Todos contra De Guindos
El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, bajó ayer al barro para defenderse de las críticas a la[…]
El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, bajó ayer al barro para defenderse de las críticas a la legislatura del PP en un debate económico a cuatro un tanto descafeinado en el que hubo mucha bronca, pero en el que los argumentos sonaban manidos.
"Estoy dispuesto a pelearme con los tres", no dudó en decir en el punto álgido del debate De Guindos, que se quejó de que los representantes de los otros partidos hubieran formado "una especie de tripartito contra el Gobierno".
El propio De Guindos y el socialista Jordi Sevilla acapararon el mayor tiempo del debate y el mayor número de enfrentamientos, en una especie de retorno al bipartidismo que apenas interrumpieron cuando Sevilla parecía acordarse del temido "sorpasso" y le lanzaba algún dardo al líder de Unidos Podemos, Alberto Garzón.
"¿Va a usted a aclarar de una vez si el modelo que defiende es compatible o no con el euro?", le espetó Sevilla al representante de Unidos Podemos, a quien recordó su filiación comunista y el hecho de que sus compañeros de candidatura impidieran un Gobierno de cambio que podría estar ya atajando la situación de emergencia social aludida por Garzón.
"Estamos condenados a entendernos", le dijo en cambio Garzón a Sevilla, a quien pedió que "no se equivocara de adversario" y quien intentó atraer al flanco izquierdo del debate sin éxito alguno, mientras en el otro extremo del estudio el portavoz de Ciudadanos, Luis Garicano, era obviado por todos.
Sevilla, Garzón y Garicano usaron como estrategia el recordar a las personas que todavía sufren los estragos de la crisis, frente a un De Guindos que llegó a defender que "el país ha llevado a cabo el giro más impresionante que se ha dado nunca en la historia de España".
"Se va a llevar una gran sorpresa cuando deje el coche oficial y pise la calle, porque el país no es el que está pintando", le dijo Sevilla, que también hizo referencia a la historia de España y se remontó al reinado de Felipe II para poder encontrar un nivel de endeudamiento público tan elevado como el que ha dejado el PP.
De Guindos se aferró a las cifras que demuestran que la economía crece y crea empleo, y tachó de demagogo a todo aquel que no viera, al tiempo que discrepó de la metodología usada por el programa para medir la temporalidad en el mercado laboral.
Frente a sus contendientes, mostró una cierta superioridad y en un momento del debate rehusó profundizar en por qué Bruselas no está pidiendo más recortes a España, ya que tiene que ver con el déficit estructural y "no se va a entender".
Garicano fue el más prudente en las formas. Solo sacó los pies del tiesto cuando le echó en cara a De Guindos que la crisis fue desencadenada por el agujero de unas cajas de ahorros politizadas y mal gestionadas, si bien después no dudó en ponerse del lado del ministro en funciones para criticar el modelo económico de Podemos.