Crack del 29, cuando el precio de las acciones cayeron con fuerza, mientras que los potenciales inversores esperaron todavía precios más bajos. 

Golpe en la cotización de los bancos

El índice Stoxx 600 Banks cae un 2.8%, siendo uno de los índices con peor desempeño en Europa, con el punto de mira puesto en la debilidad económica y los préstamos incobrables relacionados con las compañías petroleras.

Los principales bancos españoles contribuyen al declive del sector con BBVA y Santander, que caen un 3,8% cada uno, mientras que Bankinter bajaun  4,6%

A ello se une que Morgan Stanley redujo sus objetivos de precios para los bancos ibéricos al desempeñar su actividad en un país expuesto al crecimiento de los préstamos al consumo y empresas afectadas por la pandemia.

Sin olvidar que a medida que los precios del petróleo continúan cayendo, los bancos con exposición crediticia al sector del petróleo y el gas se ven presionados a la baja.

Caída del petróleo

Si la anterior crisis supuso tipos de interés negativos, en esta los precios del petróleo, concretamente el Texas, el petróleo referencia de los Estados Unidos, el que se ha colocado en negativo.

La razón es que el excedente se tiene que almacenar y ese almacenamiento conlleva un gasto que no se quiere asumir, por ese motivo, los productos pagan a los inversores para que se lleven ese excedente.

Pero esta caída también se está contagiando al resto de variedades. El barril de la OPEP cae hasta su nivel más bajo en el milenio, situándose en los 14,19 dólares. 

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Por su parte, el barril de Brent se desploma casi un 28% para la entrega en junio hasta los 20 dólares. 

Recientemente, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sus principales socios (OPEP+) acordaron rebajar su producción conjunta en 10 millones de barriles por día.

El desplome en la demanda puede sobrepasar los 20 millones de barriles diarios, lo que amenaza con inundar el mercado con un exceso de oferta que será difícil de almacenarse.

 

 

 

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